Tribuna

Una oportunidad para el negocio marítimo

La revolución tecnológica está comenzando a penetrar en las estructuras del negocio

El transporte marítimo ha sido tradicionalmente bastante refractario a los cambios, al menos en lo que se refiere a los procesos internos y a las relaciones entre operadores, que se han mantenido inalterados durante siglos. Además, esta forma de entender el negocio se tenía que traducir en un déficit de transparencia y de eficiencia en la esfera del cliente. De hecho, hoy mismo, la mayor parte de los usuarios de los servicios de transporte marítimo desconoce los procesos que soportan esta actividad, a lo que se suma una inexplicable ineficiencia –inexplicable, dado el estado de desarrollo de la tecnología– en áreas tan básicas como la provisión de información comercial a los cargadores.

No obstante, la buena noticia para el sector marítimo nos indica que la revolución tecnológica, aunque de forma más lenta en comparación con otros sectores, está comenzando a penetrar en las estructuras de este negocio, a lo que contribuye el hecho de encontrarnos ante una industria que soporta la mayor parte del comercio mundial y genera un negocio anual de 350.000 millones de dólares en términos globales. Sin duda, un mercado de tal magnitud tenía que erigirse obligatoriamente en un poderoso polo de atracción para nuevos operadores y, sobre todo, para aquellos con capacidad de aportar mejoras de eficiencia en la cadena logística, cada día más presionada por la demanda de un mercado global y marcada por el extraordinario desarrollo del e-commerce, que exige mejoras constantes en términos de rapidez.

Esta circunstancia, por ejemplo, explicaría que un gigante internacional como Amazon, en un intento por rebajar los 11.500 millones de dólares que le cuesta anualmente su factura logística, haya adquirido una licencia para operar como transitario e incluso operar sus propios buques de carga en la rutas transoceánicas entre China y Estados Unidos. Su objetivo no es otro que controlar todo el proceso, que abarca desde que un cliente hace clic en la opción de compra hasta que recibe en casa su pedido, al tiempo que hacerse con una parte sustancial del negocio logístico subyacente a su actividad.

Hay que decir además que, junto con las transformación de los procesos y las operaciones relacionadas con la gestión de las cargas y del transporte, que aporta reducciones drásticas de los tiempos de tránsito y operacionales, además de un menor inventario para las empresas y mayor volumen de negocio para todos los actores, se está produciendo un avance muy importante en lo que se refiere al aumento de la capacidad de carga de los buques con el fin de abaratar los costes del transporte. A este respecto, se espera que la nueva generación de barcos, con capacidad de 18.000 a 20.000 contenedores (en comparación con una capacidad media actual de 5.000) supondrá el 62% de la flota mundial total de contenedores en 2030. Ello propiciará, sin duda, la adaptación de las dársenas para acoger a estos gigantes del mar, lo mismo que la ampliación de sus instalaciones con el fin de incrementar su capacidad de operaciones.

"Se espera que la nueva generación de barcos supondrá el 62% de la flota mundial"

La pregunta que cabría hacerse en este punto es si España podrá sacar partido de toda esta carrera de transformaciones. Y la conclusión resulta positiva si tomamos en consideración dos aspectos. Por un lado, en su tejido empresarial se han generado iniciativas que suponen un cambio disruptivo en la gestión de los servicios marítimos, que aspiran a convertirse en estándar internacional en lo que se refiere a la facilidad para contratar y gestionar el transporte de carga. Y, por otro, nuestra posición geográfica privilegiada hace que puertos como Valencia, Bahía de Algeciras o Barcelona se cuenten entre los seis con más tráfico de contenedores de Europa y que sigan sumando tráficos internacionales. Y ello como consecuencia de propiciar, sobre todo con respecto a los envíos hacia el Lejano Oriente, unos tiempos de tránsito menores que las de los puertos del norte, lo que se traduce en un ahorro de tiempos y costes y en una reducción de emisiones de CO2, aspecto este que tendrá cada día más impacto en el balance social de las empresas.

Por tanto, la posición privilegiada de nuestros puertos, unida a la introducción de las nuevas tecnologías en el negocio marítimo, con su capacidad para reducir plazos de entrega y extracostes y estandarizar procesos, viene a configurar un modelo de industria marítima 4.0 en la que España, por fuerza, tiene que ser un actor de primera línea.

Jaime Jiménez es CEO de iContainers.

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