Editorial

El valor social de las empresas

El devastador tsunami que supuso la reciente crisis económica se llevó por delante muchísimas cosas: millones de puestos de trabajo, dolorosos recortes en el Estado de bienestar y masivos cierres de empresas de todos los tamaños. Pero también deterioró una gran cantidad de conceptos y preceptos. Uno de ellos fue la percepción global del valor de las empresas para el desarrollo del conjunto de la sociedad. Y eso es grave, porque son ellas, las empresas, una de las piezas maestras no ya de la superación definitiva de la crisis, sino del desarrollo correcto, sano y democrático de cualquier sociedad que se precie. Es, por tanto, absolutamente perentorio que las empresas se sacudan esa especie de pátina de depredadores que parece que las cubre y recuperen el papel de articulador del progreso y de generador y redistribuidor de la riqueza que la sociedad demanda. Algo en lo que deben implicarse todos los agentes sociales. El ejemplo de Mercadona, que ayer presentó resultados, puede y debe ser la primera gran piedra de toque. El grupo que preside Juan Roig anunció que, por decimoquinto año consecutivo, repartirá el 25% de los beneficios entre sus trabajadores, que ha vuelto a crear empleo estable o que ha conformado un clúster industrial de proveedores que suma ya un total de 240 fábricas repartidas por toda España.