Creciendo a ritmo de vértigo

Este año hemos conmemorado el setenta aniversario de la derrota de la Alemania nazi y el Japón militarista y honramos a las decenas de millones de personas que perecieron en la Segunda Guerra Mundial para salvar al mundo de la tiranía. La anexión por parte de Putin de Crimea y su intervención militar en Ucrania oriental han impedido una celebración conjunta entre los ex aliados occidentales y Rusia. En 1939, Stalin firmó un pacto de no agresión con Hitler que Putin ha defendido en público y que permitió al segundo anexionar territorios en Europa oriental y atacar a Francia sin tener que preocuparse por su flanco oriental.

Pero nadie ha recordado lo que sucedió en 1935, hace 80 años. Con EEUU recuperándose aún de la Gran Depresión y Francia y el Reino Unido debilitados por sus efectos, los líderes totalitarios prosiguieron con sus agresiones. Mussolini invadió Abisinia desde los territorios coloniales italianos de Eritrea y Somalilandia. El emperador Haile Selassie apeló en vano a la Liga de Naciones, que fue creada después de la Primera Guerra Mundial a instancias de, entre otros, el presidente Woodrow Wilson, Robert Cecil, Lord Balfour y Jan Smuts. La Liga debía garantizar el mantenimiento de la paz. En 1935, Hitler denunció el Tratado de Versalles y ocupó el territorio desmilitarizado de Renania. El 90% de la población del Sarre votó el mismo año en un referéndum convertirse en parte de Alemania. Japón, que había ocupado Manchuria en 1931, consiguió por la fuerza en 1935 después de terribles masacres que el gobierno chino cediera mediante tratados todo su territorio septentrional. Una Japón cuya población aumentaba e industria carecía de recursos naturales ya había atacado a buques de EEUU.

Sidney Blumenthal, asesor destacado de Bill Clinton, advertía en 2009 que la crisis económica en Europa fomentaría la aparición y crecimiento de partidos extremistas y demagogos. Esto evidentemente ya ha sucedido, y en algunos casos gobiernan (Syriza en Grecia, FIDESZ en Hungría, Finns en Finlandia) o son socios menores en coaliciones formales o informales en países escandinavos. La democracia y la economía de mercado no están amenazadas porque 75 años de integración europea han convertido a la UE en la primera economía del mundo por volumen de PIB y mayor mercado común mundial. Pero esto no significa que la UE y la eurozona gocen de buena salud. A pesar del deseo de la City londinese, la eurozona no desaparecerá. La integran 19 países con una población total de 334 millones de personas. Hay demasiados intereses creados que desean una alternativa al dólar. El 25% de las divisas que poseen los países son euros.

Este año será decisivo de cara a la consolidación de la recuperación económica en Europa. Distintas elecciones generales (Portugal, Polonia, España) pondrán a prueba a gobiernos que con medidas impopulares han conseguido reavivar sus economías. Los británicos recompensaron los éxitos económicos del gobierno encabezado por Cameron. El próximo 24 de mayo España se juega mucho. Las estadísticas demuestran más allá de cualquier intento demagógico de negarlo que nuestra economía es -- juntamente a las del Reino Unido y Polonia -- la más dinámica de Europa. Según previsiones de El Economist (poco amiga del euro), creceremos un 2,6% en 2015, superando a todas las economías grandes de la UE con la excepción de Polonia. Se prevé que el crecimiento del PIB de la eurozona alcance un 1,5%. El crecimiento económico español se aceleró en el primer trimestre, periodo en el cuál nuestro crecimiento a ritmo anual (2,6%) ha superado al de todos nuestros socios en la UE. Los que pretendan desde la ignorancia económica cuestionar esta afirmación deben saber que, en el primer trimestre de 2015, el crecimiento del PIB intertrimestral a ritmo anual alcanzó el 3,6%, magnitud sólo comparable a la de grandes potencias emergentes como China (5,3%) o la India (4%). Nuestro superávit en la balanza por cuenta corriente es de los más altos de la UE, a años luz de Alemania pero cercano al de Italia y los Países Bajos. La prima de riesgo se situa en 111 puntos y pagamos 1,75% para que los inversores compren nuestro bono a diez años (7% en 2012). El superávit de la balancia comercial no energética y la previsión de reducción del déficit público al 4,4% a finales de este año redondean un cuadro macroeconómico espectacular y que deja en ridículo a los que durante 2012 vaticinaron que la troika nos tendría que rescatar. Degraciadamente, los partidos que dejaron el país al borde de la bancarrota (PSOE) o desean retroceder a medidas demagógicas (Podemos, IU) pueden cosechar un buen resultado en los comicios del próximo día 24.

Los pesimistas y demagogos alegarán que el espectacular e innegable despegue de la economía española no ayuda al 23% de la población en paro. Dicha estadística no refleja la realidad. Según un reciente estudio de IESE, el 20% de los parados y el 10% de los ocupados obtienen ingresos laborales que no declaran. Hay que aflorar la economía sumergida con una amnistía laboral que otorgue un plazo de cinco meses a las empresas para regularizar y dar de alta en la Seguridad Social a todos sus empleados. Transcurrido dicho periodo, se penalizaría tanto a empresas como empleados que no declararan dichos ingresos a Hacienda. El paro oficial se situaría en el 15%. Muchos alegarán que la clase política ha protagonizado escándalos de corrupción de gran envergadura y que el trabajador o parado que cobra en negro sólo intenta llegar a final de mes. Aunque dicho argumento es humánamente correcto, económicamente se debe rebatir con la realidad de que la evasión fiscal y fraude a la Seguridad Social nos perjudican a todos porque su recaudación permitiría invertir más en sanidad, educación, infraestructuras, I+D+i y otras partidas fundamentales.

En EEUU se denomina al ejecutivo “the administration”, y no el gobierno. El estado administra e invierte (o ahorra) las recaudaciones de impuestos. Si queremos acelerar más nuestro crecimiento, hay que emprender una campaña contra la economía sumergida. La justicia seguirá actuando lenta pero implacablemente contra los políticos, empresarios y cargos públicos que rompieron la ley. Muchas empresas y empresarios prefieren pagar o ser remunerados en negro. Hay que cambiar dicha mentalidad.

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