Comercializar 300 millones a partir de 10.000 euros

Santander vende bonos a pequeños inversores que dan hasta el 2% anual

Ana Botín, presidenta de Santander.
Ana Botín, presidenta de Santander.

La guerra del pasivo está sufriendo una metamorfosis desde hace meses. La nueva vuelta de tuerca del BCE, que ha dejado el tipo de interés del dinero en el 0%, repercute en la rentabilidad que las entidades financieras ofrecen en los depósitos clásicos. Las imposiciones a un año o menos ofrecían una rentabilidad media del 0,32% en enero, según los datos del Banco de España. El porcentaje contrasta con el 2,97% de finales de 2012, cuando los bancos exprimían su poderosa red de oficinas para conseguir liquidez de los pequeños clientes.

La tendencia de hacer más sofisticados los productos de ahorro se incrementa a medida que baja la capacidad de ofrecer rentabilidades atractivas. Una mayoría de entidades financieras, como Popular, BBVA, Bankinter, Sabadell, Bankia, entre muchas otras, han lanzado depósitos estructurados en los últimos meses. Son imposiciones a plazo que suelen ofrecer un tipo de interés mínimo, pero que tienen el incentivo de pagar más a vencimiento si un índice o una cesta de valores se revaloriza por encima de un determinado umbral.

Santander lleva desde el año pasado con una estrategia particular. En lugar de comercializar solo depósitos, también vende bonos estructurados. Desde abril de 2015 ha comercializado este tipo de productos por un importe de hasta 1.550 millones de euros. Los vencimientos varían entre los tres y los cinco años.

Ayer, la entidad que preside Ana Botín registró en la CNMV, a través de una de sus filiales –Emisora Santander España–, el folleto de deuda estructurada dirigida a particulares con una inversión mínima de 10.000 euros. El importe máximo de la emisión son 300 millones de euros, que se venderán hasta el próximo 27 de abril. La fecha de vencimiento es mayo de 2021 y su rentabilidad máxima será del 2% anual.

El deber de que tengan una tasación externa

Los productos estructurados dirigidos a particulares deben contar con la valoración de un experto independiente por regla general. Analistas Financieros Internacionales (Afi) ha elaborado el de los bonos que Santander comercializa desde ayer y determina que su valor estaría en un rango de entre el 97,55% y el 98,47% “a fecha de emisión en condiciones de mercado mayorista”. El análisis tiene en cuenta los tipos de interés actuales, las cotizaciones de las acciones de Sanofi, Apple y Unilever, su correlación, así como sus volatilidades y dividendos implícitos.

La recompensa se basará en la cotización de tres valores bien distintos: la farmacéutica francesa Sanofi, el gigante tecnológico cotizado en el Nasdaq Apple y la multinacional británico-holandesa de productos domésticos Unilever. Cada año, el inversor se jugará obtener una rentabilidad del 2% o del 0%, pues a finales de abril de 2017, 2018, 2019, 2020 y 2021 se comparará la cotización de cada uno de esos tres valores respecto a las del próximo 4 de mayo.

Si los precios están por encima, el inversor recibirá un 2% ese ejercicio; en caso contrario, no recibirá nada. El mejor escenario para el inversor supondrá una rentabilidad anual del 2% durante los cinco próximos años. En caso de que las tres acciones nunca superen al mismo tiempo y en las fechas de observación sus niveles, Santander les devolverá a vencimiento –el 4 de mayo de 2021– el capital inicial.

Una de las diferencias frente a un depósito clásico, además de la rentabilidad variable, está en que recuperar la inversión inicial puede conllevar pérdidas. Los bonos cotizarán en la plataforma Send, el mercado de renta fija corporativa para particulares propiedad de BME, pero no tienen por qué pagarse al 100% de su nominal. Así, los últimos bonos estructurados vendidos en oficina por Santander se pagan en el mencionado mercado por debajo del 100% del nominal en casi todos los casos. Los que se comercializaron, por ejemplo, en abril de 2015 tenían un precio de compra del 95%. Es decir, el vendedor sufriría una minusvalía del 5% y además debería pagar las comisiones de intermediación y de mercado correspondientes por deshacerse de esa deuda.

Los bancos que utilizan los bonos, ya sean estructurados o clásicos, como fórmula de obtener pasivo cuentan con otro incentivo. Se ahorran las facturas que deben pagar las entidades financieras tanto al Fondo de Garantía de Depósitos (FGD), al que deben entregar, ahora, el 0,2% anual del importe de los depósitos de hasta 100.000 euros –el importe garantizado–, como al fondo de rescate europeo, que en 2024 deberá contar con un importe igual al 1% de los depósitos. Los bonos, aunque no estén subordinados, no cuentan con la protección específica FGD y podrían sufrir quitas en caso de problemas de la entidad.