Tribuna

Continúan las desigualdades laborales

El paro de larga duración es un drama social que puede sacar del mercado a 2,4 millones de persona

Continúan las desigualdades laborales
EFE

La mejoría del mercado laboral no está beneficiando a todas las personas por igual. Además de tener la tasa de paro más elevada de la UE tras Grecia, baja formación (33% de los empleados sin formación) y una tasa de empleo muy baja (48%) comparada con Francia (65%) y Reino Unido (74,5%), confluyen grandes desigualdades ya que tres años de recuperación laboral no han sido suficientes para poder erradicarlas o al menos reducirlas.

El gran reto son los jóvenes en edad laboral. A los problemas crónicos de inserción hay que añadir otros nuevos, consecuencia de la crisis económica, que los sitúa en peor posición que el resto de colectivos. En concreto, su tasa de paro (43%) es la más elevada de los países miembros de la UE, tras Grecia, y más del doble de la media de la UE. Las desigualdades existen también entre los que tienen estudios y los que no los tienen, ya que los datos demuestran que a mayor cualificación, menor es la tasa de desempleo (18% de tasa de paro entre 25 y 29 años con titulación superior).

Por otra parte, las desigualdades entre hombres y mujeres en el mercado laboral no se traduce solo en términos de paro (las tasas de desempleo de las mujeres son superiores en tres puntos porcentuales a los hombres), sino más bien en el empleo. La participación de las mujeres en el mercado laboral es muy inferior a la de los hombres. Así, la tasa de empleo de las mujeres (proporción de mujeres ocupando un puesto de trabajo) es inferior en más de 11 puntos porcentuales a la tasa de los varones, lo que se traduce en que de cada diez mujeres en edad de trabajar solo cuatro están empleadas. Y además, en los contratos a tiempo parcial, la gran mayoría son mujeres (73% del total).

El desempleo de larga duración es un verdadero drama social ya que constituye una situación injusta e indeseable y amenaza, si no se toman medidas adecuadas, con apartar indefinidamente del mercado laboral a casi 2,4 millones de personas (57% del total), lo que representa un tercio del total de desempleados de larga duración de la UE. Pero los problemas se multiplican para aquellas personas que están más de dos años en desempleo (42% del total). La pérdida de habilidades profesionales repercute en un deterioro del capital humano de España, sobre todo en personas con más de 50 años, ya que más del 65% son desempleados de larga duración, agudizándose todavía más a mayor edad, con efectos devastadores tanto a nivel físico como psicológico.

"La probabilidad para un joven de encontrar un empleo es baja y ocurre con malos contratos"

Por último, la calidad del empleo es otro factor de desequilibrio de nuestro mercado laboral. El empleo que se crea es de escasa calidad y España bate récords en lo que se refiere a la temporalidad. Es el país con la tasa de temporalidad más alta (26,5%) solo superada por Polonia. En 2016, por cada puesto de trabajo creado se firmaron más de 48 contratos (20 millones de contratos firmados/413.000 empleos creados).

Ante la amplitud de desafíos que presenta nuestra sociedad, se puede considerar que el mayor de todos ellos es el de los jóvenes: es el segmento más castigado por la crisis en nuestro mercado laboral. La probabilidad para un joven de encontrar un empleo es muy escasa. Y cuando lo consiguen, en su gran mayoría, es a través de contratos inestables y empleos de mala calidad. Oportunidades estamos teniendo, pero se están agotando.

En este contexto, un reciente informe del FMI informaba de que dos tercios del crecimiento obtenido en España durante 2016 se debe a los vientos de cola (bajos precios del petróleo y de los tipos de interés), lo que ha permitido reducir los altos niveles de desempleo y aumentar el empleo, pero no parece que las perspectivas económicas confirmen la continuidad de dichos factores externos.

Por todo ello, los jóvenes no pueden quedar excluidos del mercado laboral y deben constituir la prioridad de las políticas de empleo. Ello exige una formación acorde a las necesidades del mercado de trabajo, empleo de calidad y con derechos y políticas en materia de empleo juvenil que mejoren la empleabilidad de este colectivo tan duramente golpeado por la crisis. Si los jóvenes no encuentran trabajo, nuestro país tiene un problema muy grave ya que las cicatrices producidas por el desempleo de los jóvenes no se curarán fácilmente. Es urgente y necesario capacidad política para enfrentarse a los importantes desequilibrios y debilidades estructurales del mercado de trabajo.

Vicente Castelló Roselló es profesor de la Universidad Jaume I y miembro del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local.

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