A Fondo

La transición hacia una economía baja en carbono

Los alrededores del Arco del Triunfo en París, pintados de amarillo, simbolizando el Sol.
Los alrededores del Arco del Triunfo en París, pintados de amarillo, simbolizando el Sol.

El pasado sábado, a las 19.26, Laurent Fabius, presidente de la COP21 (cumbre sobre el cambio climático) y ministro de Exteriores francés, dio un golpe de martillo y exclamó: “Acabamos de hacer una cosa grande”. La tan esperada cumbre del cambio climático de París había dado su fruto, tras el acuerdo alcanzado por 195 países para combatir el calentamiento global. La novedad es que tanto naciones desarrolladas como en desarrollo se han comprometido a gestionar conjuntamente la transición hacia una economía baja en carbono.

La ministra española de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, valoró de forma muy positiva el texto presentado: “Es tremendamente ambicioso, pero realista y equilibrado”. Tejerina hizo hincapié en el compromiso de que el calentamiento global no aumente por encima de los dos grados centígrados. “También se reconoce la necesidad de avanzar más, quedándonos en 1,5 grados de incremento”, subrayó. El texto contempla “la solidaridad para un desarrollo sostenible, con el compromiso de movilizar 100.000 millones de euros anuales a partir de 2020, unas cantidades que el documento se compromete a mejorar”, en palabras de la titular de Medio Ambiente, quien remarcó la importancia de este convenio, “porque no tiene fin, sino que es un marco permanente con todos los elementos para ir transformando la economía”.

Ahora queda por ver cómo se materializa este proceso, tras la firma del convenio en la sede de Naciones Unidas en Nueva York el próximo 22 de abril. El texto entrará en vigor cuando al menos 55 partes que sumen el 55% del total de emisiones globales lo hayan ratificado. Es legalmente vinculante, pero no la decisión que lo acompaña ni los objetivos nacionales de reducción de emisiones. Sin embargo, el mecanismo de revisión de los compromisos de cada país sí es jurídicamente vinculante, con el propósito de tratar de garantizar su cumplimiento.

El documento no impone sanciones, aunque habrá un mecanismo transparente de seguimiento para vigilar que cada parte cumple con lo prometido, así como para advertir antes de que los plazos expiren si cada país sigue o no el camino adecuado. El texto manifiesta la necesidad de un mecanismo de pérdidas y daños derivados de los efectos más adversos del cambio climático. Lo sorprendente es que no detalla ninguna herramienta financiera para abordarlo. Pensando en el largo plazo, las naciones se proponen que las emisiones toquen techo “tan pronto como sea posible” –tras reconocer que esta tarea necesitará tiempo en el caso de los países en desarrollo– y efectuar reducciones rápidas a partir de ese momento.

García Tejerina señaló que el texto es tremendamente ambicioso, pero realista y equilibrado

La Agencia Internacional de la Energía cifró en 15 billones de euros la inversión necesaria en renovables y políticas de eficiencia, según informó la agencia Bloomberg.

Empresas como Gamesa aplauden este acuerdo, ya que “supone un punto de inflexión en la lucha global contra el cambio climático, al fijar una meta común por debajo de los dos grados centígrados y al establecer mecanismos que canalicen la inversión hacia tecnologías de bajas emisiones en carbono ya consolidadas, como la eólica”.

Sin embargo, no se han hecho esperar las voces críticas, según recoge el diario Financial Times. La secretaria de Energía y Cambio Climático de Reino Unido, Amber Rudd, señaló que intentar limitar el aumento a 1,5 grados es tan solo una aspiración y requerirá unos recortes de emisiones mucho mayores a los que se estaban planteando hasta ahora los Gobiernos.

Por su parte, el director de la Asociación Mundial del Carbón, Banjamin Sporton, minimizó el impacto del citado acuerdo en el sector. La declaración de intenciones no supondrá por ahora un profundo cambio para la industria energética, ya que este mineral seguirá siendo un combustible muy usado en los países en desarrollo, según Sporton y las empresas, que califican como muy lento el proceso que se inicia ahora.

De forma similar, el documento cuenta con el rechazo total del partido republicano en EE UU, que no parece dispuesto a acatarlo. “Este acuerdo no es vinculante para el Congreso y vamos a seguir centrándonos en una política energética que promueva los abundantes recursos naturales de EE UU”, apuntó PaulRyan, presidente republicano de la Cámara de Representantes. Mientras, Mitch McConnell, líder de esta formación política en el Senado, recordó que la propuesta estadounidense tenía como base una serie de medidas defendidas por Obama impugnadas judicialmente.

La organización no gubernamental WWF señaló que el acuerdo de París abre el camino para combatir el cambio climático, aunque todavía se requieren más medidas urgentes: “Los gobiernos necesitan regresar a sus países para actuar en todos los niveles, con el fin de cerrar la brecha de emisiones, proveer los recursos necesarios para la transición energética y proteger a los más vulnerables”. Esta entidad indicó ayer que España se encuentra a la cola en la lucha contra el cambio climático, por no dar apoyo a las energías renovables y seguir apostando por los combustibles fósiles. “No podemos seguir aumentando las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero con la quema de carbón, que no solo es nocivo para nuestro planeta sino también para la salud de las personas”, afirmó Raquel García Monzón, técnico de energía del Programa de Clima y Energía de WWF.

En España, la Asociación Nacional de Productores de Energía Fotovoltaica (Anpier) advirtió ayer de graves riesgos empresariales que esta decisión puede suponer “si el próximo Ejecutivo no restaura y blinda la seguridad jurídica en el sector energético”.

Según recoge Efe, Andrew Murphy, de la organización Transport & Environment, recalcó que el hecho de que no se mencione la aviación y el transporte marítimo es “una debilidad clave ya que, sin acción en estos sectores, limitar el aumento de temperatura a 1,5 grados es imposible”, mientras que el experto de Carnegie Institution Chris Field avisó de que no es momento para autocomplacerse, sino para actuar en innovación, energías limpias y desarrollo sostenible. Parece que la lucha contra el cambio climático aún tiene camino por recorrer.

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