Tribuna

Podría haber sido peor

Siempre podría ser peor… en la vida y especialmente para los mercados financieros. Aunque esto sí se lo puedo conceder, es complicado asimilar en estos momentos un potencial escenario más negativo para arrancar el año por parte del inversor.

Hace poco me decía un compañero que todo lo que podría haber ido mal en estos momentos, va mal. Concretando un poco más…

-Elevada creación de empleo en Estados Unidos a final de año que presiona a la Fed a continuar la normalización monetaria a un ritmo más rápido de lo previsto inicialmente

-Expectativas de inflación a nivel mundial limitadas y continuidad en la tímida recuperación económica, lo que aplaza por el momento cualquier decisión de más medidas monetarias expansivas en Europa, Japón y hasta en China

-Mensajes ambiguos desde las autoridades económicas internacionales: desde la sentencia de un año económico “decepcionante” de Lagarde referido a 2016 hasta el reconocimiento de la desaceleración económica en China por el presidente.

¿A alguien le importa lo que ocurre en los mercados? De la preponderancia de la estabilidad financiera de los últimos siete años a la aparente indiferencia actual entre las autoridades económicas internacionales. Algo incluso más llamativo cuando en los dos últimos años los informes de estabilidad financiera de los bancos centrales han centrado su preocupación precisamente en el riesgo derivado de los mercados: iliquidez, riesgos sistémicos, distorsiones en los movimientos de capital internacional. Los mercados, los brotes verdes en la primera mitad de la Gran Recesión, ahora se enfrentan a la aparente falta de certeza económica por los inversores y huérfanos de la guía de los bancos centrales.

China centra toda la preocupación actual de los inversores. Pero esta no es la sensación que sentimos cuando escuchamos a las autoridades económicas internacionales: los últimos comentarios de Praet desde el BCE y de Fisher en el caso de la Fed matizan que el impacto de la desaceleración económica china pueda ser muy relevante en las economías desarrolladas. Hace tiempo llegué a la conclusión de que 2016 era un ejercicio marcado a nivel económico por dos tendencias opuestas entre la economía china (a la baja) y la economía norteamericana (al alza). Solo la economía norteamericana podría compensar una desaceleración de la economía china, siempre que fuera ordenada y limitada en el tiempo. Por otro lado, también tengo la sensación de que la Fed se ve cada vez más con las manos libres para alcanzar su nivel objetivo de tipos de interés neutrales con independencia de la inestabilidad en los mercados financieros. Ya saben: todo lo que es bueno para la economía norteamericana lo es para el resto del mundo. Y aquí deben incluir también, más tarde o más temprano, a los mercados financieros. La cuestión por tanto es clara: un escenario de tipos de interés oficiales al alza, precios de commodities a la baja, caída de las Bolsas, inestabilidad en las divisas y pesimismo económico mundial.

Sí, tras todo lo anterior, un triste consuelo que pensemos que siempre podría haber sido peor. Pero, mientras valoramos la dificultad del escenario actual (incluida la política y la geopolítica… no me olvido), me reafirmo en tres ideas. La primera, que la situación económica de fondo es mejor a lo que descuenta el mercado (y aquí pienso en el deterioro de las perspectivas de beneficios empresariales). En segundo lugar, que las autoridades chinas tienen margen de actuación para propiciar una desaceleración económica ordenada (pero también prolongada en el tiempo). La última, que los mercados suben y bajan dominados por la escasa liquidez y hasta el pánico que exagera sus movimientos. Con todo esto no estoy anticipando que vaya a producirse una recuperación rápida de la confianza del inversor, muy dañada en estos momentos. Pero sí creo que aún no tenemos suficientes elementos de juicio para hablar de un cambio de tendencia en la dirección de los mercados. Como tampoco que anticipan con su reciente desplome un próximo escenario de recesión mundial. Hace mucho tiempo que los mercados dejaron de ser un indicador adelantado económico. De hecho, lo que debemos temer más bien es su potencial impacto negativo en el ánimo de los agentes económicos. La contrapartida de los inversores que ahora se ven tan deprimidos.

José Luis Martínez Campuzano es estratega de Citi en España