ETF: Una pieza clave (y no tan sencilla) en las carteras

La inversión en ETF es complementaria de la centrada en fondos activos tradicionales

Una comisión de gestión baja, aunque es importante, no nos dice todo

Todos los días leemos noticias que nos dicen que los fondos cotizados (ETF, por sus siglas en inglés) van a ser los vehículos que más patrimonio capten en los próximos años. Y continuamente vemos titulares que magnifican lo que se ha dado por concluir como una “lucha entre la gestión activa y la pasiva”.

Creo firmemente que la inversión en ETF es perfectamente complementaria con la inversión en fondos activos tradicionales. Me cuesta ver que se hable de una lucha entre ambos tipos de gestión y que una tenga que ganar a la otra. Es más, considero que los fondos cotizados son una herramienta fundamental en la construcción de carteras y que hay que ser muy activo usando la inversión pasiva.

La evolución de la industria de ETF ha sido espectacular en los últimos años. Los activos superan los 4 billones de dólares a nivel global. Solo en ETF domiciliados en Europa, los activos bajo gestión alcanzaron a finales de 2016 los 550.000 millones de euros (como referencia, el PIB de España ese año fue de 1 billón). Claramente, la industria va a continuar creciendo en tamaño y en número de vehículos y veremos movimientos en el número de proveedores (en Europa tres casas acumulan más del 60% de los activos). Además, es probable que acabemos viendo cómo las casas que se dedican a la gestión activa tradicional se adentran, poco a poco, en este mercado de gestión pasiva.

Hace unos años nos encontrábamos con que el mercado de ETF replicaba unos pocos índices bursátiles de renta variable y de renta fija, pero, en la actualidad, la evolución ha sido espectacular y muchas van un paso más allá, con un claro componente activo en renta variable, dado que en renta fija no es fácil. 

Hoy en día, a través de los fondos cotizados podemos diversificar nuestras inversiones a nivel de activos, de regiones y de estrategias, de forma que añadimos exposición a sectores, temáticas y factores -los smart beta, muy de moda en estos momentos-.

Claramente, para el inversor, tanto particular como institucional, es muy positivo el crecimiento de los ETF, pero, al igual que sucede con otros instrumentos financieros, el número y la complejidad creciente nos hace ser muy minuciosos a la hora de elegir en cuáles invertir.

Este fuerte crecimiento de la industria en número, y especialmente en estrategias, hace que el proceso de selección de los productos haya crecido enormemente en complejidad, exigiendo un importante proceso de due diligence antes de tomar las decisiones de inversión. Así, en Europa tenemos una oferta de más de 2.500 ETF.

¿Qué tenemos que tener en cuenta a la hora de elegir un ETF?

Una comisión de gestión baja, aunque es importante, realmente no nos dice todo. Y, cuando analizamos la rentabilidad, vemos que los más baratos no son los que mejor lo hacen. Hay que mirar con lupa el tracking error, la diferencia de rentabilidad con su índice y ver todos sus costes.
La forma en que el ETF replica el índice es muy importante; tendremos que saber si es de réplica física o sintética (ahora denominadas directa o indirecta).

Las sintéticas normalmente suelen tener un tracking error menor y aunque consiguen una mejor eficiencia replicando al índice, debemos tener en cuenta otros factores y ver cuál es el modelo de construcción, funded o unfunded swap. Centrándonos en los ETF que cumplen con UCITS, el riesgo de contrapartida está limitado al 10% y es interesante analizar si diversifican en distintas contrapartidas y cómo manejan este riesgo y los colaterales. También es relevante la cesta de activos sustitutivos que tiene en cartera.

En las de réplica física hay tres modelos principales, los de replicación completa, el sampling y los optimizados. El primero funciona muy bien replicando índices no muy largos y muy líquidos. El sampling consiste solamente en invertir en los nombres que más pesan y más líquidos, de forma que mejora la eficiencia y los costes de replicación. Y el tercero se sirve de distintos modelos de riesgos para minimizar el tracking error.

Además, tendremos que ver qué técnicas activas utilizan para rebalancear la cartera, cómo minimizan los costes de trading, o qué uso hacen de los derivados. También hay que vigilar si realizan préstamos de valores, cuál es su gestión de la liquidez, cómo gestionan los eventos corporativos, cupones y dividendos, entre otras cuestiones. Por todo ello, elegir el ETF correcto no es tan sencillo.

Creo que los ETF son instrumentos muy complementarios a los fondos activos. Y, lo que es más importante, debemos reflexionar bien la decisión de seleccionar los instrumentos financieros en los que invertir nuestro patrimonio. Mejor si es con la ayuda de profesionales, ya que, el primer paso antes de hacer una inversión es conocer bien nuestros objetivos y determinar cómo alcanzarlos.

Javier Alonso es asset manager de Abante

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