El BCE advierte de las mayores exigencias que requieren las 'fintech' bancarias

Elabora una guía sobre los criterios para autorizar su operativa

Apunta a la agresividad en precios propia de las etapas iniciales

sede BCE
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Las fintech se han convertido en un fenómeno imparable que se está haciendo un hueco en un negocio financiero dominado hasta ahora por la banca tradicional. La aplicación de las nuevas tecnologías a la banca y la relación exclusiva con el cliente a través de internet va en aumento y el BCE ha decidido armonizar en mayor medida los criterios por los que se da la autorización de operar a una fintech.

La institución ha anunciado la publicación de un proyecto de guía para la evaluación de las solicitudes de autorización de entidades de crédito fintech. Los supervisores nacionales son las ventanillas para presentar las solicitudes de autorización, que son evaluadas en conjunto con el BCE, la autoridad responsable en la decisión definitiva de conceder, ampliar o revocar autorizaciones bancarias en la zona euro. Pero el BCE quiere armonizar en mayor medida la evaluación de las solicitudes de un tipo de entidades que por su operativa online, operan a lo largo y ancho de la zona euro.

El BCE explica en su guía que está sometida a un período de consultas que concluye el 2 de noviembre, los requisitos de capital y liquidez que se requieren a las fintech y que se hacen necesarios por la naturaleza específica de su negocio. De hecho, el BCE advierte que la agresividad en precios que pueden tener las fintech, especialmente en el inicio de su andadura, requieren requisitos acorde en materia de capital y liquidez.

“El plan de negocio de una fintech en su fase inicial puede en principio incluir una agresiva estrategia de precios para ganar cuota de mercado, ofreciendo por ejemplo elevados tipos de interés para captar depósitos”, explica. En este sentido, el BCE también advierte de que una fintech puede modificar con mayor rapidez su modelo de negocio que un banco tradicional con tal de no perder rentabilidad, lo que supone un riesgo adicional desde el punto de vista del regulador que “debe ser debidamente identificado y vigilado para prevenir pérdidas inesperadas”.

En su guía, el BCE apunta igualmente a la mayor volatilidad que puede entrañar la base de depósitos de una fintech, con clientes con menos apego a la entidad y que pueden retirar más fácilmente sus ahorros en busca de mayor interés, lo que también requiere una vigilancia específica en materia de liquidez.

La composición del capital de las fintech es otro de los aspectos importantes para el supervisor, que advierte que en muchos casos los accionistas no tienen vocación de permanencia en el largo plazo. El BCE recuerda la importancia de un equipo gestor con competencias en materia financiera y apunta la conveniencia de demostrar un compromiso con la compañía de al menos tres años.

En cualquier caso, no todas las fintech requieren la autorización expresa del BCE para operar sino solo aquellas que sí realizan una operativa bancaria, como la captación y préstamo de dinero, más allá de las operaciones financieras habituales.

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