Centros de datos, las fábricas del siglo XXI

El descomunal rastro de CO2 de tu WhatsApp

Compañías energéticas y tecnológicas buscan fórmulas para mitigar el impacto ecológico de internet, pero el maridaje no es sencillo. La CE promueve el uso de energías renovables en los centros de datos

Bruselas / Madrid
Usuario de la aplicación de mensajería WhatsApp.
Usuario de la aplicación de mensajería WhatsApp.

El impacto medioambiental del tráfico digital se acerca ya al de un sector tan contaminante como el aéreo, con una estela de “datos sucios" que empieza a inquietar a autoridades, consumidores y a las propias compañías de la industria de telecomunicaciones. Cada minuto, se envían 150 millones de SMS o se realizan 2,4 millones de búsquedas en internet. Una frenética actividad –que también incluye la actualización del perfil en Facebook o el envío de mensajes por WhatsApp– que genera un consumo energético y un nivel de emisiones de CO2 equiparable al de industrias aparentemente más pesadas.

El tráfico y el almacenamiento de datos –impulsado por servicios en la nube como Netflix–, la llegada del internet de las cosas o el hecho de que todo el mundo tiene un teléfono móvil conectado supone ya el 2% de la emisión mundial de gases con efecto invernadero. “Cada correo electrónico genera 4 gramos de CO2 y el envío de 65 emails equivale a recorrer un kilómetro en automóvil", ilustra la consultora FTI Consulting.

'Brexit' de datos

El descomunal rastro de CO2 de tu WhatsApp

Reino Unido domina el mercado europeo de centros de datos con una cuota del 60% y entre 250 y 300 instalaciones, según las cifras que maneja la Comisión Europea. La salida del país de la Unión Europea, aprobada en referéndum el 23 de junio, podría poner en peligro el liderazgo de Reino Unido, sobre todo, si la legislación europea acaba imponiendo la conservación física de los datos en suelo comunitario. Reino Unido también era hasta ahora uno de los mercados que más crecía (9% frente a una media del 5% en la UE), pero podría enfrentarse ahora a una competencia mayor.

La mayor parte del consumo energético de las industrias virtuales está vinculada a los inmensos centros de datos y servidores que forman la trastienda de internet. La Comisión Europea calcula que esas infraestructuras –consideradas ya las fábricas del siglo XXI– consumen el 35% de la energía de todo el sector de las telecomunicaciones.

  • Alta demanda energética

Bruselas cifra en hasta 5.000 megavatios por hora la demanda de electricidad por parte de estos almacenes de datos en Europa. Un consumo llamado a dispararse en los próximos años, a juzgar por el crecimiento exponencial de ese tipo de centros.

La consultora FTI Consulting calcula que el volumen de datos se multiplicará por diez en apenas cuatro años, pasando de 4,4 billones de gigabytes a 44 billones en 2020. Y es que diferentes fuentes estiman que para ese año habrá más de 25.000 millones de dispositivos conectados generando enormes cantidades de datos. La consultora señala en un reciente informe que ese salto supondrá un colosal desafío de gestión para las compañías de internet, a las que recomienda que empiecen a involucrarse en debates aparentemente ajenos, como los de la política energética.

De momento, según reconoce el informe, compañías tecnológicas y energéticas libran la batalla medioambiental por su cuenta. A menudo, los centros de datos se dotan de sus propias fuentes de energía renovable sin recurrir a las ya existentes.

El maridaje entre ambos sectores para evitar redundancias parece lógico. Pero los expertos de FTI reconocen que no es sencillo y ponen como ejemplo una reciente experiencia de Apple en Dinamarca. La compañía de la manzana planteó la venta del excedente de energía de su centro de datos en suelo danés a una ciudad cercana. Pero la propuesta, según se comprobó, requería por parte del ayuntamiento afectado una inversión de 30 millones de euros y la adaptación de las 7.000 viviendas a la nueva fuente.

Cada minuto, se envían 150 millones de SMS o se realizan 2,4 millones de búsquedas en internet

FTI considera, no obstante, que ambos sectores están llamados a relacionarse y recomienda a energéticas y tecnológicas que dejen atrás “su zona de confort” y se preparen para una inevitable evolución en paralelo. De hecho, los centros de datos y su descomunal consumo energético ya forman una parte esencial de la agenda energética de la Comisión Europea, en particular, de sus capítulos dedicados a mejorar la eficiencia.

Bruselas calcula que entre el 35% y el 40% de la factura de la luz de los centros de datos se debe a los procesos de refrigeración de los locales que albergan los servidores de datos. La CE ha puesto ya en marcha iniciativas para ayudar al sector a reducir el consumo derivado de ese enfriamiento. El proyecto de investigación de la CE llamado RenewIT promueve el uso de energías renovables en los centros de datos y medidas para mejorar la eficiencia energética de las instalaciones.

Empresas como Google, Facebook, Apple o Microsoft ya han iniciado la misma senda y han invertido miles de millones en reducir la huella de CO2 de sus gigantescos centros de datos. Google, por ejemplo, asegura que en los últimos diez años han desarrollado técnicas de eficiencia energética de última generación para sus centros de datos. La firma calcula que “con la misma energía ahora logramos el triple de rendimiento". Y ha inventado técnicas de refrigeración que han supuesto una considerable mejoría. El buscador estadounidense, señala FTI, fue pionero en elevar la temperatura de los centros de datos “al percatarse de que los equipos funcionaban igual de bien a 27 grados que a 20, que era la práctica habitual hasta entonces".

El tráfico y el almacenamiento de datos, la llegada del internet de las cosas o el hecho de que todo el mundo tiene un teléfono móvil conectado supone ya el 2% de la emisión mundial de gases con efecto invernadero

  • Pioneros en renovables

Google y Facebook se han convertido en consumidores de energía eólica y solar, con el objetivo de cubrir sus necesidades energéticas con fuentes renovables. La red social opera varias granjas de servicios, algunas de ellas aproximadamente del tamaño de seis campos de fútbol. El director de sostenibilidad de Facebook, Bill Weihl, aseguró recientemente a CBC News que su compañía ha ahorrado cerca de 2.000 millones de dólares en costes energéticos mediante el uso de centros de datos más eficientes.

La mayor parte de los centros de datos europeos se encuentran en Reino Unido, un país que copa el 60% de ese mercado. La CE recuerda que, según los datos de los especialistas, el 99% de las localizaciones de estas instalaciones en Europa pueden recurrir a técnicas de enfriamiento de bajo consumo energético, como bombas de aire o ventiladores. Solo algunas áreas del noroeste de España, del suroeste de Irlanda y una zona de Sicilia no pueden depender todo el año de esas técnicas alternativas al aire acondicionado, por ser demasiado calurosas.

La CE lamenta, sin embargo, que muchos de los centros de datos se mantienen en locales mal acondicionados, lo cual deriva en un excesivo consumo de energía y en más emisiones de CO2. Desde 2008, la UE cuenta con un Código de Conducta voluntario, con una serie de normas para mejorar el rendimiento energético de los centros de datos y reducir el consumo, sobre todo, en refrigeración. Más de 110 empresas han suscrito el Código, según la Comisión, con una cifra total de más de 300 centros de datos. Aun así, la CE considera que se podría mejorar la eficiencia. “Por desgracia", señala el organismo, “la rápida evolución de las tecnologías en almacenamiento de datos no va acompañada de una evolución similar en las infraestructura físicas y en los edificios que los albergan".

FTI Consulting subraya que Bruselas va a actualizar su normativa sobre eficiencia energética y que el establecimiento de objetivos vinculantes “podría forzar a la industria a adaptar su consumo energético con una serie de medidas". La consultora apunta hacia soluciones como la climatización eficiente o la optimización en la distribución de energía. Pero advierte de que la errática política energética de la UE, con la Comisión y el Parlamento Europeo “defendiendo puntos de vista diametralmente opuestos", podría minar la inversión necesaria.

Google sostiene que los equipos funcionan igual de bien a 27 grados que a 20, que era la práctica habitual

En EE UU, indica FTI, el año 2015 registró un espectacular aumento en el mercado de los centros de datos, que creció un 6,1% gracias a la inversión procedente de nuevos actores, como las empresas relacionadas con el sector sanitario.

La consultora espera que Europa recorte distancias con EEUU y que el mercado de centros de datos crezca un 11% al año hasta 2019, “con Reino Unido, Alemania, Francia, Suecia y el Benelux como principales mercados". La creación de centros se ve favorecida por la creciente presión para que los datos se conserven en suelo europeo, algo alentado por la jurisprudencia del Tribunal europeo de Justicia, que podría obligar a las multinacionales estadounidenses a multiplicar el número de servidores en la UE. En términos de empleo, la proliferación de centros podría crear hasta 341.000 puestos de trabajo antes de 2020, según datos manejados por FTI.

 

En barcos, rascacielos o prefabricados

Centro de datos en la localidad madrileña de Alcalá de Henares.
Centro de datos en la localidad madrileña de Alcalá de Henares.

Para solucionar el problema del enorme consumo energético que supone la proliferación de los centros de datos se han puesto en marcha diferentes iniciativas en distintas partes del mundo. La compañía Nautilus Data Technologies presume de haber creado el primer centro de datos en un barco en el mundo. Situado a unos 40 kilómetros de San Francisco, asegura que es una solución “altamente eficiente y sostenible”, según explicó a CBC News el vicepresidente de la firma, Kirk Horton.

Lo que hace especial a este centro de datos no es solo que esté en el océano, sino que se refresca con el agua sobre la que flota. Así, según recoge la citada publicación, el barco cuenta con unas tuberías a través de las cuales circula el agua y enfría los equipos que almacenan los datos. Arnold Magcale, consejero delegado de Nautilus, alega que con esta solución se crea un círculo virtuoso. “Lo que hacemos aquí es mover agua en lugar de aire, lo que es cinco veces más eficiente”. Según Horton, la propuesta podría ahorrar a las empresas hasta un 40% de su factura energética.

Más allá de este centro de datos flotante, otra idea ha surgido para tratar de solventar un problema para mucha gente desconocido: el crecimiento de las granjas de servidores para dar respuesta a la generación masiva de datos en la era digital. Una pareja de arquitectos italianos ha diseñado un edificio de 50 metros de altura con el objetivo de contener en su interior miles de servidores solo con energía renovable. Valeria Mercuri y Marco Merletti diseñaron este edificio para que fuese instalado en Islandia y lograron la tercera plaza en el concurso eVolo de diseño de rascacielos. Su centro de datos tiene un diseño cilíndrico, con 65 pisos para servidores, que funciona en un 100% con energía limpia.

Concretamente, con su construcción en Islandia se podría utilizar energía hidroeléctrica y geotérmica. Además, por su proximidad al círculo polar ártico, el edificio tendría una refrigeración natural y requeriría menos energía. Otra ventaja, según sus impulsores, es que debido a su ubicación podría ser utilizado por empresas estadounidenses y europeas, según advierte el Daily Mail.

Según la consultora Gartner, los centros de datos generarán un negocio de 45.000 millones de dólares en 2020. Y algunas compañías especializadas en gestión de la energía, como Schneider Electric, también trabajan en soluciones novedosas que ofrecer a las empresas, cada vez más digitalizadas. Esta compañía impulsa desde hace algún tiempo su negocio de centros de datos prefabricados (un concepto muy conocido en el sector inmobiliario) de los que destacan su eficiencia energética. También subrayan otras ventajas, la flexibilidad y escalabilidad que ofrecen y su rápido despliegue en su fase de construcción.