El acuerdo con Japón alegra al vino y textil, pero decepciona al aceite y calzado

El pacto no resuelve una traba fitosanitaria clave para la industria del olivo

La liberalización completa tardará 10 años para los exportadores de zapatos

Exportaciones españolas a Japón
Getty Images

En tiempos de brexit y proteccionismo estadounidense, los tratados de libre comercio firmados por la Unión Europea con Canadá y Japón suponen una oportunidad para las pymes españolas interesadas en ampliar sus exportaciones más allá de la zona euro y América Latina. Pero no hay acuerdo perfecto y el cerrado por Bruselas y Tokio en diciembre pasado beneficiará más a unos sectores que a otros.

El texto todavía debe de ser ratificado por la Eurocámara y los Parlamentos de los 28 países comunitarios, pero si se cumplen las previsiones, entrará en vigor entre enero y mayo de 2019. En Madrid, el Club de Exportadores, que acoge tanto a grandes empresas como a pymes, celebra la iniciativa porque suprimirá barreras de entrada al tercer mercado de consumidores más grande del mundo y el quinto en importación de mercancías.

Antonio Bonet, presidente del Club, argumenta que el tratado eliminará la gran mayoría de tarifas que encarecen entre un 10% y un 30% la entrada de bienes al mercado nipón. “De hecho, se prevé la supresión de la práctica totalidad de los 1.000 millones de euros en aranceles que cada año vienen pagando las compañías europeas, lo que abrirá la puerta a nuestros productos a un mercado con alto poder adquisitivo, que valora la calidad, la innovación y el diseño, atributos todos ellos de la industria comunitaria”, defiende.

La renta per cápita de Japón es de 31.600 euros, casi 9.000 euros más alta que la de España, según datos del Banco Mundial.

Bonet precisa que son muchos los sectores que se pueden beneficiar del acuerdo, desde maquinaria eléctrica y aparatos médicos hasta muebles y juguetes, “si bien es cierto que algunas industrias son complicadas porque requieren presencia local y una adaptación muy profunda al mercado”.

Las bodegas y los confeccionistas de ropa europeos dejarán de pagar aranceles desde el primer día

Hemos hablado con los representantes de cuatro de ellas, cuyo tejido industrial está conformado principalmente por pymes –vino, aceite de oliva, zapatos y ropa–, para conocer sus expectativas ante el tratado y hemos encontrado que estas varían dependiendo de si el documento cumple con suavizar barreras arancelarias, no arancelarias o una combinación de ambas.

Para las bodegas, Japón es el segundo mercado más importante de Asia, después de China. Entre enero y octubre de 2017 se exportaron 77,8 millones de euros, un aumento del 5,8% frente al mismo periodo del año anterior. La preferencia del importador japonés por el vino envasado antes que a granel ha contribuido también a que el precio medio sea alto y se sitúe en 2,20 euros por litro, el doble que aquí.

Actualmente, los vinos tranquilos europeos pagan en Japón un arancel del 15%, aunque este no puede ser menor de 67 yenes (0,5 euros) por litro ni mayor de 125 (0,9 euros); mientras que los espumosos como el cava pagan una tarifa fija de 182 yenes por litro, y el jerez y oporto, otra de 112 yenes. Con el acuerdo, estas tasas quedarán reducidas a cero de manera inmediata. Esta ventaja no es muy común en los tratados de libre comercio que, normalmente, fijan plazos de desgravación gradual, pero que en el caso de Japón se justifica porque la producción local es escasa.

En ese sentido, la Federación Española del Vino (FEV) valora el acuerdo como positivo porque pondrá a las bodegas europeas en igualdad de condiciones frente a sus rivales chilenas y australianas, que lideran el mercado gracias a que cuentan con acuerdos similares desde hace muchos años.

José Luis Benítez, director general de la FEV, destaca otros dos aspectos: el reconocimiento por parte de Japón de 250 indicaciones geográficas europeas, de las que 22 corresponden a vinos españoles –“no significa que no vayan a incorporarse más, pero para empezar están todas las importantes: Rioja, Ribera del Duero...”–, y la aceptación de 28 prácticas enológicas autorizadas por la UE –“por ejemplo, el uso de ciertas enzimas para favorecer la fermentación de la uva”–, de las cuales 11 serán admitidas de inmediato y el resto, en cinco años.

Para los productores de aceite de oliva, en cambio, la incidencia del acuerdo será mínima porque nunca han estado sujetos al pago de ningún arancel (Japón no es país productor) y la única barrera que encarece sus envíos no ha sido resuelta por el tratado: la falta de una armonización de las legislaciones sobre el uso de pesticidas. “Son muy exigentes y su normativa es diferente a la europea”, dice Rafael Pico de Lapuente, director de Asoliva. “Es un tema que nos hubiera gustado que se abordara mucho mejor”, subraya.

Pese a este obstáculo fitosanitario, España lidera el mercado japonés de aceite de oliva. Según datos de Asoliva basados en estadísticas de las aduanas niponas, entre enero y octubre de 2017, sin incluir aceite de orujo, el volumen exportado ascendió a 124,5 millones, casi tantos como los de todo 2016. Japón representa el sexto destino más grande del sector y el segundo fuera de la UE (el primero es EE UU).

Un portavoz de Deoleo, el mayor comercializador de aceite de oliva de España, confirma que el acuerdo no supondrá una ventaja para el sector, en la medida que no relajará el control de pesticidas, pero asegura que la empresa conoce perfectamente la normativa de cada país y, en todos los casos, va más allá de estas, cumpliendo con holgura los requisitos exigidos. El grupo exporta a Japón principalmente las marcas de gama alta Bertolli y Carapelli.  

El reclamo de la industria aceitera refleja uno de los enigmas que Bruselas ha intentado resolver con este tratado: en general, los aranceles japoneses ya eran bajos antes del acuerdo y en algunos casos, como el del aceite, inexistentes; sin embargo, los intercambios comerciales entre ambas potencias han estado siempre por debajo de su potencial, considerando el tamaño de sus economías.

En un estudio preparatorio de las negociaciones publicado en 2009, la Comisión Europea identificó que las principales barreras eran no arancelarias: trámites aduaneros, evaluación de cumplimiento de normas técnicas, impuestos nacionales, falta de cooperación científica y así hasta 194 problemas que afectan a diferentes sectores.

¿Cumple el acuerdo con romper todos estos obstáculos? “Se han aplicado muchísimas medidas no arancelarias que en algunos sectores serán más o menos importantes”, dice Jorge Lasheras, presidente del Círculo Empresarial Japón-España. Entre ellas cita la eliminación de la obligación de certificar los vehículos europeos, la abolición de un complicado sistema de notificaciones para el sector farmacéutico, sanitario y cosmético, y la consideración de las cervezas como tales en lugar de refrescos de alcohol.

Calzado y textil

Feria de calzado en Japón
Exhibición de calzado español en Tokio durante una feria el pasado julio. Shoes from Spain

El acuerdo desaparecerá por completo los aranceles para ropa y productos textiles, que actualmente oscilan entre el 4,4% y 12,8% (aunque la media es de 9,2%), mientras que lo rebajará del 30% al 21% para el calzado y los artículos de cuero (como los bolsos), que deberán esperar 10 años para obtener la liberalización total. Debido a esto, la Federación de Industrias del Calzado Español (FICE) considera que el resultado final de las negociaciones “ha quedado muy por debajo de las expectativas de la industria europea”.

No obstante, califica de “un gran avance” la eliminación del sistema de contingentes, que fija una cuota de 12 millones de pares para el calzado procedente de todos los países miembros de la Organización Mundial de Comercio, incluyendo España. Tokio cobra a este contingente una tarifa de entre el 17,3% y el 24%.

A los zapatos de cuero importados fuera de esta cuota les aplica un arancel que puede llegar al 30%. Por eso, al dejar este sistema sin efecto, “el calzado de piel será el más favorecido por el acuerdo, ya que actualmente es el más gravado”, resaltan desde FICE.

Entre enero y octubre de 2017, España exportó al archipiélago nipón 160,5 millones de euros en prendas y complementos de vestir de punto, y otros 30,8 millones en calzado.

Ángel Asensio Laguna, presidente de Fedecon, la federación de confeccionistas, pone de relieve que el tratado ha solucionado muchas trabas no arancelarias que preocupaban al sector. Así, por ejemplo, destaca que “ya no será necesario cambiar las etiquetas en cada prenda enviada a Japón”, porque este reconoce el sistema internacional de etiquetado, que es similar al de la UE.

Facilidades para operar

Índice. CaixaBank publica todos los años el Índice CaixaBank para la Internacionalización Empresarial (ICIE), que valora y compara los puntos fuertes y débiles de 67 países desde la perspectiva de las empresas españolas que operan en ellos. En la edición 2017, Japón es el segundo mercado más atractivo del sudeste asiático y Pacífico (puesto 19 de la clasificación mundial), con 67 puntos, por debajo de China (puesto 15), con 70. Le siguen Corea del Sur (66), Australia (63), Hong Kong (60), India (51), Singapur (51), Malasia (45), Tailandia (40) e Indonesia (33).

Fortalezas. Japón supera a la media de su región en las cinco variables analizadas por el índice: entorno financiero (88,1 puntos), poder adquisitivo (80,1), estabilidad institucional y macroeconómica (58,6), accesibilidad (50,9) y facilidad para operar (41,2). La razón principal por la que este último aspecto recibe la puntuación más baja son las menores relaciones de inversión entre España y Japón, señala Claudia Canals, economista de CaixaBank Research. En menor medida, influyen también los tipos impositivos corporativos, más altos que en otros países desarrollados, mantiene. No obstante, la investigadora espera que el acuerdo contribuya a mejorar este aspecto.

Diferencias culturales. Desde FICE recuerdan que las barreras culturales también son considerables. “La forma de hacer negocios de los japoneses es más lenta, con el fin de garantizarse la calidad de sus proveedores”, precisan. Además, dado su marcado sentido del respeto, “no entienden la falta de comunicación ni los retrasos que, en ambos casos, pueden darse por causas ajenas a su proveedor”, advierten. Igualmente, apuntan que “no todos hablan inglés, pero incluso si lo hacen, siguen prefiriendo la comunicación en japonés”.

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