Las rentabilidades futuras están en cuestión

Se desconoce si habrá efectos no deseados por las políticas de tipos cero de los bancos centrales

Wall Street
Fachada de la Bolsa de Nueva York.

Aunque no sabemos si las rentabilidades esperadas en los próximos años de los principales activos financieros se situarán en un rango acorde a su desempeño histórico, son numerosos los datos y circunstancias que los ponen en seria cuestión.

La historia registrada de la inversión nos revela que si un ahorrador tiene un plazo disponible largo o muy largo (al menos 15 años) puede esperar una rentabilidad anualizada de entre el 7% y el 9% en renta variable global, y de entre un 3% y un 4% en bonos de calidad (públicos o privados). En los últimos se sacrifica rentabilidad esperada a cambio de menor variabilidad de las rentabilidades en el tiempo. Adicionalmente, los bonos de calidad suelen subir de valor en periodos de crisis ,cuando las Bolsas caen, por lo que una cartera equilibrada clásica que combina acciones y bonos disfrutará de una mayor estabilidad en las rentabilidades, del entono del 5% al 6% anualizado en el largo plazo. Estos números, además, tienen lógica pues están basados en los tipos de interés y las tasas de crecimiento del PIB e inflación de largo plazo, que a su vez están ligados a la rentabilidad de los cupones y los dividendos que pagan Estados y empresas.

En el caso de las acciones, además, existe una participación en el crecimiento de los beneficios (y dividendos) de las empresas que se produce en el tiempo gracias al crecimiento de la actividad económica. Ello queda reflejado en esa prima de rentabilidad que en el largo plazo ofrece la renta variable para quien tenga el plazo y esté dispuesto a aguantar su elevada volatilidad. No se debe olvidar que las Bolsas en las crisis cíclicas suelen perder del entorno del 40% al 50% de su valor de máximo a mínimo y tardar entre tres y cuatro años en volver a recuperar los máximos anteriores.

Todas estas rentabilidades son nominales, por lo que si incorporamos las tasas de inflación históricas de la era moderna, del 3% por término medio, obtenemos un rendimiento real en el tiempo del 2% anualizado para una cartera global equilibrada de acciones y bonos globales. Este rendimiento se verá reducido por el coste de invertir, cuanto más alto, peor para alcanzar ese objetivo.

No debemos pasar por alto que un 1%-2% por encima de la inflación por efecto del interés compuesto es un excelente resultado. Realmente, el cuidado del ahorro y la inversión se reduce a estos sencillos conceptos si uno tiene un plazo suficiente. Desgraciadamente, una industria plagada por los conflictos de interés y por los elevados costes explícitos y ocultos conduce a unos resultados reales netos que para el ahorrador/inversor medio suelen ser peores. Para constatarlo, solo hay que repasar los paupérrimos resultados medios de los fondos de inversión y pensiones en España en el largo plazo.

Expuestas estas normas básicas, es importante hacer hincapié en el tema de los plazos. Uno debe tener un plazo largo por delante, especialmente si concentra el ahorro en una sola clase de activo como la renta variable. De ahí la conveniencia para bastantes ahorradores de combinar acciones y bonos. Además, existen algunos momentos en la historia en los que se registran en los activos unas valoraciones extremas que invariablemente han conducido a rendimientos anualizados ampliamente inferiores a los comentados durante plazos de bastantes años. Precisamente, todos los síntomas son que nos podemos encontrar en uno de ellos.

Por el lado de la renta variable, el mercado bursátil que lidera el mundo y representa más del 50% de la Bolsa global, el norteamericano, cotiza a un PER real en el último trimestre de 25 veces: son necesarios 25 años de beneficios presentes reales para pagar la cotización del precio de las acciones en Bolsa. Este dato se compara con un histórico normalizado de 15 veces. No ha habido ocasión en que el PER haya rondado 25 que no haya sido seguido por elevadas minusvalías que han llevado años enjugar.

En el caso de la renta fija, la situación es más acusada e inaudita. Muchos bonos de Gobiernos y de bastantes empresas también ofrecen rendimientos negativos. Los populares depósitos a plazo en España apenas rentan nada a cambio de un riesgo emisor nada despreciable. Nunca en la historia unos bonos rentaban nada o negativo.

En este punto entramos en el terreno de esos inquietantes elementos añadidos. Estamos en una situación de aguas sin cartografiar en la que los bancos centrales realizan experimentos como tipos cero o negativos y compras de todo tipos de activos que se extienden durante años. Lo preocupante es la respuesta al porqué han llegado a este punto y los resultados hasta el momento. Así, según su propia argumentación, el mundo tiene un problema de crecimiento y exceso de deuda y estas políticas están destinadas a combatirlo. Desgraciadamente, su experiencia y conocimiento sobre la eficacia de las mismas está ausente de la ecuación, por lo que pueden producirse resultados no deseados.

Juan Manuel Vicente Casadevall. Eafi.

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