Universitarios mercado laboral pulsa en la foto

El 36% de los universitarios trabaja en puestos de baja cualificación

El 41% de los profesionales solo cuenta con estudios obligatorios

El informe de la Fundación CYD pone de relieve la escasez de formación profesional

España es país de contrastes. Por un lado, es una de las regiones de la Unión Europea con mayor número de graduados universitarios, pero por otro es también una de las zonas en las que un alto porcentaje de la población adulta no ha pasado de los estudios obligatorios.

En el año 2016, según datos de Eurostat, el 35,7% de la población adulta española de entre 25 y 64 años, tenía bajo el brazo una titulación universitaria, una cifra que situaba al país cinco puntos por encima de la media de la UE. Por contra, España volvía a destacar por ser uno de los tres países de la unión (junto a Portugal y Malta) con una mayor proporción de población que únicamente contaba con estudios obligatorios, con una tasa del 41,7%, muy por encima de la media de la unión, que se sitúa en el 23%. En medio de estos dos extremos se situó, con un 22,6%, la franja correspondiente a los títulos secundarios tales como el bachillerato o los ciclos formativos de grado medio, con una cifra muy inferior al 46,3% de la media europea. En conclusión: muchos universitarios, muchos profesionales sin más formación que la obligatoria y muy pocos perfiles equipados con un título secundario. Es la radiografía española que se extrae del último Informe de la Fundación CYD sobre La contribución de las universidades españolas al desarrollo, hecho público hoy.

Las cifras parecen estar respaldadas por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), que hizo público también ayer el informe sobre el Panorama de la Educación 2017, en el que puso de manifiesto que uno de cada tres jóvenes españoles de entre 25 y 34 años no se sacó el título de Bachillerato durante el último curso, el doble que la media de la citada organización (16%), situando a España (33%) solo por detrás de Turquía (45%) y México (53%). Todos estos datos, como no podía ser de otra forma, tienen sus consecuencias en el mercado laboral español, que echa en falta una mayor fortaleza en las enseñanzas secundarias.

Si bien el mercado ha experimentado un comportamiento positivo en los tres últimos años, “se percibe un desajuste entre el nivel formativo de los graduados y el requerido por los puestos de trabajo. En 2016, el 36,8% de los graduados que estaban trabajando lo hicieron en puestos de baja cualificación, frente al 23% de la UE”, explicó el coordinador del estudio de CYD, Martí Parellada. Esta cifra ha crecido en siete décimas respecto a 2015 y algo más de cuatro puntos porcentuales si se toma como referencia el año 2010, por lo que se consolida como tendencia negativa. En algunas regiones de España, de hecho, las cifras son realmente escandalosas. En Castilla y León, Aragón y Canarias, los contratos realizados con graduados universitarios para desempeñar tareas de baja cualificación supusieron el 47%, 44% y 40% de los casos respectivamente. Según el citado informe, además, España es el país de Europa en el que mayor número de contratos marcados por la sobrecualificación de los profesionales se firman, por delante de Chipre (36,7%), Irlanda (32,2%) y Grecia (32%)

No obstante, prosiguió Parellada, también hay algunos datos que permiten pensar que España ha pasado un punto de inflexión y comienza a acercarse a los años previos a la crisis económica. “En 2015, y por primera vez en la década actual, los presupuestos liquidados por las universidades públicas muestran un crecimiento positivo tanto de los ingresos como de los gastos; el personal docente e investigador alcanzó en el curso 2015-2016 las 118.094 personas, un aumento del 2,4% respecto al año anterior; y el volumen de publicaciones aumentó en más de un 25% si se compara la producción científica de 2015 con la de 2010”, recalcó el experto.

No son los únicos puntos que avanzan. Otros siguen cosechando buenos resultados aunque necesiten seguir caminando: “El número de alumnos y profesores extranjeros sigue en aumento, aunque sigue siendo bajo; mantenemos una amplia y sólida base investigadora, pero la calidad y la excelencia es mejorable”, ilustró Ana Botín, presidenta de la Fundación CYD.

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