Los empresarios, sin embargo, tienen una de las cuotas más altas

Los españoles, entre los europeos que menos cotizan para su pensión

Imagen de un trabajador de la industria.
Imagen de un trabajador de la industria.

La sostenibilidad financiera de la Seguridad Social en el medio y largo plazo es cuestionada constantemente porque sus ingresos –determinados por el nivel de empleo, los salarios y los tipos de cotización– son, a todas luces, insuficiente para costear el creciente gasto en pensiones. Durante la crisis, las finanzas del sistema se han visto especialmente dañadas por la destrucción de 3,5 millones de empleos y la contracción de los salarios, lo que llegó a hacer bajar la bases medias de cotización un 0,22% en 2012, algo ínedito.

En este contexto, el Gobierno acaba de abrir el debate sobre la futura financiación del sistema, planteando costear las pensiones “menos contributivas”, como serían la viudedad y orfandad, con impuestos en lugar de con cotizaciones.

Otra posibilidad, alternativa o complementaria, para aumentar los ingresos del sistema sería incrementar lo que aportan los empleados y los empresarios. Para esto habría que aumentar los tipos de cotización de las contingencias comunes (porcentaje del salario que se destina a financiar las pensiones contributivas y las bajas por enfermedad).

En conjunto, en España la Seguridad Social recibe el 28,3% del salario de cada trabajador para financiar estas prestaciones. Esto sitúa a España en la media europea (28,7%) pero muy lejos de las grandes economías comunitarias competidoras de la española. Así, en Alemania esta contribución conjunta de asalariados y empleadores el del 33,3%;en Francia, del 37,9% o en Italia del 31,5%. Los austriacos son los europeos con una contribución más alta, con casi el 40%, mientras que los daneses, con una fuerte implantación de los sistemas privados de pensiones, apenas aportan el 3%.

Pero las mayores diferencias entre España y el resto de Europa se produce cuando se desagrega la parte que pagan los empresarios y los trabajadores.

Los asalariados españoles son los que menos aportan de entre las principales economías europeas. En concreto, su tipo de cotización por contingencias comunes –conocida como cuota obrera– es del 4,7%. Solo los daneses (2,8%) y los irlandeses (3,6%) aportan menos. Si bien ni las economías ni la financiación de las pensiones en dichos países son comparables con España. Sí lo son Alemania, Francia o Italia, donde la aportación de sus trabajadores es del 17,1%, 10,2% y 7,2%, respectivamente.

Por el contrario, los empresarios españoles se encuentran en la parte más alta del ranking de aportaciones a la Seguridad Social en Europa. Con un tipo de cotización del 23,6% por contingencias comunes (sin contar el resto de aportaciones al desempleo, formación etc.), los empresarios españoles son los que más aportan después de los suecos (23,9%), italianos (24,3%) y franceses (27,7%).

Posibles cambios

Los patronos españoles esgrimen habitualmente esta comparativa con Europa para reclamar una bajada de los tipos de cotización que pagan.

Los sindicatos no solo rechazan está petición sino que exigen lo contrario, que suba la cuota patronal. Recientemente, los máximos representantes sindicales de CC OO, Ignacio Fernández Toxo, y de UGT, Cándido Méndez abrieron el melón de cuanto se debería pagar a la Seguridad Social para hacerla sostenible. En su opinión ya ha llegado el momento de subir las cotizaciones de los empresarios para costear las pensiones.

Sin embargo, lejos de recoger ese guante, Montoro, en la presentación de los Presupuestos para 2016, rechazó rotundamente que el Gobierno baraje subir las cuotas patronales “si no más bien todo lo contrario”, dijo.

Así dejó abierta la puerta a un recorte de estas cotizaciones en un futuro no muy lejano, al considerar que son un “gravamen a la creación de empleo” y, por ello, convendría rebajarlas para que no sean un obstáculo a la recuperación del mercado laboral.

Nada dijo Montoro de los planes para la parte de las cuotas que pagan los trabajadores, que si varían algo será probablemente para aumentarlas, basándose en su bajo nivel comparado con las contribuciones del resto de asalariados europeos, según fuentes consultadas.

Cada punto de cotización supone unos ingresos aproximados de 4.000 millones de euros, por lo que un incremento de tres puntos, sería ahora suficiente para tapar el déficit anual del sistema de pensiones. Si bien, la mayoría de expertos aconsejan que estas subidas (independientemente de que se apliquen al empresario, al trabajador o a ambos) se hagan de forma progresiva.

Además: paro, accidentes y formación

La cotización por contingencias comunes supone el grueso de los ingresos de la Seguridad Social, pero empresarios y trabajadores españoles pagan otras cuotas todos los meses. La segunda más abultada es la cotización por desempleo. Por los asalariados con contrato fijo del Régimen General, el empresario aporta el 5,50% del salario y el trabajador, un 1,55% (7,05% en total). Mientras que por los empleados temporales, el empresario paga algo más, un 6,70%, y el asalariado, un 1,60%, porque generan más entradas y salidas en el desempleo y, en consecuencia, gastan más.

A esto se suma la cotización por contigencias profesionales (accidentes laborales), que se calcula en función del riesgo derivado del puesto de trabajo. Hay una tabla de primas cuya media aritmética arroja una cotización del 4,71% que paga en exclusiva el empresario.

Para costear acciones de formación y bonificaciones al empleo, los empresarios cotizan un 0,60% y el trabajador, un 0,10%. Y, finalmente, los patronos pagan un 0,20% en contribuciones al Fondo de Garantía Salarial (Fogasa) para pagar salarios e indemnizaciones de las empresas en quiebra.

Panorama europeo

Asignatura pendiente

La armonización de los sistemas de Seguridad Social en Europa es la mayor asignatura pendiente debido a su dificultad. La disparidad entre los distintos sistemas de protección y, sobre todo su financiación, ha hecho imposible esta homologación hasta ahora. De hecho, no es algo siquiera que se tenga en la agenda de los responsables europeos.

El caso francés

En Francia, existe un sistema muy desagregado de cotizaciones,. Las cuotas se dividen en:una general para el trabajador; otra para costear el déficit de la Seguridad Social; otra específica para pagar pensiones de jubilación, repartida entre trabajador y empresario; una que funciona como un seguro de viudedad y lo pagan solo los trabajadores;la que costea las bajas laborales y que financia solo el empresario;y una última aportación también repartida entre asalariado y empleador para financiar pensiones complementarias.

Particularidades

En Grecia y Bélgica los trabajadores de oficinas aportan algo menos a la Seguridad Social que los asalariados manuales, por tener pensiones mayores. En Suecia y Finlandia, la cotización para pensiones se diferencia de la destinada a pagar las bajas por enfermedad común.

En el Reino Unido, el tipo de cotización es progresivo (2% las primeras 64 libras y el 10% el resto hasta el tope de salario cotizado). Pero si el trabajador participa en un plan de pensiones privado, el 10% se reduce al 8,4%. En Austria, existe una cotización por “condiciones meteorológicas adversas”, dentro de los riesgos profesionales para costear prestaciones cuando los ocupados al aire libre no pueden trabajar. Los austriacos y los franceses para cotizan para ayudas de vivienda;y los belgas para ayudas educativas. En Alemania empresario y empleado cotizan por Dependencia un 0,8% cada uno.

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