Algo más que el efecto Cataluña en la actividad económica

El escenario que diseña el Gobierno para 2018 es notablemente menos ge- neroso que el de este año

El Gobierno ha enviado a Bruselas un plan presupuestario para 2018 política y económicamente condicionado por el conflicto abierto en Cataluña. Maneja una prórroga presupuestaria, que se solventará cuando la situación parlamentaria lo permita, y revisa a la baja el crecimiento económico y del empleo, así como al alza el saldo fiscal. No tiene proporciones dramáticas la modificación del crecimiento ni del déficit, aunque tendrá un efecto concreto sobre las cuentas de determinadas empresas y el empleo de miles de personas que no debe ser nunca despreciado. El Gobierno recoge únicamente la incertidumbre generada hasta ahora, con un recorte del crecimiento estimado para la economía de tres décimas (del 2,6% previsto antes al 2,3% de ahora), un déficit del 2,3% frente a un 2,2% pretendido y una tasa de paro una décima más elevada de lo inicialmente estimado. Una incertidumbre cuantificada cuando únicamente se han contraído las reservas turísticas en Cataluña y seguramente determinados proyectos de inversión que están en suspenso. Pero de cuánto tiempo permanezca la incertidumbre dependerá el daño real sobre la actividad y su recomposición ulterior.

En ningún caso se elaboran escenarios catastróficos como los que se desprenderían de una independencia explícita de Cataluña, que la obligaría a abandonar el euro, y que con una hipotética recesión arrastraría a la misma suerte a España. Pero llama la atención que el escenario que diseña el Gobierno para 2018 es sensiblemente menos generoso que el de este año en todas sus variables, con una pérdida de pulso importante que elimina el diferencial favorable que sobre la zona euro ha mantenido la economía en estos últimos años.

Ese aplanamiento del crecimiento tendrá una réplica en la generación de empleo, que puede ser más intensa si la generación de productividad se intensifica, limitando las opciones de volver a los niveles de ocupación previos a la crisis. Y eso solo se combate con nuevas reformas de los mercados de bienes, servicios y factores y con un mayor grado de activismo inversor del presupuesto público, una vez estabilizadas las cuentas, con déficits inferiores al crecimiento real de la economía.

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