Su empresa puede ayudarle a recuperar el ritmo

La vuelta a la rutina, mejor con nuevos proyectos

Conviene ser paciente con los empleados y darles tiempo

Es un buen momento para dar rienda suelta a la creatividad

La vuelta a la rutina, mejor con nuevos proyectos
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Tras las vacaciones, el regreso a la rutina puede acarrear fatiga, cansancio, falta de motivación y más síntomas del ya conocido como síndrome posvacacional. Muchos trabajadores, conscientes de la situación que pueden llegar a experimentar, deciden, previsores, ponerle remedio y así suavizar el aterrizaje. Dividir el periodo vacacional en varias tandas o reengancharse a los quehaceres de forma gradual unos días antes de la vuelta, son algunas de las medidas llevadas a cabo. Y funcionan. Pero qué duda hay de que el retorno puede ser más amable si es la propia empresa la que toma las riendas para que la adaptación a la rutina sea más efectiva.

“Puede ser contraproducente que el empleado vuelva de vacaciones y vea que no haya cambiado absolutamente nada”, explica José María Gasalla, codirector de programas de coaching ejecutivo de Deusto Business School. Al regreso, la mente suele estar todavía en la tumbona de la playa o en medio de la montaña, por eso conviene tomar medidas que amenicen la vuelta. “Sería bueno que la compañía presentase novedades, aunque solo fuesen logísticas o de disposición física. Es un buen momento para este tipo de cambios”, afirma Gasalla, que compara esta situación, salvando las distancias, con la emoción del niño que volvía al colegio el primer día del curso con la ilusión de ver si había algún compañero nuevo en clase.

Aciertos

Anticiparse. Antes del comienzo de las vacaciones, las compañías deben dar libertad a sus empleados para que se distribuyan su descanso de la forma que mejor les convenga.

Flexibilidad. Un cambio a nivel organizativo o logístico puede ser bien recibido por la plantilla. Sobre todo en temas horarios y de flexibilidad.

Creatividad. Las vacaciones reponen energías y dan rienda suelta a la imaginación. Puede ser favorable escuchar las opiniones e ideas de los empleados.

Cambio. Cualquier novedad ameniza la vuelta. Puede ser estructural, o incluso un simple cambio de disposición física.

Y si estos cambios son a nivel organizativo, y suponen una transformación real en el trabajo y la vida de la plantilla, serán mejor recibidos. Es lo que ha hecho, por ejemplo, la eléctrica Iberdrola, que ha preparado una sorpresa para sus trabajadores este nuevo curso. Recién estrenada la vuelta, el pasado uno de septiembre, la compañía anunció un cambio que permite a sus empleados amoldar la jornada laboral a sus necesidades, posibilitando que los viernes puedan abandonar sus puestos de trabajo a las dos de la tarde, siempre y cuando añadan 15 minutos a su jornada de lunes a jueves. “También hemos mejorado la flexibilidad de entrada y salida. Ahora, se podrá entrar de 07:15 a 09.00 horas y salir de 14:51 a 16:36 horas, dependiendo de lo que elija cada uno”, relata Ramón Castresana, director de recursos humanos del Grupo Iberdrola. Son este tipo de modificaciones, los cambios relacionados con los horarios, los que más agradecen los empleados. “Es importante, por ejemplo, que la plantilla no empiece a trabajar un lunes tras la vuelta, porque recién llegados de vacaciones, la semana puede hacerse muy larga”, afirma Diego Vicente, profesor de comportamiento organizacional del IE Business School. Aunque también conviene tener en cuenta otros aspectos, “como no planificar nunca reuniones a deshoras. Más allá de las cuatro de la tarde no es buena idea”, añade.

Errores

El primer día. Los expertos recomiendan no volver de vacaciones un lunes, porque la semana puede hacerse muy larga.

Horarios. Los primeros días conviene no planificar reuniones a deshoras y salir de la oficina un rato antes de lo normal.

Modificación. Los cambios, aunque generalmente son positivos, conviene no planificarlos de espaldas a la plantilla, para que así sepa qué le espera a la vuelta. Mucha gente prefiere encotrarse su silla y su mesa tal y como la dejó.

Exigencia. El primer día no es para estar al cien por cien. Es aconsejable dar un espacio y un tiempo de adaptación.

Y si permitir que los empleados se levanten de la silla antes de la hora habitual es una buena medida, mucho mejor es la de dar la oportunidad de que el primer día no haya, ni siquiera, que sentarse en el puesto de trabajo. Precisamente, esto es lo que hacen en Google. “Es habitual que mucha gente vuelva a las oficinas uno o dos días después que en otras compañías. Como tenemos una buena tecnología, permitimos que puedan trabajar desde sus hogares”, explica Javier Martín, director de recursos humanos de Google en España.

La paciencia con el empleado también es algo que los directivos deben tener presente. “El ambiente en el trabajo es algo que también repercute en los resultados de la empresa, por eso hay que favorecer la comunicación y el compañerismo entre los empleados”, comenta Ceferí Soler, profesor de dirección y organización de personas de Esade. En el trabajo, muchos compañeros terminan siendo amigos, “y los primeros días de vuelta a la rutina es lógico que muchos quieran verse y hablar entre ellos”, sentencia. Por eso, es postivo que la plantilla tenga un espacio y un tiempo para ella. Una buena medida es que cada departamento tenga una breve reunión de bienvenida, “porque al fin y al cabo, la gente se conoce más y tiene más relación dentro de cada una de las secciones. Es una manera oportuna de afrontar el nuevo curso”, explica José Ramón Pin, profesor de Dirección de Personas del IESE Business School. “Los primeros días no son para estar al cien por cien”, corrobora el director de Recursos Humanos del gigante de internet.

Nuevos propósitos

Pero no todo es cansancio y falta de motivación a la vuelta de vacaciones. A veces, el regreso también puede suponer un revulsivo en la compañía. “Depende mucho de cada persona, de si prefiere la rutina o de si tiene ganas de cambio. Pero el visualizar nuevos proyectos puede estimular la vuelta y provocar que el empleado tenga ganas de regresar al trabajo”, explica Gasalla, de la escuela de Deusto. Mucha gente llega de vacaciones con las pilas cargadas, ha reflexionado en su periodo de descanso y le han surgido nuevas ideas, “que se deben dejar fluir. Es un buen momento para dar pie a la creatividad”, recomienda. Estas novedades o cambios son los únicos que pueden conseguir que el trabajador vuelva con ganas a su puesto. “Un reto interesante crea entusiasmo e ilusión”, opina Pin, del IESE. “Hay gente que puede cansarse de estar de vacaciones y que tiene ganas de recuperar su actividad”, añade Diego Vicente, del IE.

Y aunque los cambios y los nuevos proyectos pueden ser favorables, no se debe olvidar que deben estar, de alguna forma, consensuados con la plantilla. Vicente opta por buscar el equilibrio. “Lo novedoso siempre ilusiona, pero no hay que olvidar que también existe la idea conservadora de que todo continúe como siempre”. Una variación inesperada puede resultar perjudicial, “porque hay gente que al llegar prefiere encontrarse su silla y su mesa tal y como las dejó. Sobre todo en estos tiempos, en los que un cambio en el trabajo puede recibirse con miedo o inquietud”, añade el profesor.

La vuelta a la rutina, mejor con nuevos proyectos
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Los directivos son los que tienen que encabezar estos cambios y los que deben contagiar la ilusión, ya sea con un cambio organizativo, estructural o funcional, “como, por ejemplo, recuperar viejos clientes, cambiar los objetivos de producción o cerrar convenios que estaban en punto muerto”, recomienda Pin. Porque durante las semanas en las que la mayoría de la población disfruta de sus vacaciones, muchas operaciones sufren una pausa hasta que se reanuda la actividad. “Por eso también puede causar cierta satisfacción al volver y poder terminar aquello que dejaste sin acabar”.

El periodo de adaptación, no obstante, tampoco puede prolongarse mucho tiempo. Las opiniones de los expertos varían, pero todas oscilan entre, como mucho, los tres y los cinco primeros días tras la vuelta. “La empresa también tiene que recordar al empleado cuáles son sus funciones, porque si la pausa posvacacional dura demasiado tiempo, las compañías con las que se trabaja no van a entenderlo”, explica Vicente. Este recordatorio también es bueno para el trabajador, ya que cuanto más largo sea el periodo de adaptación y distensión, más dura será la vuelta a la rutina. Y más larga se hará la espera hasta el próximo periodo de descanso.

Algunas medidas empiezan antes

Muchas veces, la mejor medida para que la vuelta de las vacaciones sea más suave, puede tomarse antes del periodo de descanso.

“El regreso a la normalidad ya no tiene tanto impacto como antes, porque ahora mucha gente divide sus vacaciones en varios periodos”, explica Diego Vicente, profesor del IE Business School. De esta forma, cuesta menos esfuerzo volver a la rutina, “sobre todo porque el siguiente parón está mas cerca”, recalca. Y añade que, como en el resto de casos, todo debe amoldarse al propio empleado. “En Google damos todas las facilidades de las que disponemos para que la plantilla escoja cuándo irse de vacaciones”, comenta Javier Martín, director de Recursos Humanos.

Y aunque los avances tecnológicos producen grandes ventajas, también hay que tener cuidado con ellos. “Con el ordenador y el movil podemos estar conectados en cualquier sitio mientras estamos de vacaciones. Eso ayuda a que la vuelta sea más progresiva”, afirma Ceferí Soler, de Esade. “No obstante, se debe ser muy respetuoso en este sentido”, advierte Martín. “Mucha gente opta por mirar un rato el correo cada día para saber qué va a encontrarse al regreso, pero otros prefieren desconectar absolutamente durante sus vacaciones”. Por eso, las compañías deben poner en práctica todos los mecanismos para que cada empleado trabaje (o no) en verano en función de sus preferencias.

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