El puente aéreo beneficia a todos

Madrid y Barcelona compiten a nivel económico y social pero se potencian entre sí

No hay otro país europeo con una pareja de economías urbanas tan grandes

Las alcaldesas de Madrid, Manuela Carmena, y Barcelona, Ada Colau, en un reciente acto celebrado en el Club Siglo XXI de Madrid.
Las alcaldesas de Madrid, Manuela Carmena, y Barcelona, Ada Colau, en un reciente acto celebrado en el Club Siglo XXI de Madrid.

La ruta del AVE Madrid-Barcelona registra al año alrededor de 4 millones de viajeros (en ambos sentidos) y el puente aéreo, cerca de 2 millones y medio de pasajeros, una ingente cantidad de personas entre las que nos encontramos los firmantes de este artículo, quienes desde hace años nos desplazamos de forma habitual entre estas dos grandes ciudades, muchas de las veces por motivos profesionales, pero también por cuestiones familiares o como simples turistas.

No hay más que sentarse en uno de esos trenes o aviones y echar un discreto vistazo al resto de viajeros –entre los que es frecuente ver a directivos de empresas, profesionales, turistas internacionales, políticos o profesores universitarios– para percibir que entre estas dos importantes metrópolis se ha gestado una historia de éxito a lo largo del tiempo, como no podía ser de otra forma a la vista de las características de ambas, que en la inmensa mayoría de los casos resultan complementarias.

Mientras que en el resto de países europeos se produce una gran brecha entre el principal núcleo de población y el siguiente –no solo en cuanto a número de habitantes sino también en volumen de actividad económica–, en nuestro caso tenemos la ventaja de contar en un mismo país con dos urbes que constituyen dos fuertes mercados internacionales concentrados en superficies muy reducidas –en ambos casos de un poco más del 1,5% de la superficie total de nuestro país–.

Así, las áreas metropolitanas de Madrid y Barcelona son dos economías de tamaño muy parecido (6,7 millones de habitantes Madrid y 4,9 Barcelona), similares en Europa a las alemanas de Berlín (5 millones) o de las 11 ciudades que conforman la cuenca del Rur (Ruhrgebiet), y únicamente superadas en población y volumen de actividad económica por las megaciudades de Londres y París (ambas con unos 12 millones de habitantes). Todas ellas serían “ciudades mundiales”, en el sentido que las define John Friedman en su conocido artículo The World City Hypothesis: “centros de concentración y acumulación de capital internacional, claves en la organización y articulación de la producción y los mercados, destino de los flujos de inmigración nacional e internacional… y todo ello se refleja en la estructura y el dinamismo de sus sectores productivos y su empleo”.

Entre los principales factores que han hecho posible que Barcelona y Madrid se hayan convertido en importantes polos de atracción de inversiones se encuentra la relación cooperativa que existe entre ambas ciudades, que ha generado sinergias beneficiosas para las dos y, por supuesto, para el resto de las ciudades y regiones de nuestro país, así como para todo el sur de Europa.
Al contrario de lo que algunos opinan, Madrid y Barcelona constituyen dos agrupaciones de población que se apoyan y que fortalecen de forma sólida sus relaciones económicas, lo que les ha permitido llegar a ser los dos principales centros del desarrollo científico, cultural y económico de España, y a ocupar los dos primeros puestos en el ranking de las ciudades con más renta bruta de España (según datos del INE de 2014: 34.837 euros y 33.430 euros, respectivamente, cuando la renta bruta media en España es de 24.795 euros).

Asimismo, esta complementariedad entre las dos urbes les ha llevado a ocupar importantes puestos dentro del ranking mundial en muchos aspectos. Así, por ejemplo, Madrid y Barcelona se encuentran entre las 35 ciudades más competitivas del mundo (según el indicador Cities in Motion, elaborado por el IESE); entre las 15 ciudades del mundo con mayor presencia de marcas internacionales de moda y distribución (según el informe How Global is the Business of Retail?, elaborado por CBRE); entre las ciudades europeas más visitadas por viajeros internacionales en 2017 con un total de 13,6 millones de turistas en 2016 (según el Global Destination Cities Index), y acaparando, además, entre las dos algo más del 70% de las ferias internacionales que se celebran en España.

En cuando al mundo de la cultura, el intercambio en esta materia entre las dos ciudades (con instituciones con espacios expositivos en ambas y colaboraciones permanentes entre museos –el Macba y el Reina Sofía, el Prado y el Museo Nacional de Arte de Cataluña…) ha ayudado a convertir estas dos metrópolis en centros culturales de referencia mundial.

Alguien puede tener la percepción de que son dos ciudades que compiten y que, por tanto, lo que es bueno para una perjudica a la otra. Es cierto que son dos metrópolis muy competitivas, con fuerte presencia de sus exportaciones de bienes y servicios en los mercados exteriores, ambas muy atractivas para el turismo –que cada vez une más ambos destinos en sus viajes–, así como para los inversores nacionales e internacionales.

Sin embargo, la realidad evidencia que ambas se complementan de una forma muy efectiva que trae beneficios a ambas, como cuando, por ejemplo, compiten con otras ciudades europeas –y obviamente también entre ellas– por la localización de una empresa extranjera que, en muchos casos, acaba instalándose con el tiempo en nuestras dos grandes capitales de manera simultánea. Y es que sus tejidos económicos presentan, en los dos casos, estructuras muy diversificadas. Son, sobre todo, centros de servicios avanzados para las empresas, especializados en gestión, consultoría, economía, servicios financieros, asuntos jurídicos, ingeniería y arquitectura, I+D… y con sectores industriales también diversificados.

Por poner un símil, Barcelona y Madrid son –con todo nuestro respeto por el resto de clubes barceloneses y madrileños– como sus dos principales equipos de fútbol: el Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona, cuya competitividad en el campo ha hecho que la liga española sea la mejor del mundo y que las marcas de ambos clubes estén entre las cinco más valoradas por las top brands a nivel internacional.

Valentí Pich es presidente del Consejo General de Economistas y Pascual Fernández es decano del Colegio de Economistas de Madrid

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