Tribuna

¿Unidos para ser competitivos?

Un domingo cualquiera de nuestra historia reciente. Asistimos a un suceso ejemplarizante sobre la fuerza competitiva que otorga la unión de las personas, y de los pueblos, en la persecución de un objetivo común: la selección española de baloncesto consiguió conquistar, una vez más, el campeonato de Europa. La compenetración de jugadores, procedentes de distintos lugares de la geografía española, permitió esta sensacional victoria. ¿Podríamos haber asistido a la última victoria, de similar trascendencia internacional, si se diera el hecho de que el proceso secesionista catalán se llevara a término? Esperemos que el “seny” (nuestro sentido común) prevalezca y no se llegue a extremos que sólo pueden dañar al conjunto de ciudadanos del estado español.

El ejemplo del baloncesto nos enseña a exigir a los Gobiernos español y catalán que se sienten alrededor de la mesa y pacten el final de la partida de póker que empezaron al poco tiempo de estallar la crisis económica. Un juego de tronos que tanto daño ha causado, muy especialmente al pueblo catalán, por la inacción política, social y económica durante todo este periodo. Ni España, ni Cataluña han contado con el mejor Gobierno posible. Ni siquiera con la acción del gobierno de los mejores, como inicialmente anunció Artur Mas. Además, posiblemente, hayan sido las peores gobernanzas soportadas por los ciudadanos desde el final de la dictadura franquista. Y ello, después de haber vivido los mejores años de nuestra historia moderna tras la recuperación de la democracia y nuestro ingreso en las Comunidades europeas. Ganamos a pulso un enorme prestigio internacional, por el buen gobierno, y conseguimos ingresar en la moneda única europea.

La llegada de la crisis hizo que renacieran los viejos demonios que parecían ahuyentados para siempre. Los errores del gobierno de Madrid en el reparto de inversiones, como muestran un buen número de ejemplos (el trazado radial del AVE sin una base eficiente, dejando a Cataluña con el peor de los servicios de cercanías del Estado español o la demora en la construcción del corredor del Mediterráneo) y el empecinamiento en desatender la singularidad de la cultura catalana han llevado a una buena parte de la ciudadanía catalana a sentirse incómoda y alejada del resto de España. Ninguno de los dos Gobiernos ha intentado el acercamiento, más bien al contrario: ámbos han abonado el resurgimiento del nacionalismo radical que viene representado por un centralismo español trasnochado y un separatismo catalán absolutamente irracional.

Tanto Mariano Rajoy como Artur Mas han paralizado el progreso de la autonomía, cada uno priorizando su propio interés. Ir contra Cataluña le ha dado votos en España a Rajoy. Lo mismo ha ocurrido con Artur Mas: después de haber apoyado al Partido Popular en varias investiduras para que gobernara en España, el president descubrió que la fuerza del independentismo podía ser la medicina regeneradora contra su caída en las urnas catalanas. En pocas semanas, se produjo un giro de 180 grados, con el fin de salvar a su partido (CDC), tan afectado por la corrupción como el mismo PP.

Solo a partir de ese momento, Convergència se convierte en enemigo del PP. Pero somos muchos los ciudadanos a los que nos cuesta encontrar diferencias entre estos dos partidos, clónicos en su especificidad. De ideología conservadora y neoliberal, consecuentemente realizan la misma política económica y son los responsables, cada uno desde sus Gobiernos de las políticas de austeridad que han empobrecido a la ciudadanía.

Baste con señalar que el poder adquisitivo de los ciudadanos catalanes se ha visto reducido, bajo el mandato de Artur Mas, en un 9%, frente a un 6,2% de media en España. Esta situación es la que nos explica por qué el candidato a la Presidencia de la Generalitat de Cataluña se encuentra escondido en el cuarto lugar de una lista de ciudadanos de distintas vocaciones y afiliaciones ideológicas y profesionales.

¿Quién nos asegura que podremos confiar que desarrollarán una buena gestión política los famosos que presenta Junts pel sí a diputados del Parlament de Cataluña? La lista de Junts pel sí parece más una la lista de aspirantes a un reality televisivo que una lista electoral de candidatos dispuestos a velar y mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos.

Cataluña y España se merecen algo mejor y eso sólo se logrará si se reconducen los cauces del diálogo mediante la reparación de las arbitrariedades cometidas en los dos bandos. Solo así podremos volver a aspirar a conseguir los mayores triunfos en las competiciones internacionales.

Agustín Ulied es Profesor de ESADE Business and Law School y miembro del Team Europa.

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