El presidente de la FCC, Ajit Pai.
El presidente de la FCC, Ajit Pai. AP

El fin de la neutralidad de la red en EE UU abre una polémica global

Europa, contraria a las tesis norteamericanas

La decisión de EE UU bajo la presidencia de Donald Trump de cambiar su marco regulatorio y poner fin a la denominada neutralidad de la red ha abierto una polémica global sobre el impacto de sus efectos. De momento, distintas fuentes coinciden en que las telecos estadounidenses, especialmente AT&T y Verizon, serán las grandes favorecidas, puesto que se ha abierto la vía para que puedan cobrar en función de los distintos tipos de tráfico de datos.

Frente a esta situación, las compañías de internet podrían verse obligadas a firmar acuerdos con las telecos para obtener un acceso de calidad a las redes. Ahora bien, para los grandes grupos no sería, en principio, un gran problema. Y es que empresas como Apple, Google, Amazon, Facebook o Netflix disponen de una gran capacidad de generación de caja.

El problema puede ser para las empresas más pequeñas del mundo de internet, que no disponen de los mismos recursos para poder contratar conexiones de red de calidad con la que distribuir sus contenidos. Es decir, la competencia corre el riesgo de verse penalizada. “Los principales damnificados serán los consumidores y las pequeñas empresas, sin muchos recursos”, señalan algunas startups consultadas.

Otra de las cuestiones abiertas es si esta tendencia puede extenderse a Europa. Fuentes del sector insisten en que el movimiento que ha tenido lugar en EE UU es complicado que, por el momento, se repita en el Viejo Continente. Y es que, para empezar, se tendrían que poner de acuerdo todos los países. El cambio tardaría en llegar. “La Unión Europea va en una dirección que no es la de EE UU ni mucho menos. No hay esa mentalidad”, dicen fuentes del sector, recordando que al menos hasta 2019, cuando se renueve la Comisión Europea, no habrá cambios.

De todas formas, se oyen voces críticas. Quienes defienden la neutralidad de la red, no solo en EE UU sino en todo el mundo, recuerdan que no todo está aún perdido. “Existe la posibilidad de que el activismo ciudadano, muy activo, sea capaz de torcer la disciplina parlamentaria y que el trámite no pase la aprobación de la cámara”, señala Enrique Dans, profesor de tecnología del IE Business School. En opinión de este experto, queda una última carta por quemar en EE UU: que algunos parlamentarios decidan votar en contra si se desencadena una Congressional Review Act (CRA), “en la que el escaso margen de mayoría que los republicanos tienen en la cámara podría llevar a que la reforma fuese rechazada”.

Dans resume en su blog el sentir de muchos defensores de la neutralidad de la red que fuera de EE UU. “La sensación que estamos viviendo es la de ser testigos mudos de una batalla en la que no podemos intervenir, pese a que sabemos que se juegan cosas importantes para nosotros”, señala, al tiempo que avanza lo que muchas empresas y ciudadanos temen: Si la reforma triunfa, al principio no pasará apenas nada. “Las empresas de telecomunicaciones saben que no les interesa ningún escándalo más de los que ya han protagonizado. Durante un tiempo, simplemente se dejará de hablar del tema. Después, cuando el escándalo político se dé por amortizado, empezaremos a ver ofertas, cada vez más agresivas, que incluirán aquellos servicios que los usuarios utilizan de manera más habitual”.

Según este profesor, una parte de esto ya se está viendo y era legal, incluso en Europa. Se refiere a ofertas de las telecos que excluyen el tráfico de WhatsApp, de Facebook o de otros servicios de la cuenta de ancho de banda disponible. “Pocos se darán cuenta, pero la innovación en la red habrá oficialmente desaparecido como tal, porque las posibilidades de crear algo de manera independiente y de que crezca por su valía habrán desaparecido: sin un acuerdo con una operadora, no se podrá llegar a los usuarios”. En su opinión, se convertirá en normal que esas operadoras, si no quieren llegar a ningún acuerdo, se dediquen a crear sus propios servicios y a ofrecerlos gratis “para ahogar las posibilidades de las compañías que no estén bajo su control o incluidas en sus acuerdos”.

De esto mismo alertan varios pioneros de internet como Vinton Cerf, Steve Wozniak y Tim Berners-Lee, que hace unos días firmaron junto a otras 18 personalidades de la red una carta abierta pidiendo que se salvara la neutralidad de la red. El creador de la World Wide Web era igualmente muy directo en un artículo reciente: “Si se derogan las reglas de neutralidad de red de los EE UU, los innovadores futuros deberán negociar primero con cada ISP para convertir su nuevo producto en un paquete de internet. Eso significa que no habrá más espacio sin permiso para la innovación. Los ISP tendrán el poder de decidir a qué sitios web se puede acceder y a qué velocidad se cargarán. En otras palabras, podrán decidir qué empresas tienen éxito en línea, qué voces se escucharán y cuáles se silenciarán”.

Ante este previsible escenario, que según Berners-Lee hace que internet copie el viejo modelo de televisión por cable de EE UU donde las mismas empresas controlan los cables y el contenido, los defensores de la neutralidad de la red reclaman algo que resumen bien el padre de la WWW, que quiere un internet donde las empresas de contenido crezcan por su calidad o donde los consumidores decidan qué sucede en línea y no por pagar para viajar por un carril rápido. “Las telecos”, resume, “deben enfocarse en proporcionar la mejor conectividad”.

De todas formas, otras fuentes del sector apuntan que el escenario es más peligroso en EE UU de lo que sería en Europa, puesto que en muchos territorios del país norteamericano solo hay dos ofertas en la banda ancha fija, la de la teleco y la de la operadora de cable. En el Viejo Continente, donde hay un mínimo de cuatro operadoras, es mucho más complicada una posible concertación entre las empresas.

En este debate, también hay quien vuelve a defender que las telecos puedan cobrar a quienes hacen un uso muy amplio de las redes como vía para poder rentabilizar las fuertes inversiones realizadas en el despliegue de las infraestructuras. “Se asegura que las grandes empresas de internet contribuyan a financiar las redes, que son unas infraestructuras estratégicas”, dicen.

En estas circunstancias, las telecos europeas no quieren manifestarse de forma oficial sobre las decisiones en EE UU en torno a la neutralidad de la red, asegurando que es una cuestión del país norteamericano, que además tiene una gran carga política. Fuentes de las operadoras apoyan el actual marco jurídico existente en el Viejo Continente, basado en el respeto al principio de no discriminación en las redes.

Otras fuentes precisan que sería necesario que se pudieran diferenciar algunos servicios, para asegurar operaciones críticas. De igual forma, piden que, de cara a futuros cambios legales, se pudiese incluir la posibilidad de establecer acuerdos comerciales.

Este marco establece que en cada país debe implantar un organismo al que las telecos deben dirigirse para plantear cuestiones sobre la neutralidad de la red. “Al desarrollar determinados servicios que necesitan determinadas condiciones, si hay dudas sobre el cumplimiento de los principios de neutralidad de la red, las operadoras se dirigen a este organismo”, indican fuentes del sector, que advierten de que, de no hacerlo, se corre el riesgo de que alguien pueda presentar una denuncia. Estas fuentes señalan que no hay un listado exhaustivo de las cosas que no se pueden hacer, porque el mercado va cambiando continuamente. En el caso de España, el organismo competente sobre las decisiones en torno a la neutralidad de la red es la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información.

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