Advierte contra el auge de los populismos

El presidente pide otra legislatura para crear tres millones de empleos

El vicesecretario de Organización del PP, Carlos Floriano, entrega una carpeta a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, en presencia del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy y el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo.
El vicesecretario de Organización del PP, Carlos Floriano, entrega una carpeta a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, en presencia del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy y el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo. EFE

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no se salió ni un ápice del guión esperado durante su intervención en el debate sobre el estado de la nación. Recordó cómo España ha pasado de estar al borde del rescate a ser uno de los países que más crece y empleo genera de la zona euro. Aunque en esta ocasión, abandonó su tradicional tono prudente para pasar a augurar un “futuro despejado” si no hay retrocesos, en clara alusión, sin nombrarlos, a los partidos políticos que vaticinan nuevas recetas o “remedios mágicos”, que, en opinión del presidente, devolverían al país “a la ruina más descarnada”.

Comenzó su discurso exhibiendo la España que encontró a finales de 2011. “La intervención nos rondaba, éramos candidatos claros a salir del euro, no había dinero y el prestado nos salía carísimo y se destruía empleo a un ritmo de más de 3.200 puestos de trabajo al día”, espetó. Después de ese panorama “invernal, gélido y desolador”, el presidente pasó a desgranar buena parte de las políticas que, a su juicio, han posibilitado “salir de la pesadilla”, de la crisis más dura jamás vivida.

Y lo hizo, de nuevo como se esperaba, apelando a los datos macroeconómicos que comienzan a avalar que la recuperación es una realidad. Rajoy recordó que se ha invertido la situación y 2014 fue el primer ejercicio desde que comenzó la crisis que finalizó con 440.000 personas más trabajando y el empleo creciendo a un ritmo del 0,8% anual.

“España ha recuperado su competitividad y las ventas al exterior suponen ya el 33% del PIB, lo que representa el mayor crecimiento del grupo de países del G7, a excepción de Alemania”, añadió el jefe del Ejecutivo. Todo ello es lo que ha posibilitado que el año pasado culminara con un crecimiento económico del 1,4%, mayor del esperado por el Ejecutivo y los principales analistas financieros. El presidente fue más lejos y aseguró que toda esta recuperación comienza a ser percibida por los hogares, como prueba el hecho de que se estén comprando más coches, hayan aumentado las ventas minoristas y se contraten más hipotecas.

Cuadro macro

Así, expuesto el relato del antes y el después, llegó el momento de los agradecimientos y, de nuevo, Rajoy fue más agresivo de lo que es habitual en él. Proclamó que el Gobierno hizo lo que tenía que hacer, aunque el mérito corresponde a España y a los españoles, que se rescataron a sí mismos. De hecho, reiteró que pese a que ahora la rueda de la economía vuelve a girar, y España ya no está en los titulares negativos ni en el rincón de los problemas, “nos queda mucho por hacer”. En esta línea, advirtió que solo “nos puede frenar una cosa: nosotros mismos”, en una nueva alusión a los populismos.

El presidente no escatimó en enumerar desastres económicos al describir qué habría ocurrido si España hubiera decidido finalmente solicitar el rescate a las instituciones europeas, “tal y como nos animaban algunos a hacer”. “No lo hicimos, y fue la gran decisión de política social de la legislatura”, recalcó Rajoy.

Frente a medidas más dolorosas como la rebaja de las pensiones o recortes en las prestaciones por desempleo, el jefe del Ejecutivo defendió la puesta en marcha de otras iniciativas, como el plan de pago a proveedores, las líneas ICO o el Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) que permitió, entre otras cosas, que las administraciones públicas continuaran prestando los servicios públicos básicos.

No se refirió nunca a las subidas de impuestos que ha decretado desde su llegada a la Moncloa y sí, de forma eufemística, a los numerosos “esfuerzos” pedidos a la ciudadanía, sacrificios que tocan a su fin, puesto que ha llegado la hora de “devolver” a los españoles parte de lo que “les pedimos”. Explicó que esto es así porque la economía ha vuelto a funcionar, ya que “el dinero no crece en los árboles. Para repartir, hay que crear”, dijo.

De este modo, revisó al alza las principales variables del cuadro macroeconómico. Vaticinó un crecimiento del 2,4% para este año, la creación de más de 500.000 empleos, el aumento del 3% en el consumo y del 7% en la inversión en bienes de equipo. También, auguró que se recuperará la inversión en construcción y la balanza de pagos por cuenta corriente registrará superávit. Para lograrlo, consideró necesario “acelerar la marcha” porque dijo que lo que hay que hacer “no es cambiar las políticas, sino seguir haciendo políticas para el cambio”.

En este marco, anunció una batería de medidas que se pondrán en marcha de aquí a final de año, entre las que destaca la nueva rebaja de cotizaciones que se aplicará a los contratos indefinidos, según la cual los primeros 500 euros de salario estarán exentos de pagar cuotas. El presidente insistió en que con todas estas nuevas iniciativas, sumadas a lo que ya se ha hecho, el objetivo de volver a alcanzar los 20 millones de empleos es posible. “Nos faltan tres millones de empleo y eso es ahora un objetivo alcanzable si no cometemos errores. Se puede, claro que se puede. Contemplo un futuro despejado si perseveramos en nuestros propósitos”, insistió.

Al margen de la economía, Rajoy apenas se refirió a otros de los asuntos que más preocupan a la ciudadanía: la corrupción y el pulso soberanista catalán. El presidente reiteró que hoy es más difícil que alguien cometa un acto de corrupción gracias a las medidas puestas en marcha. Sobre las demandas de independencia de la Generalitat, mostró su disposición a buscar el entendimiento preservando la unidad del Estado.

Normas