Alberto Doblaré: “Hay que dejar al investigador que haga su trabajo”

La empresa nació hace cinco años en la Universidad de Zaragoza

Ha recibido el Premio Cinco Días a la mejor propuesta innovadora ligada a la universidad

BEOnChip
Alberto Doblaré, director de BEOnChip

La creación de dispositivos microfluídicos para cultivo celular en ambiente biomimético es la base de la empresa zaragozana BEOnChip, que recibió esta semana el premio a la propuesta innovadora ligada a la universidad, concedido por CincoDías. Del área de innovación, cuyo germen nació hace cinco años por parte de un equipo de investigadores, se ocupa Rosa Monge, ingeniera industrial con experiencia en desarrollo de dispositivos microfluídicos para cultivo celular mediante el uso de microtecnologías. De la gestión de la compañía, en su segundo año de vida, que cuenta con una facturación de 100.000 euros y que este año prevé duplicar esta cifra, se encarga Alberto Doblaré, zaragozano de 32 años. Licenciado en Ciencias Empresariales, se incorporó a BEOnChip hace tres meses, con el fin de darle una vertiente más comercial a la estrategia investigadora.

¿Cómo nace la idea de esta empresa?

Todo surge cuando Rosa Monge hace su tesis doctoral en la Universidad de Zaragoza, buscando la mejor manera de facilitar el trabajo del investigador en cultivo celular con chips. En febrero de 2016 nace como spin-off de la universidad, ya que tiene numerosas posibilidades y viene a cubrir una serie de carencias anteriores, relacionadas con el diseño, fabricación y validación de dispositivos microfluídicos desechables para el uso masivo en grupos de investigación, y con vocación de extenderlo a la práctica clínica general.

¿En qué momento se decide que se puede desarrollar comercialmente la investigación llevada a cabo?

Existía demanda de productos y de conocimiento, en cuanto a la investigación y desarrollo del órgano del cuerpo humano en un chip. Se vio que había grupos de investigadores interesados que, por ejemplo, están trabajando en un tumor y les gusta tratarlo con nosotros. Lo que hacemos es buscar soluciones a los problemas de un investigador. Hasta ahora se trabajaba con placas de petri o con ensayos en animales, el cultivo tradicional no introduce, por ejemplo, estímulos del cuerpo humano, como la sangre o los nutrientes. En países como Holanda se prevé que en diez años se acabe con la experimentación animal.

¿Es fluida la relación entre las empresas y la investigación universitaria?

Estamos en Ceminem SpinUP, un centro mixto de empresas que han salido de la universidad, donde tenemos mentores y apoyo. La Universidad de Zaragoza apuesta para que los investigadores emprendan. En otros países se apuesta por la innovación mucho más que en España.

El concepto órgano chip es reciente y, en ese sentido, estamos bien posicionados a nivel europeo

¿Cómo hace para que conviva la innovación con la gestión empresarial?

Es el reto precisamente de la empresa. Se ha profesionalizado en los últimos meses, incorporando a gente especializada en cada área, de manera que el investigador pueda dedicarse a lo que sabe, que es investigar. Adaptarte a una compañía de innovación es igual de complicado que en cualquier otro sector, lo que hay que hacer es gestionar equipos, proyectos... Para nosotros es una apuesta interesante, con una oportunidad de negocio a medio plazo.
La gestión empresarial requiere de resultados a corto y medio plazo. En cambio, un trabajo de investigación requiere de tiempo, se ha de tener una visión de largo recorrido. Ese es el objetivo, vender productos en masa para generar recursos y poder seguir investigando. Somos una empresa que ha de conseguir resultados y que trabaja con grupos de investigación que tiene unos plazos. Se trata de un cambio de mentalidad con el fin de conjugar las dos partes, la creatividad de los grupos de investigación y los planes de la compañía con planes de desarrollo más concretos. Nuestra financiación procede de recursos propios, además de una ayuda de la Unión Europea a dos proyectos nuestros que nos permite seguir avanzando.

¿Qué recorrido tiene en el futuro BEOnChip?

Se trata de un sector que está en fase de definición, con varios proyectos en marcha. Nuestra empresa puede crecer mucho, ya que no hay referencia en el sector. El concepto de organ on a chip es reciente y, en este sentido, estamos bien posicionados en proyectos de investigación a nivel europeo. El sector va a reventar y nosotros somos una referencia.

¿Tienen competencia?

Existen grupos de investigación que intentan desarrollar su chip, pero no creo que en España haya ninguna empresa como tal. Es un mercado en auge, y no hay nadie que desarrolle ni haga lo que nosotros hacemos. Buscamos soluciones a los problemas. Apostamos para que el entorno sea biomimético, que se parezca al cuerpo humano.

Dos de las empresas premiadas en esta edición, ustedes y Libelium, proceden de Zaragoza, ¿hay un caldo de cultivo innovador en esta región?

Recientemente, estuve en una entrega de premios de innovación en Aragón y me llevé una grata sorpresa de las ideas que se están desarrollando. Se apuesta para que salgan nuevas empresas. En Aragón hay buena salud en innovación.

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