Rajoy se resiste al control de inversiones propuesto por Macron

La iniciativa del presidente francés se abre paso en su estreno hoy en Bruselas

Varios países, entre ellos España, quieren limitar el alcance del control europeo

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, con el Presidente francés, Emmanuel Macron, en París, el 16 de junio.  REUTERSEtienne LaurentPool
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, con el Presidente francés, Emmanuel Macron, en París, el 16 de junio. REUTERS/Etienne Laurent/Pool

España se resiste a la propuesta de Emmanuel Macron de controlar a nivel europeo las inversiones extracomunitarias en sectores estratégicos, pero el presidente francés parece llamado a anotarse su primera victoria continental en su estreno en una cumbre europea.

El Consejo Europeo, que se reúne en Bruselas este jueves y viernes, se muestra dispuesto a dar luz verde a un reforzamiento del control que Macron incluyó en lugar prominente en su programa electoral de Macron bajo el epígrafe "una Europa que protege".

El texto definitivo todavía será objeto de negociación durante las dos jornadas de la cumbre y la resistencia de varios países, entre ellos España, aspira a diluir el plan en la medida de lo posible. Pero las fuentes diplomáticas consultadas reconocen que, por ahora, parece difícil frenar una iniciativa que no solo cuenta con el apoyo de París sino también de Berlín y Roma.

"El Consejo Europeo invita a la Comisión Europea a examinar los medios para identificar y escrutar las inversiones procedentes de países terceros en sectores estratégicos", señala ya el borrador de conclusiones del Consejo Europeo, cuya versión final se conocerá hacia el viernes a mediodía.

Fuentes europeas señalan que la intención es transferir a Bruselas la revisión de las inversiones más polémicas, aunque los socios se encuentran divididos sobre el alcance del control y sobre el nivel de competencias que asumiría la Comisión Europea.

Un comité como el de EEUU

La propuesta del presidente francés se inspira en Washington, que en 2007 revisó su legislación sobre control de las inversiones extranjeras. Un Comité (CFIUS, en sus siglas en inglés) puede revisar las operaciones más delicadas desde el punto de vista de la seguridad y exigir al inversor ciertas condiciones (como limitaciones en el acceso a la tecnología, que solo ciudadanos estadounidenses gestionen ciertos productos y servicios...) o proponer al presidente de EE UU que prohíba la inversión.

Entre 2008 y 2012 se notificaron al Comité 538 operaciones. La inmensas mayoría se aprobaron, pero 70 se retiraron durante el proceso. Y el presidente Barack Obama prohibió una: la compra de un parque eólico por capital chino.

El número de investigaciones va a más casi cada año. Entre 2012 y 2014 se notificaron 358 operaciones de inversión, las procedentes de China a la cabeza con 68.

La delegación encabezada por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, llega a la cumbre con la intención de alinearse con los países partidarios limitar al máximo la supervisión europea de las inversiones. España quiere evitar cualquier señal política que pueda ser interpretada por los inversores internacionales como un repliegue proteccionista por parte de Europa.

"Acogemos la propuesta con cierto escepticismo porque es peligroso entrar en el juego de empezar a diferenciar entre inversiones buenas e inversiones malas", señalan fuentes españolas en vísperas de la última cumbre de la presidencia maltesa de la UE.

La posición española es compartida por algunos países nórdicos y del este. Pero la sensación mayoritaria en el seno del Consejo es que Europa debe mostrarse más firme en política comercial. "Debemos demostrar que podemos defender Europa frente a quienes quieren abusar de nuestra apertura", señala el presidente del Consejo, Donald Tusk, en la carta de convocatoria de la cumbre, en la que llega a hablar de "globalización incontrolada".

Francia ha abogado durante años en solitario por un mayor control de la inversión foránea en Europa. Sin éxito. Pero Alemania empezó a girar su posición el año pasado ante la escalada de la inversión china en el país, en particular, en el sector tecnológico. En el primer semestre de 2016, la inversión china en Alemania alcanzó los 11.000 millones de euros, más que en los 10 años anteriores, según un informe de E&Y. El año pasado, Berlín frenó la compra de una empresa de semiconductores (Aixtrom) por capital chino después de que EE UU apreciara riesgos de seguridad en una operación similar.

Incluso en países muy favorables al libre comercio, como Holanda, se ha desencadenado una tendencia proteccionista ante el capital extranjero. El gobierno en funciones holandés, dirigido por el liberal Mark Rutte, planea endurecer la norma sobre inversión extranjera para que las empresas del país puedan defenderse con más facilidad frente a una OPA hostil. El cambio llega después de que dos compañías holandesas, Azko Nobel y Unilever, se defendieran panza arriba para evitar ser adquiridas por las estadounidenses PPG y Kraft Heinz, respectivamente. En ambos casos lo consiguieron.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de este año, con su corriente proteccionista, ha convencido también a otras capitales europeas de la necesidad de revisar la política de inversión en Europa.

España teme que Europa caiga en esa espiral proteccionista, con repercusiones negativas en la llegada de capital exterior a la economía española y con posibles represalias en terceros países contra las empresas europeas y españolas.

Pero Rajoy deberá aceptar mañana, con toda probabilidad, que el Consejo Europeo dé el primer paso hacia un endurecimiento del control y hacia el traspaso de ciertos poderes de vigilancia a la Comisión Europea. "La última palabra, en todo caso, la tendrán las autoridades nacionales", advierten fuentes españolas. Un extremo que ya aparece recogido en el borrador de conclusiones, que señalan que el escrutinio de la Comisión "respetará las competencias de los Estados miembros".

El Buy European Act no vuela

La victoria de Emmanuel Macron en su estreno en una cumbre europea no llegará hasta el punto de que saga adelante su propuesta de una Ley de compras europeas (Buy European Act) que reserve el mercado de adjudicaciones públicas a las empresas que localicen al menos la mitad de su producción en Europa. La Comisión Europea y la mayoría de los países, incluida España, se resisten a ese modelo, inspirado en el Buy American Act de EE UU. "Sería un grave error para Europa", critican fuentes diplomáticas, que insisten en que el Viejo Continente necesita abrir sus mercados para obtener reciprocad en terceros países.

Los datos muestran, sin embargo, que la apertura no es recíproca. En la UE, el valor de los mercados públicos abierto a ofertas internacionales se cifra en 352.000 millones de euros, según la CE. En EE UU, la mitad, con 178.000 de euros.

Además de EE UU, también Japón y China restringen la entrada en su mercado de contratación pública. "En total, más de la mitad del mercado mundial de licitación pública está cerrado", reconoce la Comisión Europea. Bruselas calcula que la UE podría doblar sus exportaciones vinculadas a la contratación pública, cifradas en la actualidad en 10.000 millones de euros, si desaparecen las restricciones de otros países.

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