Las pensiones necesitan más diálogo y compromiso y menos demagogia

Es preocupante que los grandes partidos gasten sus fuerzas en proponer subidas de las prestaciones en vez de emplearlas en negociar cómo garantizarlas

El Secretario General del PSOE Pedro Sánchez, durante la reunión de la Comisión Permanente del partido socialista, en la sede de Ferraz.
El Secretario General del PSOE Pedro Sánchez, durante la reunión de la Comisión Permanente del partido socialista, en la sede de Ferraz.

El único colectivo que ha mantenido paciente pasividad durante toda la crisis, los pensionistas, se ha echado a la calle. El único grupo social al que el Gobierno había preservado de las cornadas de la recesión y de los riesgos de quiebra del Estado, ha levantado la voz. El único agente socioeconómico que ha mantenido su poder de compra, aunque en absoluto lo ha incrementado reclama su cuota en el reparto de la recuperación. En una operación de marketing político iniciada por los sindicatos ante su decreciente protagonismo entre los activos, los pensionistas han vuelto a la calle para reclamar que la subida de las pensiones no se limite al simple 0,25%. Pero los partidos políticos han agarrado la oportunidad para lanzar una operación de indisimulado sesgo electoral, a la que ha entrado el Gobierno con contrapropuestas difíciles de defender, como una supuesta desgravación fiscal a partir de determinada edad.

El Partido Socialista, que ha colocado al colectivo pensionista en el centro de la movilización con mítines de su secretario general por toda España, aprovecha el oleaje para reclamar en el Congreso una subida de 1,6% de las cuantías de las pensiones. Supónese que se financiaría con un impuesto a la banca por transacciones financieras o de nuevo cuño para pagar pensiones. Si un asunto tan monumental se arregla con una subida del 1,6% o una desgravación fiscal no universal, no es tan monumental como se ha pintado.

Pero lo preocupante es que los grandes partidos gasten sus fuerzas y utilicen a los mayores en tales cuestiones, en vez de gastarlas en negociar, en el Pacto de Toledo o fuera de él, cómo se garantizan las pensiones en el futuro, puesto que su viabilidad financiera está cogida con alfileres. La Seguridad Social tiene un déficit anual de cerca de 20.000 millones de euros, y es creciente, sin que nadie haya dicho ni media palabra de cómo enjugar ese desfase o pagar la extra de junio, si no es emitiendo deuda para que la paguen nuestros deudos.

Tras resolver este asunto, que exige más compromiso y visión de Estado por parte de todos y menos demagogia, podemos discutir si las pensiones son dignas o no. Primero salvar las pensiones y después hablar de sus cuantías. Vaya por delante que son equiparables a las de cualquier país europeo; que la Seguridad Social proporciona más retorno sobre el último sueldo que ningún otro país en la OCDE; que más de tres millones de pensionistas cobran bastante más de lo que han financiado. Y que será mejor empezar por el cimiento de las pensiones, que no es otro que los salarios. Discutir sobre sus cuantías y su sostenibilidad sí es pertinente. Resuelto eso, resueltas las pensiones. Todo lo demás es demagogia o política, que muchas veces coincide.

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