El Foco

La zona cero y la banca

Las alegrías que nos han dado las medidas no convencionales del BCE en términos de reducción de los costes de financiación (tanto para empresas y familias como para las Administraciones públicas), empiezan a tener efectos colaterales sobre la estabilidad financiera. No hay más que leer el recién publicado informe de estabilidad financiera del Banco de España para ver el efecto que la caída de tipos de interés ha tenido en 2015 en la rentabilidad del sector bancario español. En su negocio en España, el margen de intermediar los depósitos en créditos ha caído un 2%, lo que es decisivo a la hora de explicar la caída de la rentabilidad en 2015. En relación a los recursos propios, ha caído hasta el 4,4%, 0,6 puntos porcentuales menos que en 2014.

La caída de tipos de interés en 2014 mejoró el margen de intermediación porque los tipos pasivos cayeron más deprisa que los activos. Pero una vez los tipos de los depósitos son muy reducidos y se acercan a la zona cero, ya no tienen recorrido a la baja, por lo que el margen de intereses se reduce con la caída del tipo de interés de los préstamos. Esto es lo que ha ocurrido en 2015. Y salvo que la banca traspase la zona cero y se introduzca en la zona desconocida de tipos negativos (lo que implica cobrar por los depósitos), el margen puede seguir cayendo.

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El Banco de España demuestra que si bien los cambios en la composición del balance de los bancos españoles han contribuido en 2015 a mejorar el margen de intermediación, la distinta intensidad de caída de los tipos activos y pasivos ha hundido el margen. De su análisis se desprende un mensaje preocupante compartido por el sector: si los tipos siguen cayendo, presionarán a la baja aún más la rentabilidad.

Si se desciende en la cuenta de resultados, la única alegría la aporta la reducción en las necesidades de provisiones como consecuencia de la caída de la morosidad. La otra cara de la moneda que da menos alegrías es el elevado volumen de activos improductivos, que no son solo los morosos, sino también los activos adjudicados en pago de deudas. Estamos hablando nada menos que de 213.000 millones de euros, que lastran la recuperación de la rentabilidad ya que no aportan ingresos pero sí costes, tanto financieros como operativos. De esa cifra, casi el 40% (84.000 millones) son los adjudicados, que lejos de caer, han aumentado en 2015. Con estos adjudicados, la verdadera tasa de mora del negocio en España es del 15,5%.

Otro hecho que llama la atención es que a pesar del intenso ajuste en la capacidad instalada en términos de oficinas y empleos, los gastos de explotación no han caído en 2015, por lo que no han contribuido a mejorar la rentabilidad sino todo lo contrario. El problema es que el gasto medio por empleado y por oficina han aumentado.

La rentabilidad de la banca española es mayor cuando analizamos todo su negocio y no solo el doméstico en España. La elevada presencia internacional, sobre todo del Santander y BBVA, es lo que explica que el negocio en el extranjero ya represente el 45% del total, y los mayores márgenes que en este negocio se consiguen explican la mayor rentabilidad. En concreto, el beneficio por unidad de recursos propios (ROE) aumenta al 5,6%, 1,2 puntos porcentuales por encima de la rentabilidad en España.

En cualquier caso, en relación a 2014, también ha caído la rentabilidad incluyendo el negocio en el exterior, habiendo disminuido un 3,5% el resultado neto. Los problemas de algunos de los países emergentes donde los grandes bancos españoles tienen exposición afectan negativamente a la rentabilidad, no solo por el menor negocio, sino por la depreciación de las monedas en relación al euro. En el caso de Brasil, cuyo PIB en 2015 cayó un 3,8%, la apreciación del euro frente al real ha sido del 33%.

En este escenario, ¿qué puede deparar el 2016 a la rentabilidad del sector bancario español? Me temo que una nueva caída del margen de intermediación viendo que en los primeros meses del año los tipos de interés de los préstamos siguen cayendo y que la competencia por dar crédito es intensa, e incluso excesiva en algunos casos.

Para el Banco de España al menos, prima más la estabilidad financiera que la competencia

No hay más que leer la nueva circular del Banco de España sobre normas de información financiera que entra en vigor en octubre donde se establece que “la política de precios deberá estar orientada a cubrir, al menos, los costes de financiación, de estructura y de riesgo de crédito inherente a cada clase de operación”. La concesión de una operación con un tipo de interés por debajo de su coste es una pérdida que se computa como un gasto en la cuenta de pérdidas y ganancias. En resumen, hay que penalizar a las entidades que hagan dumping. Prima por tanto más la estabilidad financiera que la competencia, al menos para el Banco de España.

En este contexto de riesgos que afectan al negocio bancario se entiende la importante corrección que han sufrido los valores bancarios en los últimos meses y que reflejan el poco atractivo para los inversores. Ahora mismo la banca española no es capaz de conseguir la rentabilidad que exige el inversor, y que se sitúa en torno al 8%, 2,4 puntos porcentuales por encima de la que ofrece la banca española y 3,6 puntos porcentuales por encima de la rentabilidad del negocio doméstico.

El consuelo a la baja rentabilidad es que no es un problema exclusivo de la banca española, ya que es incluso más intenso en otros sectores bancarios europeos. El problema añadido en España es que a pesar del esfuerzo de nuestros bancos con incrementar sus recursos propios, los niveles actuales de solvencia están por debajo de la media europea. No hay más remedio que seguir reduciendo costes y echar mano de las comisiones, cobrando por los servicios que hasta ahora no se cobraban de forma explícita (aunque sí de forma implícita en los mayores márgenes del pasado) para asegurar la viabilidad futura del sector.

Joaquín Maudos es Catedrático de Economía de la Universidad de Valencia. Director Adjunto del Ivie y Colaborador del CUNEF