Tribuna

Si hay que hacerlo, se hace

Lo relevante no es tanto que el Banco de Japón (BoJ) haya decidido adoptar nuevas medidas monetarias expansivas en su última reunión. Lo verdaderamente importante es que hasta hace apenas unos días su gobernador rechazaba esta posibilidad, confiado en que la política monetaria actual era más que suficiente. ¿Qué ha visto en este tiempo para llevar a un giro de 180 grados en su opinión?

Algunos analistas, con todo, consideran que las nuevas medidas adoptadas son aún insuficientes para alcanzar el objetivo de inflación del 2%. Incluso aunque se haya aplazado conseguirlo hasta la primera mitad del próximo año fiscal. Valoran de forma negativa especialmente dos factores: la debilidad de fondo de la economía japonesa y la más que probable estabilidad de los precios exteriores en niveles bajos. Pero, ante estos dos riesgos, también aparentemente se está preparando la autoridad monetaria japonesa. Y me refiero tanto al lenguaje empleado en el comunicado como a la predisposición a tomar más medidas “de cualquier tipo” si fuera preciso. Y esta condición se centra no solo en la evolución del crecimiento y de los precios externos, como también por el desarrollo de los acontecimientos en los mercados financieros internacionales. Sí, en mi opinión tendrá que materializar esta amenaza.

De hecho, los principales bancos centrales deberían estar preparados a tomar nuevas medidas expansivas si fuera preciso. Lo dicho: probablemente lo será. Empezando por el BCE en su reunión de marzo, algo que en parte ya adelantó el presidente, Mario Draghi, tras la última reunión. El deterioro de las perspectivas de inflación y algunos indicios de estabilidad en la mejora del crédito pueden ser el principal argumento. Pero, en el fondo, hay un objetivo implícito de aislar a los mercados financieros de la zona euro de la inestabilidad financiera internacional. Como en el caso del BoJ.

¿Y la Fed? Claro, al final cualquier decisión que tome será en función de los datos. Aunque estos datos han ido empeorando de forma reciente. Y me refiero a la evolución del consumo y de la inversión empresarial. Pero, también, al deterioro de las perspectivas de inflación. Es muy difícil que la Fed decida seguir la normalización de los tipos de interés al alza cuando se combinan el deterioro del escenario internacional con la inesperada debilidad de la economía norteamericana. ¿Temporal? Esperemos que sea así. Ya veremos.

Al final, lo que nos ha enseñado el fuerte deterioro de los mercados financieros durante el mes pasado es lo complicado que lo tienen nuestras autoridades monetarias mundiales para reducir el fuerte protagonismo que han mantenido en los últimos años. En política económica, en primer lugar; como creadores de mercado, es más que evidente. Al final, los mercados, como jueces y parte de la recuperación económica, obligan a realizar un seguimiento exhaustivo de su comportamiento. Más QE, posibilidad de bajar tipos y nuevas medidas de facilidad de crédito, como anunció el gobernador del BOJ el viernes pasado, pasan a ser medidas susceptibles de ser utilizadas en solitario o de forma conjunta en el futuro. ¿Y todo el debate sobre su efectividad? Me refiero al impacto sobre la inflación especialmente. La inflación es un fenómeno monetario, naturalmente. Pero, a corto y medio plazo, surgen factores que pueden limitar su recuperación. Factores coyunturales como la capacidad de producción infrautilizada y factores estructurales como la presión desinflacionista de las reformas estructurales en algunos países (la periferia europea), los bajos niveles previstos en los precios externos y hasta la falta de visibilidad económica a futuro. Será cuestión de tiempo, quizás mucho tiempo, para que la inflación mundial se pueda beneficiar de una política monetaria, también a nivel mundial, expansiva. Mientras, hay que depreciar la moneda (o impedir su apreciación) y sostener los mercados financieros porque no son objetivos menores.

Todo lo anterior nos deja un escenario a corto plazo (seguro) y a medio plazo (probable) de tipos de interés oficial y tipos de interés reales en la deuda pública a plazo casi nulos o negativos. La nueva normalidad en la curva de tipos debería beneficiar al resto de los activos de riesgo, especialmente a las Bolsas. Salvo que la debilidad económica a la que me refería antes no sea temporal en Estados Unidos y se acentúe en el caso de la economía china. En mi opinión, ambas economías suponen los dos lados de la misma moneda (economía mundial) para lograr un cierto equilibrio en la balanza de pros y contras con la recesión como resultado. No tengo ninguna duda de que los bancos centrales harán lo posible para evitarlo. Otra cosa es que realmente lo evitasen.

José Luis Martínez Campuzano es estratega de Citi en España