El 39% de los alumnos en riesgo saca mejores notas de las esperadas

Es la segunda mejor cifra de la OCDE, que explican varios sociólogos

España también tiene una de las mayores tasas de repetición de curso escolar

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Uno de cada tres alumnos españoles menores de 16 años (36%) ha repetido curso al menos una vez. Un dato preocupante si se compara con las cifras de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en los que la cifra se reduce de media al 15%. “La tasa de repetición española es realmente muy alta”, afirmó ayer el catedrático de sociología de la Universidad Complutense de Madrid, Julio Carabaña, uno de los 11 expertos que ha participado en la elaboración del informe Indicadores comentados sobre el estado del sistema educativo español 2017, coordinado por la Fundación Europea Sociedad y Educación y apoyado por la Fundación Ramón Areces. “Además, su estabilidad a lo largo de los años muestra que es una característica del sistema educativo”.

Para prueba de ello basta mirar las cifras de la tasa de idoneidad española a lo largo de los años. Este dato, que hace referencia al porcentaje de alumnos que se encuentra en el curso escolar natural según su edad, se ha mantenido parcialmente estable en los últimos tiempos. Si en el curso 1992-1993 se situaba en el 60,6%, en la etapa 2014-2015 llegó al 63,9%. En medio, unas más elevadas, como la lograda en el curso 1998-1999 (64,6%) y otras mucho más bajas, como la alcanzada en 2005-2006 (57,7%). “Sea como sea, los números no han variado de forma notable”.

Para Carabaña, una de las singularidades más reseñables es el impacto que la crisis económica ha tenido en la tasa de idoneidad. La cifra mejoró a medida que aumentaba la recesión económica, llegando al 58,7% en 2008-2009, al 61,7% en 2011-2012 y al 63,9% en 2014-2015. Las razones de este fenómeno, sin embargo, no parecen estar tan claras como los números: “Puede achacarse a una madurez y sensatez de los alumnos, que anticipándose a las dificultades del mercado, vieron que una salida interesante era la de estudiar”. O quizá al empeño de los profesores, que ante las dificultades que se preveían, se volcaron con los estudiantes para que sacasen sus estudios adelante. Sea como sea, y aunque las tasas de repetición hayan disminuido, los números de España siguen siendo de los peores de la OCDE.

Una de cal y otra de arena. Frente a estos malos resultados, España destaca en otros aspectos como la resiliencia educativa, un concepto que hace referencia a aquellos estudiantes que, pese a vivir unas condiciones socioeconómicas adversas, sacan sus estudios adelante, sobreponiéndose a las expectativas marcadas por su situación material. Así, España ocupa nada menos que el segundo puesto de la OCDE, con una tasa del 39%, solo por detrás de Estonia (48%) y muy por encima de la media (29%) y de otros países como Gran Bretaña (35%), Alemania (33%) o Dinamarca (27%).

Los alumnos de entornos desfavorecidos son 11 veces más proclives a repetir

“Hay que recordar que los estudiantes que se mueven en entornos desfavorecidos son casi 11 veces más proclives a repetir que aquellos de entornos acomodados”, insistió el sociólogo de la Universidad de Zaragoza, Pau Mari-Klose. Estas situaciones vienen determinadas por planos como el individual, en el que entran cualidades como la motivación, las ganas, el miedo o la inseguridad, “y que por supuesto no son innatas, sino que vienen motivadas por factores externos”. También dan que hablar el plano escolar, el plano familiar y el plano comunitario, que hace referencia a los recursos públicos disponibles, como el fácil acceso a una biblioteca o al transporte público con el que acudir al instituto. “Aumentar la resiliencia supone intervenir en todos estos niveles, y España no lo hace mal del todo, aunque sigue habiendo altas tasas de abandono y de repetición de curso escolar”.

El citado informe también hace referencia a otros aspectos que determinan el resultado de los alumnos, como la tasa de autonomía escolar con la que cuentan los directores y docentes, es decir, la capacidad de implantar innovaciones y métodos formativos diferentes, así como de tomar decisiones por sí mismos. “La autonomía no es buena ni mala de por sí, sino que depende de cómo se ejerza”, recordó Miguel Ángel Alegre, del Instituto Catalán de Evaluación de Políticas Públicas (Ivàlua),España, con un 57%, es el tercer país de la OCDE con menor grado de autonomía. Pero hay que recordar que más soberanía “puede provocar segregación entre las escuelas, por perfiles de alumnos según rendimiento o nivel económico de las familias. Puede llegar a ser nociva para escuelas sin recursos humanos y materiales, por lo que también hay que vigilarla”, recordó.

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