Por qué una papelera deja de talar la selva

Deforestación cero para proteger el negocio

Deforestación cero para proteger el negocio

Venga ya, ni nosotros ni nadie invierte en mejoras ambientales por reputación o para luchar contra el cambio climático, cualquiera que diga eso, no es verdad. Hay que probar que tiene sentido empresarial”. Así se quita de encima clichés sobre su cargo la particular Aida Greenbury, mucho más que la directora de sostenibilidad de Asia Pulp and Paper (APP), la mayor papelera del mundo por tamaño. Esta ingeniera agrónoma se ganó la confianza de la poderosa empresa familiar Sinar Mas, un emporio asiático que controla en Indonesia el negocio de los bosques y del aceite de palma, para dejar de deforestar una de las últimas selvas vírgenes del planeta, a base de talar millones de árboles para hacer papel.

La política de este gigante que exporta su papel a 120 países y tiene unos ingresos de 12.200 millones de dólares era algo así: “Tomar una nueva concesión, arrasar la selva y plantar árboles”, resume Phil Aikman, responsable de bosques de Greenpeace. La organización conservacionista fue la que puso contra las cuerdas el modelo empresarial del gigante del papel, que tiene concesiones en 2,6 millones de hectáreas en este archipiélago de 17.000 islas esparcidas por el Índico. La papelera desayunó un buen día de 2010 con una campaña que acusaba a la muñeca Barbie de ser “asesina”, por llegar a las tiendas del mundo occidental envuelta en papel de selvas arrasadas donde viven tigres, elefantes, orangutanes y cocodrilos y donde conviven un 25% de especies exclusivas de Indonesia. El efecto fue inmediato: grandes de igual talla que la papelera, la tercera del mundo por ingresos, empezaron a rescindir contratos. Mattel, Disney, Nestlé y Unilever.
Tres años después de aquello, algunas de esas marcas no han vuelto. Greenbury evita decir cuáles aludiendo a contratos confidenciales, aunque precisa: “No tiene que ver con el medioambiente, sino con otras razones, algunas de esas compañías están reestructurando su negocio”.

En 2013 la empresa indonesia aceptó el enorme error y lanzó su objetivo de deforestación cero, esto es: nada, en teoría, de lo que sale de sus fábricas procede de madera arañada a los bosques vírgenes. La empresa explota 1,1 millones de hectáreas, algo así como la mitad del tamaño de Escocia, según sus propios cálculos, y otro millón lo ha convertido en santuarios para restaurar diez zonas que no explotará.

Aún se está lejos de frenar la lacra de la deforestación en el país asiático, el foco de las organizaciones ecologistas junto a Brasil por el impacto en los ecosistemas y en el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero si desaparecieran estos dos pulmones del planeta. La razón del lento avance es, como apunta Aikman, de Greenpeace: “Si metes un área protegida y la pones al lado de las plantaciones, ¿de qué sirve? La deforestación cero en Indonesia no puede hacerse concesión por concesión, debe pensarse a gran escala, en espacios mucho mayores”. Y aquí volvemos al negocio. La moratoria autoimpuesta no deja de ser una desventaja competitiva respecto a su principal rival, la enorme April, cuyo principal mercado también es el asiático y el que aún no ha movido ficha ambiental en su ansia por vender madera.

“Para lograr nuestros objetivos ambientales hemos invertido 10,2 millones de dólares en los dos últimos años, pero esa inversión no servirá de nada si otras empresas no hacen lo mismo”. ¿Por qué, entonces, pegarse semejante tiro en el pie? “Tenemos que asegurar que nuestras plantaciones seguirán siendo sostenibles dentro de 50, 100 años. Si se destruyen por incendios o por inundaciones, perdemos miles de dólares cada año”.

Desde Greenpeace reconocen el esfuerzo de la compañía, pero siguen sus pasos muy de cerca. No es la primera vez que esta papelera anuncia compromisos ambientales para dar marcha atrás después. De hecho, la organización ha hecho una excepción con la empresa asiática, pues es la primera vez que colabora directamente con una empresa para guiar sus balbuceantes pasos ambientales. Resulta curioso que el gigante esté entendiendo su propio negocio, que sale de los árboles, de la mano de las organizaciones conservacionistas. APP tardó un año en calcular cuál era la cantidad de selva virgen que necesitaba reconvertir para seguir siendo rentable. Y mientras daba el paso, empezó a darse cuenta de que la inercia le hacía perder dinero. Apenas controlaban las pérdidas al recoger la madera cortada o en el transporte, donde la empresa deja escapar el 25% de la materia prima que luego se convertirá en pañuelos, folios o papel higiénico para Japón o China, sus dos principales mercados. “Podemos reducir esas pérdidas hasta el 5%”, marca la compañía. Otro coladero ambiental y económico es la escasa cantidad de madera que se puede extraer y aprovechar de cada árbol, lo cual empuja a cortar más. Por el momento, las plantaciones de APP producen 25 metros cúbicos de madera por hectárea, anual. “Nuestra idea es aumentarlo cuanto podamos, hasta 30, 40 o 50 metros cúbicos por cada árbol”.

Pero quizá la medida que mejor plasma el doble riesgo ecológico y económico es el compromiso que la empresa anunció este mes de agosto de que retirará 7.000 hectáreas de plantaciones comerciales para proteger los bosques de turberas. Sobre estos humedales, de un millón de hectáreas –la mayor extensión privada de estos ecosistemas “del mundo”, según Greenpeace– la empresa planta las acacias que le dan su materia prima. El problema, según los expertos, es que estos ecosistemas no tienen consistencia suficiente para aguantar peso a largo plazo. Como resume Phil Aikman: “Una vez hecha la plantación, en los dos primeros años el bosque empieza a irse hacia abajo, y terminará por debajo del nivel del mar. Y cuando eso sucede, la turba flota. No hay forma sostenible de gestionar los bosques de turberas, nunca se ha demostrado, en ningún lugar, ni en los Everglades de Florida ni en Escocia ni en Rusia. No duran, pues la mayor parte es agua, de forma que cada vez que pones máquinas, se van hacia abajo”.

La decisión de renunciar a una parte de estos ecosistemas en sus concesiones va acompañada de un pequeño paso que las organizaciones conservacionistas celebran, como es el primer mapeo a gran escala de los bosques de turberas en el país. En total se rastrearán 4,5 millones de hectáreas, un cuarto de todas las turberas de Indonesia donde están localizados los proveedores de la papelera.

Europa y EE UU son el siguiente objetivo de la compañía para expandirse hacia el Oeste. Sabe Aida Greenbury que los clientes en estos mercados son más exigentes sobre las cuestiones ambientales. “Cada vez que me reúno con ellos, me hablan de su inquietud. Y yo vuelvo con el mensaje a Asia y propongo qué se puede hacer”. El tiempo dirá hasta dónde el cambio es real.

Un operario de la fábrica.
Un operario de la fábrica.

1972 Arranca la actividad de Asia Pulp and Paper (APP) para la producción de sosa cáustica. Más adelante, la empresa ampliaría su negocio a la fabricación de pasta de papel y productos de embalaje que hoy supera los 19 millones de toneladas. La empresa exporta sus productos a más de 120 países de todo el mundo que salen de sus fábricas de China e Indonesia. La más grande está localizada en la isla de Sumatra. En total, la compañía tiene 38 concesiones en el país.

2010 Varias organizaciones ecologistas encabezadas por Greenpeace denuncian en una campaña mundial el papel de Asia Pulp and Paper en la deforestación de la selva tropical de Indonesia, una de las últimas vírgenes del planeta. Barbie asesina apunta al embalaje de esta muñeca, fabricado con papel sacado de talas ilegales, destruyendo ecosistemas donde viven tigres, orangutanes y cocodrilos. 

2012  La compañía toma nota del impacto de la campaña en sus cuentas, después de que grandes marcas como Mattel o Nestlé rescindan contratos con la papelera por su mala imagen. La empresa se sienta por primera vez con varias organizaciones conservacionistas para cambiar su política. Tras varias negociaciones, no se alcanza un acuerdo y Greenpeace sigue haciendo campaña contra la papelera por su impacto ambiental.

2013 En febrero, la compañía anuncia su plan de sostenibilidad, por el que se compromete a frenar la deforestación de selva virgen para fabricar papel. El plan incluye una moratoria a la compra de papel de proveedores que talen árboles en la selva virgen y prevé identificar zonas especiales de conservación que queden fuera de las plantaciones de producción de papel.

2015 Se cumplen dos años de la moratoria a espacios vírgenes. Las organizaciones conservacionistas dan por ahora el visto bueno a los pasos de la papelera, cuya última medida es, desde este año, dejar de explotar 7.000 hectáreas de bosques de turberas. Indonesia concentra el mayor volumen de estos ecosistemas del mundo y dentro de las concesiones de APP en el país hay un millón de hectáreas. La explotación de estos espacios es una de las mayores fuentes de emisión de gases de efecto invernadero.

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