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Libros de Derecho en papel. AP

La ciberjusticia del siglo XXI

En el siglo XXI el desarrollo está sufriendo un crecimiento exponencial fruto de la irrupción de la tecnología

Varias industrias y poderes se van a ver obligados a modificar sus cimientos de forma inmediata

La curiosidad y la creatividad humana están cambiando el mundo. En los siglos XIX y XX, diversos genios demostraron que algunas de las leyes básicas de la naturaleza ayudaban a entender y explicar los complejos misterios del universo. Estas leyes básicas representadas en ecuaciones matemáticas, en lo que puede denominarse la “realidad dependiente del modelo”, supusieron un salto cualitativo en la forma de entender y progresar en muchos campos de la vida humana.

Pero en el siglo XXI, este desarrollo está sufriendo un crecimiento exponencial fruto de la irrupción de la tecnología, como, por ejemplo, técnicas de aprendizaje automático en inteligencia artificial, la computación cuántica, el internet de las cosas, la revolución que supondrán el uso de blockchain, o los avances en el campo de la biotecnología, todo ello, en lo que podría denominarse la nueva era tecnológica. Estos avances, están provocando cambios profundos y disruptivos en todas las facetas de la convivencia humana generando nuevos conflictos: humano-humano; humano-máquina y máquina-máquina.

Debido a esta nueva era, varias industrias y poderes se van a ver obligados a modificar sus cimientos de forma inmediata. Pero, ¿cuáles podrían ser las 5 principales hipótesis jurídicas cuyo desarrollo veremos en los próximos 5 años?

La inteligencia artificial y el Derecho: la Inteligencia Jurídica

La Inteligencia Artificial (IA) ayudará al análisis, predicción e interpretación del ordenamiento jurídico. La IA también ayudará a mejorar el principio de interpretación subjetivo y su relación jerárquica de las nomas colectivas (leyes) e individuales (sentencias), a través de modelos matemáticos que utilizarán el machine learning (sistemas automáticos de aprendizaje), los árboles de decisión y las redes neuronales para predecir el resultado de la seguridad jurídica esperada.

Esta tecnología afectará a las organizaciones que manejen grandes fuentes de datos de leyes y sentencias ofreciendo información y conocimiento a las firmas de abogados y consultorías para preparar sus estrategias preventivas y de resolución de conflictos. En lo que será, sin duda, la forma de entender la dirección empresarial: su gestión orientada a riesgos normativos en todos sus niveles. Incluso la Inteligencia Jurídica (IJ) llegará a modelizar matemáticamente el proceso de libre albedrío intelectivo del poder judicial representado por personas (jueces) en complejas ecuaciones que serán procesadas en forma de respuesta legible, gracias a la computación.

La cibersoberanía de los Estados

El fenómeno de la globalización de la economía capitalista y el nacimiento de Internet, supondrán graves amenazas a la soberanía de los Estados. Los países verán como los poderes legislativo y judicial, basados en principios territoriales, decaen en nuevas formas de resolución de conflictos humano-máquina-humano, estableciéndose un nuevo orden cibernético de trascendencia jurídica en un nuevo escenario.

Este principio rector de territorialidad se verá superado por la virtualidad del mundo ciber, donde el poder judicial y legislativo carecerá de poder coercitivo, lo que provocará un nuevo (des)orden jurídico. Este nuevo mundo ciber será percibido por los humanos a través de sus sentidos y concretamente por el órgano biológico de mayor complejidad, el cerebro.

De ahí que la forma de interpretar el nuevo orden jurídico obligará a los abogados a transformar su proceso intelectivo, modificándose el principio de territorialidad por nuevas coordenadas normativas virtuales en lo que podría denominarse el nuevo “relativismo normativo”. De todo ello, se puede deducir que comiencen a aparecer nuevas figuras de asesoramiento normativo: los ciberabogados. 

El ciberderecho

El derecho entendido como la disciplina que aplica las normas en la resolución de conflictos o el derecho entendido como el conjunto de normas con conforman un orden, será mejorado con el nacimiento de un nuevo principio rector: el principio virtual. En un mundo territorial compuesto por seres vivos, los sucesos materiales (como el incendio de un edificio) e inmateriales (como el derecho al honor) ocurren en un lugar-espacio “físico”, que podemos delimitar por tres coordenadas más una temporal.

Sin embargo, en un mundo virtual, como el ciberespacio, no existen esos lugares “físicos”, sino otros denominados “sitios” (o dominios). Los sucesos con trascendencia jurídica que sucedan en estos “sitios” desplegarán sus efectos y poder, sin tener en cuenta el derecho territorial de cada estado. Los abogados y firmas de abogados que entiendan el nuevo mundo cibernético encontrarán nuevas formas de creación de cibernormas de resolución de conflictos, lo que provocará una nueva disciplina, el ciberderecho.

La ciberjusticia

Las organizaciones tecnológicas funcionaran como juez y parte la resolución de conflictos entre sus miembros. La justicia está sabiamente representada por una mujer, con los ojos vendados, que sostiene una balanza que calcula el peso de las pruebas de cada parte en conflicto.

Ahora bien, el crecimiento exponencial del mundo cibernético, y la falta de territorialidad, obligará a desarrollar una nueva forma de entender la resolución de conflictos, desarrollada en un nuevo escenario deslocalizado, ubicuo y complejo. De ahí que las nuevas organizaciones tecnológicas, que controlan los sitios que aglutinen grandes comunidades virtuales, incorporarán normas a nivel de código fuente para la resolución de conflictos entre sus miembros.

Facebook e Instagram resolverán en tiempo real, lo que un miembro pueda realizar en esas comunidades. Así por ejemplo, ningún miembro de estas redes sociales podrá subir y publicar fotos de desnudos o realizar insultos. Lo mismo ocurrirá en las comunidades de juego en línea, por ejemplo Pokerstars o Playstation Network.

De todo ello puede extraerse la hipótesis de que los abogados tienen la obligación de ayudar a estas ciberorganizaciones y miembros online a introducir, crear y negociar nuevas cibernormas de convivencia y resolución de conflictos. Además, deben participar en el desarrollo y validación de los algoritmos que formen las distintas Inteligencias Artificiales que velen por la aplicación de estas normas.

La predicción en las sentencias territoriales

Particulares y empresas utilizarán técnicas de predicción para conocer de antemano el resultado final de un conflicto. Según la RAE, predecir es “Anunciar por revelación, conocimiento fundado, intuición o conjetura algo que ha de suceder”. En términos estadísticos y de minería de datos, consiste en estimar, con el menor grado de error posible, el valor de una variable respuesta en función de numerosas variables de entradas. En una representación gráfica, la predicción se representaría por un modelo matemático que tiene como entrada las variables predictoras y como salida la variable respuesta.

La minería de datos es el proceso de extracción de patrones y modelos en los datos. Forma parte de lo que se conoce como KDD (Descubrimiento del conocimiento desde bases de datos). Se seleccionan los datos que intervienen en el proceso, los cuales podrán estar en ficheros, bases de datos u otros soportes. Se definen las características de estos datos que son relevantes en la construcción del modelo de datos. Con los datos y características seleccionados se construye, una tabla “minable” con los datos que construirán el modelo.

La utilización de estos modelos predictivos provocará que las organizaciones titulares de una gran base de información de índole jurídica, puedan modelizar y aplicar técnicas de minería de datos y gracias a la IA, producir conocimiento jurídico que ayude a las partes de un conflicto, a predecir con un nivel de certeza alto (más de un 75 por cien), el resultado final del conflicto.

El futuro del Derecho

En este mundo acelerado en el que los cambios se producen a un ritmo exponencial, los nuevos actores tecnológicos están alterando las normas de convivencia, demostrando ser ágiles en desarrollar, ellos mismos, las normas para los usuarios que operan en sus plataformas.

El Derecho tradicional no es capaz de adaptarse al mismo ritmo en el que aparecen nuevos servicios o se ofrecen nuevos avances tecnológicos, por lo que está obligado a entender el orden normativo que surge en el ciberespacio, como una extensión necesaria que debe ser incluida como parte del “alma” del Derecho.

Finalmente, en el futuro inmediato del Derecho, veremos cómo dos extremos tratados tradicionalmente como antagónicos, las Matemáticas y el Derecho, serán utilizados de forma conjunta por la inteligencia jurídica.

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