La organización internacional se reúne hoy en Basilea

El BPI advierte sobre los bajos tipos de interés

El BPI avisó del riesgo de que "lo impensable se convierta en rutina”

Considera que el contagio político de la crisis griega es dfícil de evaluar

Edificio del BPI en Basilea, Suiza.
Edificio del BPI en Basilea, Suiza.

El Banco de Pagos Internacionales (BPI) ha advertido del riesgo que representa que “lo impensable se convierta en rutina” en referencia al “desarreglo” que presenta actualmente la economía mundial y que se ve reflejado en unos tipos de interés históricamente bajos.

El BPI, del que son miembros sesenta bancos centrales y autoridades monetarias y hoy celebró su asamblea general en la ciudad suiza de Basilea, publicó hoy la 85 edición de su informe anual también su informe anual, en el que presenta los principales riesgos para las economías más avanzadas por la reciente crisis.

En referencia a la crisis griega, considera que el potencial de contagio político de esta es difícil de evaluar y que la política monetaria es una solución fácil para ganar tiempo, que acaba soportando la mayor parte de la carga por no acometerse ajustes.

En el informe destaca que las tasas de interés se han mantenido “extraordinariamente bajas” en todo el mundo durante un periodo “excepcionalmente largo”, tanto en términos nominales como ajustadas por la inflación y en comparación con cualquier parámetro de referencia.

En su opinión, este es el síntoma “más palpable” de un desarreglo más amplio en la economía mundial, ya que la expansión económica está desequilibrada, las cargas de la deuda y los riesgos financieros son aún demasiado elevados, el crecimiento de la productividad es demasiado lento y el margen de maniobra de la política macroeconómica es demasiado limitado.

En este sentido, añade que este desarreglo se ha demostrado “cada vez más difícil de comprender”, pero argumenta que puede deberse en gran medida a la incapacidad para dar respuesta a los auges y contracciones financieros que “dejan heridas profundas y duraderas en la economía”.

El BPI advierte de que en el largo plazo podría enquistarse la inestabilidad y la debilidad crónica. “El riesgo ahora es que lo impensable se convierta en rutina y empiece a percibirse como la nueva norma”, incide.

Críticas a las políticas adoptadas

El organismo critica que a nivel nacional las políticas se han centrado principalmente en estabilizar el crecimiento y la inflación a corto plazo, perdiendo de vista los ciclos de auge y contracción financieros que avanzan con más lentitud, “pero son más costosos”.

Al mismo tiempo, afirma que el sistema monetario y financiero internacional ha diseminado las favorables condiciones monetarias y financieras de las principales economías hacia otras, a través de las presiones sobre el tipo de cambio y los flujos de capitales, favoreciendo la acumulación de vulnerabilidades financieras. “Se corre el riesgo de que esto sea pan para hoy y hambre para mañana”, avisa.

En este contexto, el Banco de Pagos Internacionales aboga por llevar a cabo un triple reequilibrio de los marcos de política a escala nacional e internacional para subsanar estas deficiencias.

En concreto, reclama pasar de “ilusorios ajustes macroeconómicos cortoplacistas” a estrategias a medio plazo; de la excesiva atención al crecimiento económico y la inflación a corto plazo a una respuesta más sistemática ante ciclos financieros de avance más lento; y de la estrecha doctrina de mantener cada cual su casa en orden a otra que reconozca los costes de la interacción entre políticas exclusivamente centradas en el propio país.

Además, considera que en este reajuste será fundamental recurrir menos a las políticas de gestión de la demanda y más a las políticas estructurales, con el fin de abandonar el modelo de crecimiento basado en el endeudamiento, que ha actuado como sustituto político y social de reformas orientadas a fomentar la productividad.

“El beneficio derivado de los menores precios del petróleo brinda una oportunidad que no debe dejarse escapar”, señala el BPI, quien incide en que la política monetaria se ha sobrecargado durante demasiado tiempo y, aunque debe ser parte de la respuesta, no puede ser la única.

 

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