Fundador de la consultora Nadie

Quico Vidal: "Muchas empresas nacen de un diagnóstico difuso"

Es sociólogo industrial, trabajó en Camper y dirige un ‘think tank’ de marcas

Quico Vidal: "Muchas empresas nacen de un diagnóstico difuso"

Trabaja en el entorno que se siente a gusto porque es un espacio desnudo. Es la filosofía de Nadie, un think tank, el laboratorio de ideas que Quico Vidal, mallorquín, de 51 años, fundó en 2004, después de haberse dedicado durante años al negocio de la publicidad. Previamente había sido director creativo en Camper entre 1997 y 2001, donde tuvo conciencia de lo que es pertenecer a un proyecto de creación de una potente marca creativa. “También descubrí una visión rica, cercana a la compañía”.

Se formó como sociólogo industrial, en la especialidad en sociología del consumo, y ha trabajado para agencias como J. Walter Thompson, D’Arcy, TBWA, “pero iba a tener a mi segundo hijo y el ritmo de trabajo de una agencia de publicidad no me parecía el mejor entorno”. Y además tenía claro lo que no quería ser: una copia de los directivos de una multinacional. “Quería ser feliz en mi trabajo, tener la posibilidad de aprender cosas nuevas, con una visión ambiciosa”, dice. Fue así como se convirtió en emprendedor y se propuso convertir el proceso de definir lo que iba a hacer como parte del trabajo. Han pasado 13 años de todo esto y Nadie, según asegura, ha ido creciendo con la ayuda de gente alrededor, “como si fueran parte de una conversación abierta, diversa, en la que aprendemos los unos de los otros”.

Su clientela se divide entre aquellos que tienen una marca, proyecto o idea y que quieran darle forma, estructura a algo nuevo. Es el caso, señala, de clientes como Swatch, B The Travel Brand –del grupo Barceló–, Aristocrazy, la firma de joyería de Suárez... Pero también les llegan propuestas de proyectos nuevos y, por tanto, más pequeños. Y no le importa coger un avión para ir a Zúrich si tiene la intuición de que los emprendedores a los que va a ver “tienen un proyecto social chulísimo”.

Porque si algo tiene claro es que en Nadie eligen con quién quieren trabajar. “Los clientes tienen que tener la ambición de querer hacer algo más que un proyecto, tener la ambición de la excelencia. No nos gustan los clientes a los que les da todo igual”, confiesa. Le gustan los proyectos que huelen a vivo. Y cita el caso de una marca, Mansolutely, un chico de 29 años que decide hacer trajes a medida, y “trabajamos con él porque nos gusta la conexión de los proyectos con la gente joven”. Cree que existe una corriente de jóvenes que apuestan por el emprendimiento y esto se debe, entre otras razones, “al proceso cultural del entorno anglosajón, algo que la crisis también ha acelerado, porque desde hacía tiempo se les había dicho a los jóvenes que no podían emprender”. Y se está demostrando que pueden. Cita el caso de Jonndo, la zapatería a medida y artesanal que montaron dos universitarios y a los que Nadie ayudó a enfocar la estrategia. “Ellos tenían una marca que no funcionaba, pero había una base importante con lo que ya estaban haciendo. Han creado una segunda marca y tienen la visión de aprovechar la oportunidad que les ofrece un entorno como el actual”.

Según Vidal, "muchas empresas nacen de un diagnóstico difuso. No tienen claro el proyecto definitivo y no vienen con una visión clara de lo que esperan de nosotros, que les ampliamos la dimensión de los problemas. Aquí vienen con un problema y, después de analizar qué les ocurre, resulta que es otro”. Porque, en su opinión, “el modelo lógico de una empresa es evolucionar, nunca cerrar”. También habla de Fanático, una nueva firma de café de La Mexicana. “Una marca tiene que ser contemporánea, tiene que tener la aspiración de convertirse en imprescindible para la gente, ambición por hacer algo más de lo que hace”.

Desde hace tres años trabaja en un bonito piso, próximo a la Gran Vía madrileña, en el corazón de Chueca, con maderas que crujen el pisar. Una oficina de altos techos, paredes blancas, suelos de madera e hidráulicos, a la que apenas tuvo que hacer arreglos. Pertenecía al diseñador gráfico Pep Carrió y “solo tuvimos que enchufar ordenadores y ponernos a trabajar”.

"El desorden es útil"

En su despacho, como en el resto de la oficina, siempre hay flores. “Me gustan mucho. Cuando era pequeño mi abuelo traía siempre flores a mi madre. Siempre sabía si había estado mi abuelo en casa por este detalle”, explica Quico Vidal. Está orgulloso del ambiente que ha creado en Nadie. De hecho, afirma que algunos clientes solicitan la oficina para celebrar reuniones en ella.

En su despacho tiene una escultura suya, que hizo en 1991 con chatarra y escombros, en su etapa de escultor abstracto, afición a la que ha vuelto. “También me gusta mucho la fotografía, y me lo estoy tomando en serio”.

Frente a la mesa, un cuadro con una frase de Andy Warhol: “In the future everybody will be world famous for fifteen minutes (En el futuro todo el mundo será famoso durante 15 minutos)”. Por el resto de las estancias hay repartidas otras frases del artista estadounidense, fallecido en 1987, como Nunca leo, solo veo imágenes. “Son frases de los años sesenta y son tan actuales”.

Vidal confiesa que el orden en su despacho lo mantiene semana a semana, y se define como un jardinero que sabe manejar varias cosas a la vez. “Soy fan de la convivencia con el desorden, es útil, es como la vida misma. Tengo una visión del mundo abierta, creativa, cuánto más desordenada, mejor. Buscar ideas significa ser desordenado, pero luego hay que tener orden en cuanto al criterio y al rigor”.

A su alrededor, haciéndole compañía, una orquídea, un reloj de arena y las fotos de sus dos hijos, Mateo y Tomás.

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