En la Bolsa americana, son tiempos para guardar la ropa

Desde 2009, los índices de Bolsa de EE UU van camino de cuadruplicar su valor

Inversión

Los mercados bursátiles y de renta fija de riesgo, con altos rendimientos/cupones y que suelen tener una correlación alta con las Bolsas, han disfrutado de un excelente desempeño en los últimos ocho años cuando empezaba lo que está resultando ser uno de los mercados alcistas más largos de la historia. Justo hace una década (un año y medio antes), se iniciaba uno de los mercados bajistas más intensos de la historia bursátil, incluso algo superior al del periodo 2001-2002 asociado a la burbuja tecnológica y solo superado por el de los años 30, asociado a la Gran Depresión. Las caídas de los principales índices bursátiles rondaron el 50%-60% y los precios de los bonos de alto rendimiento se desplomaron más de un 30%.

Desde aquellos mínimos de la primavera del 2009 existen índices de Bolsa como los norteamericanos que van camino de cuadruplicar su valor. Los bonos de riesgo han seguido una senda paralela marcada además por niveles de volatilidad muy bajos durante buena parte del recorrido. En el caso europeo, los desempeños bursátiles (que no de los bonos de riesgo) han sido menos espectaculares. Dicho esto, el recorrido no ha sido despreciable habiéndose doblado en poco más de ocho años y sin incluir unos jugosos dividendos que se han cobrado por el camino.

Uno pudiera aducir que los niveles alcanzados a principios de 2009 en medio de la debacle bursátil estaban particularmente deprimidos y que descontaban una especie de “fin del mundo” que no se iba a producir. Se trata de un argumento plausible ya que quedaría validado por diferentes métricas que señalaban que desde un punto de vista histórico se había alcanzado un nivel de infravaloración destacado, aunque al mismo tiempo es importante señalar que no mayor que el registrado en varias ocasiones durante los más de 130 años de historia bursátil norteamericana. Sin embargo, existe una diferencia clave en el presente mercado alcista respecto a otros que se iniciaban tras tocar niveles claros de infravaloración. En estos se iniciaban recuperaciones cíclicas de las economías bastante vigorosas, unidas a destacados aumentos de las cifras de negocio y de los beneficios de las compañías cotizadas en Bolsa. Sin embargo, en el presente el desempeño económico y empresarial han sido mucho más modestos.

El resultado lógico al poner juntos precios disparados y crecimientos de beneficios modestos es carestía en los precios. Existen numerosas métricas para analizar la situación pero me gustaría señalarles una que pone en contexto histórico dónde nos encontraríamos en el caso de los principales índices norteamericanos, que recordemos pesan el 50% de la Bolsa mundial y a cuya tendencia ningún otro índice bursátil, europeo o asiático, escapa. Se trata de primero dividir el precio actual del mercado por la mediana de beneficios de los últimos diez años. Ello nos aporta contexto y estabilidad a la métrica. En segundo lugar, para aportar visibilidad histórica tomamos dicho dato y lo ponemos en posicionamiento de percentiles. Tomamos el periodo más largo disponible, unos 135 años (desde 1882). Pues bien, en el momento presente nos encontraríamos en el 94% percentil más caro de la historia. Solo en otros tres periodos previos se habrían alcanzado percentiles similares. Invariablemente dichos periodos habrían ido seguidos de intensos accidentes bursátiles (fuertes mercados bajistas o shocks) o periodos largos de una década o más de movimientos más o menos laterales con oscilaciones y sin ninguna rentabilidad final. No obstante, en esta ocasión tendríamos un elemento nuevo, unos bancos centrales que probablemente tienen mucho que ver con los niveles de burbuja alcanzados, con sus masivos programas de compras de activos financieros y tipos de interés cero que llevan también a niveles de apalancamiento máximos en el sector financiero. Sin embargo, estos organismos aparecen como el seguro o red de seguridad de los propios mercados con su disposición a salir a su rescate en cuanto haga falta. Dada su enorme capacidad de tiro al poder “crear dinero de la nada” y el tamaño relativamente grande pero finito de los mercados de bonos y acciones, pareciera que lo tienen controlado.

En este contexto, es normal ver que los niveles de aversión al riesgo y volatilidad estén bajo mínimos. ¿Podría algo interrumpir dicho camino expedito para una continuación de las subidas y desafiar así valoraciones muy dudosas? Pues solo alcanzaría a ver dos opciones: los propios bancos centrales cambian de política abandonando programas de compra de activos y tipos mínimos (lo que parece poco probable) o se produce un accidente técnico de mercado asociado a los excesos de apalancamiento en el sistema. Dicho crash podría hacer un reset del sistema. En cualquier caso, la lógica y la razón recomiendan extremar la prudencia rebajando los niveles de riesgo asociados al perfil inversor o asignando una parte de ahorro a opciones que estén al margen de los activos de riesgo.

Juan Manuel Vicente Casadevall, EAFI Asesor Multiciclos Global FI.

Normas