Escapadas para senderistas y cicloturistas

A pie o en bici por las Vías Verdes

Son una forma única y diferente de adentrarse en algunos de los enclaves naturales más atractivos de nuestro país.

A pie o en bici por las Vías Verdes

Atraviesan montañas, bosques y parques naturales, recorren el litoral, las orillas de los ríos… En España existen cerca de 2.500 kilómetros de infraestructuras ferroviarias en desuso, que bien podrían estar abandonadas y con los viejos raíles oxidados. Sin embargo, gracias a una iniciativa original y sostenible, estos caminos de hierro han sido transformados en senderos para disfrutar de ellos a pie, en bicicleta o a caballo. Son las conocidas como Vías Verdes, una forma diferente de adentrarse en algunos de los enclaves naturales más atractivos de nuestro país. Y es que estas sendas brindan la oportunidad de disfrutar de pueblos, paisajes, puentes, viaductos o misteriosos túneles que en épocas pasadas solo era posible apreciar desde la ventanilla del tren.

Con las vacaciones casi olvidadas y el otoño a la vuelta de la esquina, planear una escapada para las próximas semanas seguro que levantará el ánimo a más de uno. La que sigue es una pequeña selección para despedir el verano.

Empezamos en el antiguo trazado ferroviario que unía Tortosa y las Tierras del Ebro con Aragón. La Vía Verde de Val de Zafán (101 kilómetros) transcurre por bosques cercanos a lugares como Alcañiz, escenario de las guerras carlistas o la estación de Torre del Compte, convertida en hotel y restaurante. El recorrido acompaña al río Ebro y atraviesa paisajes de olivos, almendros, viñedos y zonas boscosas de pinos.

Más al sur, entre Teruel y la costa valenciana, la vía de Los Ojos Negros es la más larga de la red. Se extiende 160 kilómetros siguiendo el trazado del ferrocarril minero de Sierra Menera. Parte de la provincia de Teruel, alcanza Sagunto, en Valencia, y atraviesa Castellón.

Los valles de Leitzaran y Larraun, que unen tierras de Gipuzkoa y Navarra, son un santuario natural. Entre sus laderas de hayas y robles, un pequeño ferrocarril de vía estrecha serpenteaba hasta mediados del siglo XX. Hoy, la Vía Verde de Plazaola se abre a ciclistas y caminantes a lo largo de 40 kilómetros, con una quincena de túneles perfectamente acondicionados que se convierten en un aliciente más del recorrido.

Una interminable extensión de olivos salpicada de cortijos y 13 viaductos metálicos del siglo XIX son las principales señas de identidad de los 128 kilómetros de este itinerario que discurre entre las provincias de Jaén y Córdoba siguiendo el trazado del antiguo Tren del Aceite.

Y también en Andalucía, la Vía Verde de la Sierra, al pie de los montes más meridionales de la península Ibérica, comienza en la antigua estación de Olvera, donde se ha instalado un hotel y restaurante con un especial encanto. La ruta sigue paralela a las orillas de varios ríos y pasa por lugares como el peñón de Zaframagón, una de las reservas de buitres más pobladas de Europa.

Una red accesible y para todos

Vía verde del Val de Zafán.
Vía verde del Val de Zafán.

Sustituyen a las antiguas rutas ferroviarias, principalmente mineras, que con el paso de los años fueron perdiendo su utilidad. Esta peculiaridad las hace únicas: solo se pueden denominar Vías Verdes, una iniciativa coordinada por la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, a aquellas que discurren por un trazado ferroviario. Suman más de 115 repartidas por todo el país, excepto en las islas Canarias, y se extienden tanto por el interior como en zonas próximas a la costa. Y son muy variadas: desde sendas rurales hasta caminos urbanos, desde recorridos de poco más de cinco kilómetros hasta trayectos que superan los 100 kilómetros.

Los trazados son suaves, con desniveles que raramente superan el 3% y curvas amplias que garantizan una accesibilidad universal a todo el que quiera disfrutar de la naturaleza. No importa la edad ni la forma física ni la movilidad reducida o cualquier otra discapacidad. Son recorridos aptos para cualquier aficionado al senderismo o al cicloturismo.

Ya se han recuperado más de cien antiguas estaciones para prestar servicios al viajero: pequeños hoteles con encanto, albergues, restaurantes, cafés, museos del ferrocarril o de la naturaleza, puntos de información turística o de alquiler de bicicletas, piscinas públicas...

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