Para qué sirve y para qué no sirve el pacto salarial

Los sindicatos y la patronal han logrado cuadrar un acuerdo salarial para dos años que únicamente puede servir de bálsamo contra la conflictividad, pero que puede complicar la vida a muchas empresas, sobre todo pequeñas, y que puede frenar la ganancia de competitividad que tanto ha costado recomponer, y que puede tener un coste en empleo.

España tiene gran tradición de pactos salariales en la transición, con buenos resultados en materia de control de costes y paz social en las empresas. Pero ahora no están de moda este tipo de 'acuerdos paraguas', puesto que la plena apertura de los mercados de bienes y servicios a la competencia con la creación de la zona euro y la globalización comercial obliga a las empresas y los sectores a pelear cada trecho y deben ajustar sus condiciones de costes, también los laborales, a su situación particular.

Un acuerdo global fuerza a políticas retributivas uniformes en un mercado que no es uniforme, que precisa de una negociación de salarios asimétrica. En España tenemos la destructiva experiencia del sector inmobiliario, que arrastró, unas veces con pactos generales y otras sin ellos, a los costes de todos los sectores productivos y los precios de todas las actividades, las que competían en los mercados y las que vivían en marcos cautivos. Y aún lo estamos pagando.

La economía española no está para pactos que inyecten una determinada política uniforme de salarios; hay sectores muy competitivos, que ganan terreno en los mercados cada mes, y que pueden y deben subir los salarios por encima del 1% nominal que se ha pactado; pero hay otros sectores, todavía los más, que no estén en disposición de subir los salarios, cuyas empresas (el 60% según la CEOE) están en pérdidas, y deben seguir aferrados a la congelación nominal de los sueldos.

Este es el principal problema que generará el pacto salarial: una negociación colectiva que caminaba por su inercia con subidas salariales del 0,7% ya en mayo, no puede pasar a prescribir el 1%, que es donde acabarán las subidas a partir de ahora, se pueda o no se pueda, y aunque el pacto termine diciendo que los salarios deben subir "hasta un 1%". Hay un riesgo cierto que quebrar el camino de ganancia de competitividad que se inició en 2012, con un control de los costes laborales unitarios que ha permitido recuperar casi toda la pérdida de competitividad que se había perdido en los diez primeros años del euro.

El índice de Garantía de la Competitividad recomienda que los salarios se muevan en una horquilla entre el cero y el 2% hasta se que recupere todo lo perdido, y que se utilice siempre como referencia de inflación el IPC europeo. No nos sorprendamos si tras una supuesto alivio de las rentas salariales, en un par de años nos encontramos con un parón en el crecimiento y en la creación de empleo. Es exagerado hablar de que se ha iniciado una espiral de costes con el pacto salarial; desde luego; pero las empresas no tienen sus cuentas como para empezar con subidas nominales del 1% y con carácter general.

Además, los salarios con un 07% de subida, tal como se están firmando los convenios hasta ahora, aportan una ganancia de poder de compra de más de un punto, puesto que la inflación sigue siendo negativa y así estará todo el año.

Por tanto, si desde el punto de vista económico no tiene mucho fundamento, para qué sirve el pacto salarial de este año y el que viene. En primer lugar devuelve a los sindicatos y la patronal, bastante ausentes durante toda la crisis, al primer plano de las supuestas soluciones; recuperan utilidad frente a la sociedad, tras haber estado en el punto de mira durante toda la crisis. Pero incluso tal reconocimiento no se puede hacer a cualquier precio.

La patronal, de hecho, en una rueda de prensa ha tratado de explicar porqué firma un acuerdo que admite que las empresas no podrán casi cumplir. Los sindicatos, que han alargado artificialmente la negociación hasta que pasase el primero de mayo para disponer de una munición, aunque empapada, para arrearle al Gobierno en las concentraciones cada vez más limitadas, los sindicatos, digo, dan un cheque en blanco al Gobierno a diez días de las elecciones. Primero piden el voto contra el PP, y luego firman un pacto salarial que solo beneficia al Gobierno del PP ante municipales, autonómicas y generales.

El Gobierno gana cierto respaldo a sus políticas, de las que tanto han renegado los sindicatos, para arropar su programa de estabilidad y crecimiento, y sus tesis electorales de creación de empleo y recuperación de aquí a fin de año.

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