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China podría tener una crisis de crédito

El rápido aumento de la deuda coloca al país ante una probable corrección en el sistema de préstamos

Sede central del Banco Popular de China, en Pekín.
Sede central del Banco Popular de China, en Pekín.

Los reguladores y los inversores se preguntan si China será capaz de evitar una crisis financiera después de un rápido aumento del apalancamiento. Además, los lazos entre el sistema bancario oficial y las instituciones en la sombra se han más que duplicado en los dos últimos años, y son más difíciles de desentrañar. China podría evitar una crisis, pero podría encontrarse con una contracción del crédito más difícil de esquivar.

La deuda china se ha disparado. El crédito no financiero total ha aumentado hasta unas 2,5 veces la producción anual en el primer trimestre. Es ya más o menos igual –en relación al tamaño– que la de EE UU.

La historia muestra que cuando la deuda supera al crecimiento del PIB, aumenta la probabilidad de accidentes. Pero en este caso, no es solo el aumento absoluto del apalancamiento lo que preocupa: la velocidad a la que se ha ampliado la deuda también implica que hay una red cada vez más compleja de transacciones y productos financieros que conecta a los grandes bancos con los pequeños y con las instituciones financieras en la sombra que operan fuera de la red oficial de seguridad.

Los bancos chinos han incorporado 6,6 billones de euros en nuevos activos –que equivalen a unos dos tercios del PIB– desde finales de 2014. En el mismo período, los depósitos sólo han aumentado unos 2,7 billones de euros. La mayor parte del aumento de los préstamos se concentra fuera de los cuatro bancos estatales más grandes.

Los lazos entre el sistema bancario oficial y las instituciones en la sombra han crecido mucho, y son más difíciles de desentrañar

Algunos pequeños prestamistas obtienen casi la mitad de sus fondos de otras instituciones financieras, y no de los depositantes. Eso los hace más vulnerables a impactos repentinos en la confianza.

Los bancos comerciales locales y de tamaño medio a menudo son las principales fuentes de financiación de los gobiernos locales y las inmobiliarias. En lugar de depender de los depósitos, estos bancos transforman a menudo préstamos en productos de gestión de patrimonio que se venden a minoristas u otras instituciones.

Esos fondos se empaquetan de nuevo –con frecuencia, muchas veces más– y se intercambian entre los bancos y otras entidades, como empresas de gestión de activos. Esto permite a los pequeños respaldar su exceso de crédito, al tiempo que eluden las normas que obligan a tener grandes provisiones para los créditos fallidos.

El mercado interbancario conecta a los bancos fuertes con sus contrapartes más débiles y los prestamistas en la sombra. Más del 80% de los préstamos interbancarios se realizan a un día. El Banco Popular de China –el banco central– está tratando de forzar a los bancos a pedir prestado por períodos de 7 o 14 días, al tiempo que encarece la financiación a un día. Pero es difícil saber si lo ha conseguido, ya que los bancos no publican datos sobre los préstamos interbancarios.

China podría sufrir una fuerte corrección en su vertiginoso sector inmobiliario, o el colapso de una empresa de gestión de activos mal dirigida. Eso podría afectar al valor de los productos emitidos por un banco pequeño, y los clientes podrían retirar fondos o exigir una indemnización. Esto a su vez podría llevar a los bancos más grandes a reducir su exposición interbancaria a los pequeños. El coste del crédito a un día repuntaría, obligando a los bancos de menor tamaño a cobrar préstamos concedidos o a vender activos de forma obligada.

El banco central puede inundar el mercado con liquidez y ordenar a los bancos estatales que sigan prestando, pero el sistema está tan entrelazado que los reguladores tardarían en localizar los problemas.

¿Puede China evitar una crisis? Depende de lo que entendamos por crisis. El Banco Popular de China puede evitar un colapso, estilo Lehman, de una institución financiera importante. También intervendría rápidamente para detener el pánico en cualquier entidad, enviando dinero para tranquilizar a los depositantes. El gobierno puede obligar a los bancos, brókeres y compañías de seguros a que ayuden a apuntalar a empresas en dificultades –de forma similar al rescate bursáitl del verano de 2015.

Pero si el crédito continúa disparándose, parece cada vez más probable que haya una corrección. Una disminución o incluso una desaceleración del crédito podría desencadenar una cascada de impagos, empezando por el sector financiero no bancario, y más tarde en los bancos pequeños y la economía real. Reciba o no el nombre de crisis, será sin duda doloroso.

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