Tribuna

Nueva era de innovación en la relación banca-pymes

La colaboración tecnológica se revela como la vía más evidente para mejorar la financiación de las pymes y crear valor para los financiadores

Pocos sectores tienen el privilegio de contar con clientes tan fieles como el de la banca. Las pymes, que representan más del 65% del empleo y un enorme potencial de rentabilidad para el sector, siguen siendo fieles a sus bancos a pesar de la drástica restricción del crédito en los años de la crisis y la progresiva despersonalización de sus sucursales.

Paradójicamente, la lealtad de las pequeñas empresas no es correspondida por la entidades financieras como se merece: la banca tarda dos meses en contestar a sus solicitudes de financiación y, en caso de dar una respuesta afirmativa, cobra a las pymes más de un 10% anual en uno contexto de tipos de interés cero. No es de extrañar, pues, que las pequeñas empresas se sientan ninguneadas.

Ante esta situación, cabe preguntarse por qué las pymes no reciben la atención que merecen de los bancos, siendo como son el motor económico del país y quizás el último reducto de rentabilidad para la banca. La respuesta es que prestar a la pequeña empresa no es nada fácil.

Por un lado, las pymes no ofrecen información financiera estructurada y contrastada que permita valorar su riesgo, y sus balances son menos relevantes a la hora de hacer un análisis que otros aspectos cualitativos como la posición en el mercado, su reputación o la dedicación de sus gestores. Por otro lado, la banca ha perdido la cercanía con sus clientes y empobrecido la compresión de estas variables cualitativas debido al cierre de sucursales (más de 15.000 desde 2008, es decir el 40% de toda la red) y a la centralización de los procesos de decisión crediticia.

"Hasta el momento, la mayoría de los esfuerzos se han centrado en la mejora de los escaparates digitales, que no canales de relación"

La palabra crédito proviene del latín credere, es decir, creer, confiar. Del análisis de la lenta y costosa financiación de las pequeñas empresas se deriva que existe una brecha de confianza entre la banca y las pymes. Superarla y mejorar los servicios financieros pasa por no repetir los esquemas fallidos del pasado e innovar con tecnología en procesos y en enriquecimiento de fuentes de información.

Hasta el momento, la mayoría de los esfuerzos se han centrado en la mejora de los escaparates digitales, que no verdaderos canales de relación, pero ya hay iniciativas que van mucho más allá. Al menos existen otras cuatro vías claras de innovación en el análisis y gestión de riesgos que ya están dando buenos resultados.

La primera vía para mejorar la financiación es recopilar datos cualitativos relevantes que permitan conocer mejor a la pyme: reputación del empresario, satisfacción de clientes, calidad de clientes, impacto local y ambiental, presencia en los medios y en la web, calidad y dedicación del equipo gestor, etc.

En segundo lugar, es necesario desarrollar modelos híbridos de riesgos que tengan en cuenta la realidad cualitativa de la pyme, ya que los indicadores estándar no permiten una buena comprensión.

Urge, en tercer lugar, aumentar la automatización de la recopilación y los análisis preliminares, dejando así tiempo a los gestores de cuentas para dedicarse a dar un mejor servicio al cliente (y a conseguir más clientes) y para aportar información diferencial.

Por último, es indispensable simplificar los procesos de decisión de riesgo y acelerar la transformación digital para ponérselo más fácil a la pyme y hacer que su financiación sea más rentable a las entidades.

Me consta que algunas entidades están trabajando en estos y otros ejes de innovación. Los bancos conocen a sus clientes, cuentan con recursos económicos colosales para invertir en I+D+i y, muy a menudo, sus directivos tienen la visión necesaria para innovar. Desafortunadamente, la lentitud y la resistencia al cambio en muchas organizaciones hace que las buenas intenciones se queden en agua de borrajas.

Entre tanto, han irrumpido en el mercado las fintech, equipos de alto rendimiento con una visión de gestión de cambio, totalmente focalizados en encontrar soluciones a un problema de gran magnitud. El resultado es que consiguen más en menos tiempo. Sin embargo, no han tenido todavía un gran impacto sobre las pymes, un sector donde la banca continúa manteniendo el monopolio de la financiación, con el 97% de los préstamos.

En pleno debate sobre cómo debe ser la coexistencia de la banca tradicional y las fintech –que suelen aparecer como antagonistas en foros y medios de comunicación–, la colaboración tecnológica se revela como la vía más evidente para mejorar la financiación de las pymes y crear valor para el conjunto de los financiadores.

Entramos pues, en una nueva era del sector financiero, en la que todos los actores debemos cooperar e innovar en herramientas de análisis y decisión para mejorar la financiación a las pymes si queremos que sigan siendo el pilar económico y social de nuestro país.

Alberto Sánchez Navalpotro es director general de Inbonis.

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