El Foco

¿Hay un sistema de pensiones ideal?

Aunque no existe un sistema óptimo de pensiones de jubilación para las circunstancias de cada país, si hay principios probados que facilitan evaluar los cambios necesarios que los hagan eficientes y sostenibles.

Recientemente CFA Institute ha publicado Un sistema de jubilación ideal. Su director ejecutivo para EMEA, Nitin Mehta, afirmaba que en España las pensiones son sostenibles y, como país avanzado, mantendrá un sistema público, pero es de los más generosos y la contribución del Estado muy probablemente disminuya. En el estudio, un 35% de los 132.000 miembros de CFA Institute en 147 países mostraba su preocupación por el envejecimiento, las deficiencias en los planes de pensiones y los bajos niveles de ahorro.

De hecho ya Keith Ambachtsheer (Why We Need a Pension Revolution, Financial Analysts Journal Volume 71 Number 1) observó consenso respecto a que los sistemas de pensiones de empleo en la mayor parte del mundo desarrollado tendrán dificultades para generar pensiones adecuadas. Para unos la respuesta es volver a planes de beneficio definido, según en años de trabajo, sin problemas de cobertura, adecuación y seguridad. Pero estos planes socializan sin claridad cómo y de quién son los riesgos, que no eliminan, sino pasan a los débiles. Ya John Nash demostró que acaban en confrontaciones ganar/perder. Así, en el sistema público las generaciones actuales reducen los excedentes a expensas de generaciones futuras.

Para otros la respuesta está en planes de contribución definida, donde empleadores y trabajadores aportan a cuentas de acumulación, que los empleados retiran en la jubilación. Ello elimina ambigüedad respecto a la propiedad de los activos. Pero la investigación confirma que la mayoría es inconsistente al planificar y tomar decisiones financieras. A ello se añade la asimetría informativa en los servicios financieros –muchos pagan demasiado por el valor económico del servicio– generando pensiones mediocres. Además los partícipes soportan el riesgo de longevidad.

Ambachtsheer establece que el sistema de pensiones óptimo debe generar una pensión objetivo en la fecha de retiro. Para ello debe prevenir defectos de comportamiento, con ajustes automáticos de política de inversión y reducir riesgo de longevidad mediante una renta vitalicia diferida. Un estudio de Cui, De Jong y Estanques (2005), encontró que este modelo, en términos de consumo/bienestar a lo largo de la vida, es superior a los de prestación o contribución definida.

Además, en la visión de Drucker, hacer frente al problema del intermediario y asimetría informativa es crítico. Los fondos de pensiones deben tener el mandato único de crear valor para los partícipes y economía de escala –bajos costes–, con principios gobernabilidad y buenas prácticas. Deben estar basados en convicciones y habilidades, en lugar de agentes externos con fines propios.

¿Existe ese sistema? Sí, un buen ejemplo es TIAA-CREF, que ha llegado a cubrir la jubilación de más de tres millones de profesores en EE UU, con activos de 350.000 millones de dólares. El propio Drucker fue participe. A largo de la vida laboral empleador y empleado aportan hasta 18% del salario y generan pensiones vitalicias. Fundado a partir de una subvención de Andrew Carnegie en 1918, cuenta con una alta participación, evitando un sistema nacional de seguridad social de pago por uso.

El estudio de CFA Institute, que contempla diez principios claves a tener en cuenta, pone de manifiesto que los mejores sistemas de pensiones cuentan con activos de al menos 100% del PIB; aportaciones obligatorias de un mínimo de 8% de los salarios; tasa de reemplazo del al menos 60% del salario medio; un marco regulador fuerte y protección, con pensión básica para pobres de al menos 25% del ingreso promedio, así como alta cobertura de pensiones privadas.

Para diversificar debe disponer de múltiples pilares: la pensión pública básica que proporciona ingresos mínimos, un sistema obligatorio vinculado a años de trabajo, un sistema voluntario regulado y ahorro fuera del sistema de pensiones. La renta en jubilación debe cubrir 65 a 80% de los ingresos medios, con revalorización. Además los límites de aportaciones deben basarse en el ciclo de vida.

Debe incluir decisiones de inversión predeterminadas, antes y después de la jubilación, respecto a contribuciones por encima del mínimo y elección de activos. Debe ser transparente respecto a gastos de gestión e inversión, con competencia de precios. Ha de ser flexible respecto a circunstancias y edades, permitiendo trabajar a tiempo parcial y percibir pensión sin dejar hacer contribuciones. Aunque los beneficios deban cobrarse en mensualidades, entre 20% y 40% del capital acumulado debe estar disponible para medicina o cuidados, incluso la remodelación del hogar por discapacidad. En cualquier caso los beneficios deben atribuirse inmediatamente al beneficiario y ser accesibles en condiciones como jubilación, muerte o incapacidad permanente.

La confianza es crítica y requiere una fuerte regulación, protección, buena comunicación, educación y asesoramiento. Los planes deben informar a sus partícipes la previsión de renta de jubilación y su gestión debe ser independiente del gobierno y cualquier empresa. Además tiene que contar con apoyo fiscal, con incentivos de ahorro voluntario y compensación por falta de acceso al capital, y tener carácter intergeneracional; ser trasmisibles en herencia.

José Mª Serrano-Pubul es CFA y miembro de CFA Society Spain.

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