El Foco

Del precipio al abismo

El eterno pulso que Grecia ha mantenido con la troika está llegando a su fin. Grecia ha jugado sus bazas estirando la cuerda en las negociaciones hasta alcanzar la máxima tensión posible. Pero el Eurogrupo ha dicho basta y la cuerda está a punto de romperse por la negativa del Gobierno griego a aceptar las condiciones de la troika. En este momento, la cuerda aún no se ha roto gracias a la asistencia de liquidez de emergencia (ELA) del Banco Central Europeo y al corralito impuesto en Grecia.

La tensión es máxima ante un lunes negro en los mercados financieros, como era de esperar. Es cierto que la eurozona se ha reforzado con instrumentos como la Unión Bancaria y las medidas excepcionales del BCE. Pero a pesar de que Grecia es menos del 2% del PIB europeo y de que toda su deuda pública está en manos de instituciones públicas, la capacidad de contagio ha sido clara por un motivo fundamental: porque la posibilidad de que un socio del euro tenga que abandonar la UEM supone un fracaso para la supuesta Unión, y es posible pensar que la historia pueda repetirse en el futuro con otro socio de esa Unión. Ese es el origen último de la capacidad de contagio.

El primer ministro griego se encuentra entre la espada y la pared de la troika y de sus socios de Gobierno

¿Cómo es posible que se haya llegado hasta aquí? El motivo no es económico, sino político. El primer ministro griego se encuentra entre la espada y la pared de la troika, por un lado, y de sus socios de Gobierno, por otro. Y acceder a la oferta de la troika entra en conflicto con las promesas realizadas al electorado. Ese es el quid de la cuestión y el motivo de la convocatoria de referéndum (en el que el Gobierno griego pide el no a la oferta de la troika, aumentando así su capacidad de presión) para que sea el pueblo quien decida.

El problema es que esta última baza del Gobierno griego entra en conflicto con el timing del rescate. Hoy, martes, día 30 de junio, Grecia tiene que hacer frente a un pago al FMI y, además, expira la prórroga del segundo rescate.

De momento, la banca griega apenas ya puede respirar y se mantiene asistida de la liquidez de emergencia de la ELA, que es insuficiente al haber mantenido el BCE el domingo la cantidad del viernes, pero sin incrementos. En este escenario, a Grecia no le ha tocado más remedio que decretar vacaciones forzadas a sus bancos, limitar la retirada de efectivo a 60 euros diarios, cerrar la Bolsa e instaurar un control de capitales para evitar su fuga. Un corralito en toda regla.

¿Qué va a pasar en los próximos días? Si el BCE mantiene el ELA y Grecia, toda la semana, las medidas de control de capital hasta la celebración del referéndum el domingo, todo dependerá de la decisión del pueblo griego.

Si deciden seguir en el euro y aceptan, por tanto, la última oferta de la troika (aunque habrá que volver a negociar), se habrá salvado la bola de partido. Pero si el resultado del referéndum es un no al euro, en ese caso todos salimos perdiendo y será un auténtico fracaso después de tantos años de sacrificio. Grecia experimentará una brutal pérdida de riqueza con la devaluación de la moneda, elevada inflación, aumento del desempleo, quiebra de su sector bancario (aunque en este momento ya no es solvente con una tasa de morosidad por las nubes), etcétera. En resumen, el abismo. Y el coste para la UEM, además de reputacional, serán los miles de millones de euros que Grecia no devolverá y, sobre todo, el efecto contagio y el retroceso en la integración.

La situación de España no tiene nada que ver con la de hace tres años y la capacidad de contagio es limitada

Afortunadamente, la situación de España no tiene nada que ver con la de hace tres años, por lo que la capacidad de contagio debería ser más limitada. España está creciendo con fuerza y ha corregido algunos de sus desequilibrios (reducción del déficit público, exterior, endeudamiento privado, aumento del empleo, etcétera). Pero el alto endeudamiento, tanto del sector privado (182% del PIB) como público (98% del PIB), nos hace financieramente vulnerables ante subidas de la prima de riesgo y, por tanto, del coste de la financiación. Y hay que recordar que una parte de la recuperación de la economía española se debe a factores externos, y uno de ellos (además de la depreciación del euro y la rebaja del precio del petróleo) es la reducción del coste de la financiación. Por tanto, si finalmente hay Grexit, habrá que revisar a la baja la estimación de crecimiento del PIB español.

Lo que está claro es que no hay que minusvalorar a ningún país por pequeño que sea. Un país que apenas representa el 2% del PIB comunitario ha hecho tambalear los cimientos de la Unión Económica y Monetaria. Habrá que revisar el concepto de demasiado grande para dejarlo caer (too big to fail), ya que los pequeños (en este caso un país) también pueden generar crisis sistémicas.

Crucemos los dedos para que el pueblo griego vote a favor de su permanencia en el euro para que los sacrificios que hasta ahora todos han asumido (el pueblo griego, pero también Europa) no hayan sido en vano. Pero la Unión Europea no puede consentir más presión, por lo que si al final hubiera Grexit, aunque tendría efectos muy negativos a corto plazo, a largo plazo la Unión Europea ganaría en reputación.

Joaquín Maudos es catedrático de Economía de la Universidad de Valencia, Director adjunto del Ivie y colaborador del CUNEF

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