Trabajan las 24 horas de los siete días semanales

Perder dinero en un negocio los unió para siempre

Abrieron el restaurante Sula, pero la historia no finalizó bien

Han comenzado a poner los cimientos de un nuevo negocio conjunto

Perder dinero en un negocio los unió para siempre

Dicen que de una boda sale otra. Y fue en el enlace de la hija de un amigo de ambos, hace 12 años, cuando surgió la chispa empresarial entre José Gómez, propietario de la firma de ibéricos Joselito, y Cayo Martínez, dueño de las empresas de conservas de verduras La Catedral de Navarra y Viuda de Cayo. Se entendieron por dos razones: conocen los códigos empresariales por los que se mueven las pequeñas empresas familiares, “la palabra”, y por su amor por la hostelería. La conversación que mantuvieron en el ágape nupcial se plasmó en un primer negocio conjunto, el restaurante Sula, en una época, hace más de diez años, en la que había serias dificultades para encontrar locales disponibles en Madrid.

Equipo


Además de la complicidad que tienen en los negocios, y en la forma de entender la vida, siempre dedicada al trabajo, aseguran que la clave del éxito, en estos momentos, está en el equipo de profesionales de Álbora, y en el cocinero, David García.

Pero sobre todo, la clave está en la persona que mueve los hilos: haber fichado y confiado en Jorge Dávila, el director que está en el día a día de todos los negocios de restauración de esta pareja. “Ha sido nuestro mejor acierto, es un fenómeno y confiamos todo en él”, dice José Gómez.

“Tardamos un año en encontrarlo, pero no nos importó, en los negocios hay que tener paciencia”, explica Martínez, navarro de 48 años. Cuando toman una decisión, trabajan juntos para lograr el objetivo. Porque el secreto para que la relación entre socios funcione está en la compatibilidad. “En tener una actitud similar, compartir cosas, además de tener entender la vida de forma parecida. Somos complementarios, de manera que donde no llegue uno lo supla el otro”, explica Gómez, nacido en Guijuelo (Salamanca) hace 49 años. De él su compañero advierte que es un profesional de gran prestigio, que con su trabajo y sus jamones (considerados los mejores del mundo) abre todas las puertas. “Sabe dónde quiere ir y es un gran perfeccionista. Nunca le vale el cinco, siempre busca el nueve o el diez”. Y este valora de Cayo Martínez su capacidad para aportar paz a la relación. “Hemos hecho varios negocios juntos, algunos salen mal y, en ese sentido, es importante que el socio cierre filas, que apoye al cien por cien, y eso es muy difícil de conseguir”, afirma José Gómez, que compara la relación de socios a la de un matrimonio, “donde te tienes que divertir”, aunque muchas veces la mayoría se rompen, “por eso hay que cuidar las relaciones”.

Abrieron el restaurante Sula en un momento de euforia económica en España, pero cuando los cimientos no están bien puestos, el proyecto acaba desmoronándose. La historia no finalizó bien, pero no se desanimaron. Transformaron el antiguo restaurante en otro completamente diferente, Álbora, que este año ha conseguido una estrella Michelin. “Cambiamos a todo el personal, ya que en un negocio de este tipo, el 33% del éxito depende del factor humano”, explica Gómez.

Han pasado momentos duros, cuando las cosas no marchaban bien en el negocio, “pero jamás hemos discutido entre nosotros, aunque no estuviéramos de acuerdo en todo. Aprendemos tropezando, no tiramos la toalla nunca”, prosigue el empresario salmantino. Ellos suman, no restan, afirma Martínez, “Lo bueno es que nuestros negocios, de los que vivimos, no son competencia, uno se dedica a las verduras y el otro a las chacinas”, dice el navarro.

Ambos trabajan las 24 horas del día los siete días de la semana. Están satisfechos. No conciben su existencia sin este estilo de vida, de dedicación plena. Y el diálogo forma parte de esas reglas no escritas que mantienen viva una relación. “Lo importante es la confianza que tenemos entre nosotros. Somos una pareja consolidada, nos fiamos el uno del otro”, señala José Gómez. Tan es así, que ya han comenzado a poner los cimientos de otro negocio conjunto: abrirán un nuevo restaurante en el mismo lugar donde estaba El Bodegón, propiedad del grupo Vips, en el que invertirán más de seis millones de euros. “Es un proyecto tremendo, en el que estamos muy ilusionados”, prosigue el empresario.

A estos dos socios las dificultades les han unido más. “Cuando pierdes dinero y van mal las cosas es cuando se ve la talla de las personas, y en el momento en el que sales del bache se genera una mayor confianza”, explica Cayo Martínez. “Esto es imparable”, concluye Gómez.

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