El patio cordobés es heredero de las tradiciones romanay árabe

La ciudad que siempre enamora

Córdoba eterna, cuna de culturas milenarias, donde el estoicismo de Séneca pervive, después de 2.000 años, en el espíritu de su gente.

Puente romano con la mezquita. Ver fotogalería
Puente romano con la mezquita.

Romana, musulmana, judía, cristiana... Córdoba ha sido el escenario donde han florecido civilizaciones y culturas muy dispares que han ido dejando un rastro indeleble a lo largo de muchos siglos.

La ciudad se consolidó muy pronto como un importante centro minero y comercial gracias a la navegabilidad del Guadalquivir. La llegada de los romanos en el siglo II a. C. impulsó una de las etapas de mayor esplendor de su historia junto con la del califato musulmán, siglos más tarde.

Siempre ha sido objeto de deseo, todos han querido conquistarla, y quienes la visitan hoy caen rendidos a sus encantos, que son muchos. Las cuatro culturas que florecieron aquí han dejado una huella profunda en el patrimonio, las costumbres y las tradiciones de esta villa milenaria: Séneca, Maimónides, Averroes, Góngora... son solo una pequeña muestra de personajes ilustres nacidos en esta ciudad.

El icono de Córdoba, la mezquita, es capaz de sorprender a cualquiera por muchas veces que la haya visitado. Patrimonio de la Humanidad desde 1984, es el monumento más importante de todo el Occidente islámico y, desde luego, uno de los más bellos y asombrosos –está construido en parte con material romano y visigodo, como muestran sus más de 850 columnas–. En la mezquita se plasma la evolución completa del estilo omeya en España, además del gótico, renacentista y barroco de la construcción cristiana posterior.

El icono de Córdoba, la mezquita, sorprende a cualquiera por muchas veces que la haya visitado

La antesala del templo, el patio de los Naranjos, un espacio mágico, ha cambiado de aspecto con el paso del tiempo. En el siglo XIII había palmeras; desde el siglo XV, naranjos, y en el XVIII se añadieron olivos y cipreses.

Bajo los naranjos existe un aljibe que aseguraba el agua para las purificaciones de los musulmanes que acudían a rezar. Además de los musulmanes, los judíos también legaron un importante patrimonio a la capital cordobesa.

La judería es un laberinto de calles estrechas y sinuosas. Lo mejor es perderse por ellas. Una de las más curiosas es la calle Pedro Jiménez, conocida también como del Pañuelo porque, con sus escasos 15 metros, es, dicen por allí, la más pequeña del mundo.

La sinagoga, única en Andalucía y entre las mejor conservadas en España, fue construida en 1314 y sirvió de templo hasta la definitiva expulsión de los judíos en 1492. Se salvó de ser destruida gracias a que fue destinada a otros usos. A finales del siglo XIX fue declarada Monumento Nacional.

El alcázar encierra buena parte de la evolución arquitectónica de Córdoba. Restos romanos y visigodos conviven con los de origen árabe en este lugar elegido como centro de poder por distintos gobernantes de la ciudad.

Ha tenido múltiples usos, desde sede de la Inquisición a cárcel en la primera mitad del siglo XIX, pasando por algunos más agradables. Fue el lugar donde Colón se entrevistó por primera vez con Isabel la Católica; en el alcázar se gestaron tanto la conquista del reino nazarí de Granada como el descubrimiento de América.

Imagen de la judería.
Imagen de la judería.

En 1570, Felipe II mandó construir las Caballerizas Reales de Córdoba en una parte del solar del alcázar. Pretendía llevar a cabo su proyecto de crear el caballo de pura raza. Aquí, pues, se crio el caballo español, también llamado andaluz, de ascendencia árabe. Los espectáculos ecuestres son una actividad programada durante el año. 

Los patios, Patrimonio de la Humanidad, son otra seña de identidad de Córdoba. Viven su máximo esplendor en primavera, cuando los propietarios los abren al público y se celebra el Festival de los Patios Cordobeses, que desde el año 1933 premia al más bonito y mejor cuidado.

Algunos se pueden visitar todo el año como el palacio de Viana, una casa señorial del siglo XIV que nos traslada a otras épocas, donde el jardín cordobés, heredero de las tradiciones romana y árabe, tiene su más amplia representación histórica: desde el patio de vecinos de origen medieval, el de los Gatos, a los renacentistas símbolos de poderío y linaje, como el de Recibo y el de las Rejas.

O el representante del barroco cordobés que se encuentra en el del Archivo; el refinamiento del jardín romántico en el patio de la Madama y el jardín de Viana; pasando por los de uso de los sirvientes, en los Jardineros, la Alberca y el Pozo; los patios para la contemplación, como el de la Capilla; los herederos del jardín-huerto árabe en el de los Naranjos; los que se dejan ver desde el exterior, como el de la Cancela. Todo un mundo asombroso de patios únicos.

Los lienzos de Julio Romero de Torres, quien, como dice la copla, pintó a la mujer morena, son tan cordobeses, o más, que la mezquita o el puente romano. El museo, dedicado enteramente a su obra, recopila cuadros del artista sobre el flamenco, desnudos costumbristas y retratos con paisajes que sirven para reconstruir la Córdoba del siglo XIX y también para hacer un recorrido por su vida.

Asimismo, acoge otras joyas como los primeros carteles publicitarios de España, que fueron pintados por Romero de Torres para promocionar la ciudad.

El conjunto de la mezquita, el río, la puerta del puente y el propio puente romano conforman una de las vistas más conocidas y bonitas de la ciudad. El mejor momento del día para recorrer el puente es el atardecer.

Ha sido el único acceso a la ciudad durante muchos años, de ahí la necesidad de reforzarlo en varias ocasiones con elementos como la torre de Calahorra, añadida en un extremo del puente en tiempos del califato.

La estructura principal data del medievo y la intervención más reciente se produjo en 1876. Con 331 metros de largo, 9 metros de ancho y 16 robustos arcos, hoy es un privilegiado paseo peatonal que desemboca en el barrio de la mezquita. Es también Patrimonio de la Humanidad.

La guinda de un día de ajetreo turístico en Córdoba bien puede ser una visita a un hammam. Por ejemplo, el de Al-Andalus, a escasos metros de la mezquita, ofrece relax absoluto en un ambiente lujoso y moderno, salpicado de motivos árabes que nos transportan a una de las épocas de mayor esplendor que vivió la ciudad, como si de un cuento de Las mil y una noches se tratara.

No para sumergirse en sus aguas, pero los baños del Alcázar Califal son también una interesante visita turística. Estos hammam, posiblemente los más importantes de la ciudad, fueron construidos bajo el califato de Alhakem II. Al parecer, durante los siglos XI al XIII también fueron utilizados por almorávides y almohades.

Misteriosa Medina Azahara

La ciudad que siempre enamora

Si la mezquita refleja como ningún otro monumento el esplendor del periodo musulmán en Córdoba, Medina Azahara, la misteriosa y suntuosa ciudad construida a los pies de Sierra Morena, a solo ocho kilómetros de Córdoba capital, no se queda atrás.

En el año 929, Córdoba fue proclamada capital del califato independiente de Damasco, pasando a ser la sede religiosa, política y administrativa de todo el reino islámico occidental.

Fue bajo el mandato del primer califa, Abderramán III, cuando se levantó Medina Azahara, según la leyenda en honor a su favorita Al Zahra, aunque lo más probable es que respondiera a la intención del califa de proyectar una imagen poderosa del recién creado califato independiente.

Al parecer, arcos de marfil y ébano, jaspe y piedras preciosas adornaban el conocido como Salón Rico. En el año 1010 la ciudad fue saqueada e incendiada durante la guerra civil que desmembró al califato en los reinos de taifas. 

Hay que pasearla con tiempo y visitar el museo, un espléndido edificio del estudio Nieto Sobejano, galardonado con el Premio Mejor Museo Europeo en 2011. Desde Córdoba existen varios servicios de autobuses a distintas horas que acercan al turista en 20 minutos a esta efímera ciudad.

Guía del viajero

Cómo llegar: Desde Madrid, la opción más cómoda y rápida es acercarse en tren. Los trenes de alta velocidad llegan diariamente varias veces a la ciudad. Es parada obligada en el trayecto Madrid-Sevilla. Desde Madrid se tarda menos de dos horas y desde Sevilla se necesitan unos 45 minutos. Además, desde finales de 2007 existe una conexión en tren, también de alta velocidad, con Málaga, que permite llegar desde la Costa del Sol en solo una hora.

Dónde comer: Igual que otras capitales andaluzas, Córdoba presume de buena gastronomía. Muy cerca de la judería, las plazas de la Corredera, la de las Tendillas y las calles aledañas, apartadas lo justo de la marabunta turística, acogen tabernas y restaurantes, algunos antiguos, por los que merece la pena darse una vuelta. Es la cuna del auténtico salmorejo.

Compras: Es una ciudad muy cómoda y asequible para ir de tiendas. La oferta va desde productos típicos artesanos de piel y joyería, hasta tiendas modernas de ropa y de complementos.

Dónde dormir: Por su cercanía con Sevilla, muchos turistas hacen una visita a la ciudad de ida y vuelta en el día. Para los que decidan pasar la noche, la oferta es amplia: hay hoteles de cinco estrellas, más modestos, alojamientos rurales...

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