Día del agua. La situación de España

Hora de cumplir en serio

Como preámbulo al Día Mundial del Agua, la Comisión Europea tacha de insuficiente el primer ciclo de planificación hidrológica para alcanzar los objetivos ambientales en los cauces fluviales de la UE en 2015.

España, entre los países que necesitan mejorar en el próximo periodo.

Humedales en Palencia.
Humedales en Palencia.

Las masas de aguas continentales en peor estado en España se reparten principalmente entre las cuencas del Segura, Guadiana, Guadalquivir, Guadalete y Barbate y Andalucía-Mediterráneo. La reciente revisión y evaluación por parte de la Comisión Europea (CE) de la planificación hidrológica europea y española y del grado de cumplimiento de la Directiva Marco del Agua (DMA) conlleva una recopilación de datos y el reconocimiento de avances (los menos) y carencias (las más) que obliga a mejorar sustancialmente de cara al nuevo período de planificación.

Esto incluye que todas las masas de agua presenten un buen estado de conservación, algo que ahora incumplen en España el 39,2% de las mismas, a lo que hay que añadir que se desconoce la situación del 17,4%. El diagnóstico de la CE hace presagiar que la cosa puede estar peor.

“Las carencias en la caracterización y las deficiencias en los programas de vigilancia y en los métodos de evaluación dan lugar a que un importante número de masas de agua presente un estado poco fiable o desconocido. Esto socava todo el proceso de planificación y compromete la definición de las medidas necesarias y el cumplimiento de los objetivos ambientales. Por otra parte, faltan objetivos ambientales para un número relativamente alto de masas de agua, o se retrasan hasta el tercer ciclo de planificación (2027) sin la debida justificación”. El 9 de marzo la Comisión publicaba un informe en el que advertía a España de estas carencias.

Si no hay un cambio radical, la política hidráulica del siglo XX se perpetuará en las dos primeras décadas del XXI

Nuestro país completó el año pasado la presentación de los planes hidrológicos de cuenca para el primer período de planificación (2009-2015), es decir, con cinco años de retraso, y teniendo en cuenta que en el presente deberían estar los del siguiente período: 2015-2021.

En la evaluación que hace la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA) de la planificación anterior, se asegura: “los planes de la segunda generación (ahora en exposición pública), según declaraciones de los responsables de planificación, no incorporarán variaciones sustanciales, puesto que se acaban de aprobar los anteriores. Así, si no se produce un cambio de rumbo radical, la política hidráulica del siglo XX se perpetuará en las dos primeras décadas del XXI”.

Desde el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente afirman que “el estado general de los ríos españoles es bueno, aunque, lógicamente, en algunos puntos es mejorable y en eso es en lo que estamos trabajando”. Señalan que en 2009 el 48,7% de las masas de aguas superficiales españolas estaban en buen estado y que ahora su objetivo, plasmado en los planes hidrológicos, es “que a finales de este año esas cifras aumenten hasta el 63,7%”.

Nuestro entorno

Según la información recopilada por la CE sobre los planes hidrológicos presentados por España, las masas superficiales que tienen un buen o excelente estado suponen el 43,4%; en situación moderada se encuentra el 29%, pobre el 6,9%, mal el 3,3% y, como se ha dicho, se desconoce el estado del 17,4%.

“Nuestros valores indican un grado de conservación alto si tomamos como referencia el contexto europeo”, considera el ministerio. Citan como ejemplo a países de nuestro entorno, como Francia o Italia, que en 2009 contaban con un 25,2% y un 8,3% respectivamente de masas en buen estado y para 2015 esperan alcanzar el 38,5% y el 10,1%. “Otros países emblemáticos en su protección medioambiental, como Reino Unido y Holanda, tenían, respectivamente, un 18,7% y 0,4%, y para 2015 esperaban alcanzar el 21,3% y el 9,5%”, añaden desde el ministerio.

“Nuestro objetivo es cumplir con la directiva, no compararnos con el último de la clase, y eso nos obliga a presentar un buen estado para todas las masas de agua”, señala Julia Martínez, directora técnica de la FNCA, entidad que a través del Observatorio de las Políticas del Agua ha realizado una evaluación del primer ciclo de planificación hidrológica en España partiendo de 32 informes firmados por personas procedentes de universidades, centros de investigación y ONG. El resumen de todas ellas se concreta en que “la transposición al ordenamiento jurídico español de la Directiva Marco del Agua sigue siendo incompleta e inadecuada”.

Espacio Natura 2000

Entre los ejemplos de esa mala transposición denunciados por la FNCA están, entre otros, los siguientes: persiste un gran número de masas sin definición de estado ecológico ni de caudales ambientales establecidos; en la mayoría de las demarcaciones no aparecen objetivos específicos de conservación de las masas de los lugares Natura 2000; en buena parte de las demarcaciones se han aplicado prórrogas generalizadas para alcanzar el buen estado de las masas de agua que no están adecuadamente justificadas; y la mayor parte del presupuesto de los programas de medidas se asigna a obras de incremento de la oferta, sobre todo regadíos”.

“Los problemas que afectan a la calidad química son muy poco frecuentes en nuestro país”, dice Medio Ambiente

A estas críticas se unen las de la CE, que las hace extensivas a los programas de medidas presentados por todos los Estados miembros, y recuerda que el Plan para salvaguardar los recursos hídricos de Europa, de 2012, llegó a la conclusión de que aproximadamente la mitad de las aguas superficiales de la UE tiene pocas probabilidades de alcanzar un buen estado ecológico en 2015. “En lugar de concebir las medidas más apropiadas y rentables para garantizar que sus masas de agua alcanzaran un buen estado, resolviendo así la persistente ausencia de resultados, muchos Estados miembros se han limitado a realizar estimaciones sobre hasta qué punto las medidas existentes podrían contribuir a la consecución de los objetivos ambientales de la DMA. La consecuencia de ello es que se aplican exenciones de una manera demasiado generalizada y sin la adecuada justificación”, censura la CE.

“En España hay tramos completamente encauzados que se incluyen como masas en buen estado”, apunta Julia Martínez. El ministerio de Medio Ambiente advierte de que, “en nuestro país, los problemas más frecuentes que diagnostican un estado que no alcanza el bueno son los hidromorfológicos (cambios de caudal y de forma física de las masas de agua) que afectan a la disponibilidad de hábitat”. Por el contrario, sostiene que “los problemas de calidad química del agua son mucho menos frecuentes, y esencialmente se van a resolver mediante un nuevo impulso al tratamiento de las aguas residuales”.

Hay que recordar que la Comisión Europea denunció en noviembre del pasado año a España ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea por no garantizar el “correcto tratamiento” de las aguas residuales urbanas en varios municipios de Galicia y Cataluña y por haber remitido información “incompleta” o no haber cumplido los niveles óptimos en poblaciones de Andalucía y, de nuevo, Cataluña. Por otro lado, diversos organismos científicos, como el Instituto Catalán de Investigación del Agua (ICRA), alerta en los últimos años sobre la presencia en los ríos de contaminantes emergentes (restos de fármacos como ibuprofeno, antidepresivos o antiepilépticos, y de drogas como la cocaína) que no son considerados en profundidad.

Gestión eficaz

Los informes de la CE también inciden en un punto importante: una gestión hidrológica eficaz, como exige la DMA, ayuda a los Estados miembros a prepararse para fenómenos meteorológicos extremos que, debido al cambio climático, son cada vez más frecuentes y causan enormes daños. Además, como complemento, en 2007 se adoptó la directiva sobre inundaciones, que obliga a los Estados a evaluar y cartografiar los riesgos y la peligrosidad por inundaciones y a establecer planes de gestión.

Tras las recientes inundaciones en la cuenca del Ebro, la FNCA publicó un manifiesto en el que, entre otras medidas, propone aplicar la directiva de inundaciones para “devolver los ríos a su propio espacio, estableciendo y gestionando el denominado territorio fluvial”.

La CE insiste en que está ampliamente reconocido que grandes partes de Europa van a padecer cada vez más inundaciones y con mayor frecuencia por culpa del cambio climático y que medidas como la reconexión de la llanura aluvial al río, la recuperación de meandros y la restauración de humedales “pueden reducir o retrasar la llegada aguas abajo del nivel máximo de la crecida, aumentando al mismo tiempo la calidad del agua y su disponibilidad, preservando los hábitats y reforzando la resiliencia al cambio climático”.

Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico Regional de la Universidad de Alicante, es el encargado de analizar a través del Observatorio de las Políticas del Agua el tratamiento que se le da al cambio climático en los planes hidrológicos.

A pesar de que el último informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático de Naciones Unidas anuncia el descenso de las precipitaciones y un aumento de temperaturas que elevará la evaporación de caudales y reducirá el agua disponible en latitudes medias, Olcina considera que “su inclusión no ha sido uniforme en todos los ámbitos de planificación y no se han abordado algunas cuestiones que van a resultar de importancia en un escenario futuro”.

Recomienda que para el segundo ciclo de planificación incorporen en sus análisis regionales la probabilidad de que “la cantidad de precipitación total anual se reduzca un 10% hasta 2050 y que aumente, en porcentaje similar, la proporción de números de días secos”. También señala que “las precipitaciones máximas en 24 horas que pueden ocasionar problemas de crecida fluvial e inundaciones podrían incrementarse un 5% en el conjunto peninsular para el horizonte 2050”.

El Sur, el más exhausto

Un regadío en Jerez de la Frontera, Cádiz.
Un regadío en Jerez de la Frontera, Cádiz.

Cauces con menos agua e índice de extracción mayor, sobre todo derivado de los regadíos. Estas son las causas principales de que las cuencas con masas de agua en peor estado se concentren en la mitad sur peninsular. Gobierno central, comunidades autónomas y asociaciones de regantes piensan que la modernización y ampliación de regadíos es compatible con la Directiva Marco del Agua y, por lo tanto, siguen promoviéndolas. La CE avisa a España de que debe revisar la manera en que la modernización de regadíos es considerada en los planes hidrológicos.

La CE ya ha advertido a las comunidades autónomas sobre la incorporación de nuevos regadíos en la programación de desarrollo rural 2014-2020: “Las inversiones pueden conllevar un aumento de las presiones ejercidas sobre las masas de agua. Se invita a las autoridades españolas a explicar cómo se garantizará el cumplimiento de la directiva”. El ministerio de Medio Ambiente justifica la inversión de 32 millones de euros para las mismas partidas en el programa estatal de desarrollo rural: “son actuaciones perfectamente compatibles con la planificación hidrológica, ya que se incrementa, no sólo la eficiencia hídrica, sino la energética de los sistemas de riego, disminuyendo las emisiones de gases de efecto invernadero”. Según el departamento, el ahorro potencial de agua que se produce con el desarrollo de esta modernización debe estar comprendido entre el 5% y el 25% del agua inicialmente suministrada, “pero si la zona se abastece de una masa que no alcanza el buen estado por razones cuantitativas se tendrá que producir una reducción efectiva del 50% del ahorro potencial de agua”.

Sin embargo, la experiencia en modernización de regadíos en España fue cuestionada hace unos días por WWF España. En su informe Un mal negocio para la naturaleza y la sociedad, que recoge ocho casos (seis de ellos en Andalucía) estudiados durante 10 años, se constata que “estas obras no solo no han servido para ahorrar agua, el principal argumento esgrimido, sino que han supuesto un aumento del consumo de entre un 4% y un 42%”.

La agricultura es la mayor consumidora de agua (70%), con puntos en las cuencas del Guadalquivir y el Segura que alcanzan el 85% del total. La incidencia es relevante también porque es la mayor fuente de contaminación difusa, derivada del uso de fertilizantes y fitosanitarios. Medio Ambiente sostiene que el uso del agua en el sector agrario descendió de 17.681 hectómetros cúbicos en 1999 a 15.833 en 2012, y desde la Asociación de Regantes de Andalucía piden que en la nueva planificación hidrológica “se conserven los regadíos que ya se han creado y crecer de forma sostenible, siempre que sea posible”.

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