Los riesgos están claros: ahora toca combatirlos

La ciberseguridad, los eventos climáticos y el empleo precario están a la cabeza de la lista

Asistentes al Foro de Davos aguardan el inicio del discurso de Donald Trump el pasado mes de enero.
Asistentes al Foro de Davos aguardan el inicio del discurso de Donald Trump el pasado mes de enero.

Imaginen conducir por una carretera secundaria junto a la costa. Tras un tramo de línea recta observan a lo lejos una curva cerrada que bordea un precioso acantilado. Como experimentados conductores anticipan la situación y, con un suave giro, a la velocidad adecuada, superan la curva y siguen disfrutando del paisaje.

En su última reunión en Davos (Suiza), las personas que se sientan al volante de los países, grandes empresas y organizaciones más influyentes del mundo apelaban a la urgente necesidad de trabajar juntos ante la magnitud de los retos que afronta el planeta o, dicho de otra forma, si seremos capaces de ir trazando las curvas a la velocidad adecuada para evitar el riesgo de caer por el acantilado. El motivo, la reunión del Foro Económico Mundial, organizada bajo el lema Crear un futuro compartido en un mundo fracturado.

¿Y cuáles son los principales riesgos que afrontamos en los próximos años en la carretera por la que circula el mundo? El Informe de Riesgos Globales 2018 ha presentado una clasificación de los grandes retos ambientales, económicos, sociales, tecnológicos y de gobierno de las instituciones, de los que en gran medida depende nuestro futuro.

Cinco de los siete principales riesgos, tanto por probabilidad de que sucedan como por el impacto que supondrían en nuestra forma de vida, tienen que ver con aspectos ambientales y específicamente relacionados con el cambio climático. A la cabeza se sitúan los eventos climáticos extremos que en 2017 batieron records en cuanto a intensidad y repercusión. Como muestra, los huracanes Harvey, Irma y Maria que han tenido lamentablemente un impacto apreciable tanto en pérdida de vidas humanas como económicamente para los países y personas que lo sufrieron. 2015, 2016 y 2017 han sido los tres años más calurosos de la historia y confirman una tendencia de calentamiento global que está incidiendo en la proliferación de desastres naturales con cifras record de incendios forestales. Un alza de temperaturas que genera un impacto negativo en la agricultura de los países más vulnerables, afectando a su sistema de alimentación e intensificando las migraciones involuntarias en el mundo. Pérdida de biodiversidad a la que acompañan niveles intolerables de residuos de plástico en los océanos, el impacto de la contaminación del aire en la salud o las crisis de acceso al agua forman parte también de los riesgos descritos.

Entre los riesgos globales se cuela la ciberseguridad. Los ataques a empresas, como Wannacry, se han duplicado en los últimos cinco años generando cientos de millones de euros en pérdidas. Por último, un riesgo destacado es la creciente desigualdad reflejada en los retos del desempleo y el empleo precario.

La identificación en Davos de los riesgos a los que nos enfrentamos, muestran que el diagnóstico está realizado. Quizá las generaciones anteriores no sabían la dimensión, por ejemplo, del impacto del cambio climático, pero nosotros sí podemos ver desde lejos la curva y saber que, si tratamos de girar en el último momento, si tratamos de cambiar nuestro modelo económico hacia la sostenibilidad cuando ya no haya solución, podemos acabar rodando por el precipicio.

La magnitud y complejidad de los desafíos hacen necesario fortalecer la colaboración para poder generar un cambio. Es cierto que no ayuda la ola de proteccionismo, nacionalismo y populismo que retrasa la agenda global de los retos fundamentales. Pero también lo es que tienen más apoyo que nunca los movimientos que promueven la sostenibilidad y la responsabilidad social como la Agenda 2030, con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), o el Acuerdo de París, que están sentando las bases para la respuesta de los países.

Hay que asumir que los estados y los ciudadanos no podremos abordar solos una agenda tan ambiciosa y, en este contexto, las empresas se perfilan como un aliado fundamental para favorecer una respuesta. Estas no solo tienen un papel decisivo, sino que tienen la oportunidad de construir un propósito ambicioso y generar productos y servicios capaces de generar la solución de gran parte de estos retos. Además, tienen la responsabilidad de contribuir positivamente mejorando el impacto de sus procesos de producción y asegurando un futuro a los jóvenes con la creación de empleo partiendo de unas condiciones dignas.

Hoy conocemos dónde están los riesgos, dónde está la siguiente curva y las nefastas consecuencias que trae consigo el no trazarla adecuadamente. Exijamos un liderazgo responsable a las personas que se encuentren en el asiento del conductor.

Germán Granda es Director General de Forética

 

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