Los ríos trucheros y salmoneros de la zona son un paraíso para la pesca deportiva
Excursión en balsa por aguas tranquilas.
Excursión en balsa por aguas tranquilas.

Araucanía, donde estalla la naturaleza

A una hora de avión al sur de Santiago de Chile, y entre las regiones de Biobío y Los Ríos, está Araucanía, el país de los mapuches, la tierra donde todo es virgen

Chile es una isla. Rodeado al norte por el desierto y al sur por los hielos perpetuos, al este por la cordillera de Los Andes y al oeste por el Pacífico, el país se siente único e independiente. Claro está que a sus 4.329 kilómetros de largo y 90 de ancho en los puntos más estrechos hay que añadir su área antártica y su territorio insular, que pasando por la Isla de Pascua llega a Oceanía. Todo un territorio de contrastes que llena de orgullo a los chilenos.

Un orgullo que se hace rotundo en Araucanía, donde el pueblo mapuche atesora la tradición histórica de no haber sido conquistado nunca... “Ni por los españoles”, como les gusta decir, “ni siquiera por los chilenos”, como les gusta precisar.

Enjutos, fornidos, de corta estatura y morenos, los mapuches se ven hoy a sí mismos como una raza ancestral que desea mostrar al mundo su personalidad, su cultura y sus tradiciones. Un deseo que en algunos casos se extiende a reivindicaciones sobre las tierras. Ese orgullo nativo y la potencia extraordinaria de la naturaleza de su territorio convierten la Araucanía en una tierra de ensueño para el viajero. El entorno de esta geografía humana es una explosión de naturaleza virgen, un tesoro cubierto de bosques milenarios en una selva húmeda, cuajada de lagos, ríos y gigantescos volcanes.

Flores de madera, típicas de Pucón, con las que los artesanos alcanzan formas y colores de un realismo que engaña al paseante.
Flores de madera, típicas de Pucón, con las que los artesanos alcanzan formas y colores de un realismo que engaña al paseante.

Situada a 675 kilómetros de Santiago y formada por las provincias de Cautín y Malleco, el acceso más práctico para el viajero desde la capital es por avión. El vuelo dura una hora hasta el aeropuerto de Temuco, la capital araucana, con la que hay conexiones diarias. Por tierra (si se dispone de más, bastante más, tiempo) se puede acceder por la Ruta 5, la Panamericana, en unas siete horas, o desde Argentina por alguno de los tres pasos fronterizos que suelen estar abiertos todo el año a través de los Andes.

Temuco, una de las ciudades más importantes del sur de Chile –cerca de 300.000 habitantes y 10 universidades– se puede considerar una escala en la que hacer algunas compras de artesanía mapuche, como ponchos, gorros y otros tejidos en lana –la más apreciada, y cara, de vicuña– o los más transportables adornos en plata o alpaca plateada.

Para ello, apréndase nombres como trapelakucha (un collar de mando), chahuay (aros) o copihue (flor nacional de chile), muy útiles a la hora de elegir unos pendientes (allí, zarcillos, como en Andalucía), por los que, si compra bien, pagará no más de cuatro o cinco euros al cambio.

En el Mercado Municipal, un verdadero escaparate de la región en el corazón urbano, además de las compras la cita obligada es una comida en uno de sus muchos restaurantes, como El Criollo, entre el bullicio de carnicerías, marisquerías y tiendas de recuerdos. Muy aconsejables la cazuela –un sustancioso guiso con vacuno o pollo, locro (trigo triturado y ahumado) y verduras variadas como zapallo o papas– y el pastel de choclo.

Además de Temuco, la Araucanía ofrece otros destinos definidos para el viajero, como la zona costera –las regiones chilenas hacen siempre frontera por el este con los Andes y por el oeste con el Pacífico– y, al noroeste, el área del Parque Nacional Nahuelbuta, ya en el límite de la región de Biobío. Aunque es en Villarrica –nombre que comparten la ciudad, el lago y el volcán–, a 85 kilómetros de la capital por carretera, donde la Araucanía muestra todo su esplendor, sea en las playas lacustres en el verano austral o en las pistas de esquí de las laderas del volcán en pleno invierno.

Lago y volcán de Villarrica (un cono casi perfecto de 2.847 metros de altitud). Su nombre en lengua mapuche es Rukapillan (la casa del espíritu).
Lago y volcán de Villarrica (un cono casi perfecto de 2.847 metros de altitud). Su nombre en lengua mapuche es Rukapillan (la casa del espíritu).

Pero es ahora, en el verano austral, cuando el contraste con el frío invierno europeo da más belleza a aquellas tierras. Y es algo que se percibe muchos kilómetros antes de llegar, cuando en las largas rectas que llevan a Villarrica el volcán imponente recibe al viajero.

Una vez en la ciudad –es aconsejable pararse antes, para contemplar lago y volcán en su conjunto: foto segura–, el viajero sentirá la necesidad de tomar camino de Pucón, la localidad prototurística por excelencia de la zona. Un centro de acogida, con hospedajes y propuestas de todo tipo, como la Ruta de los Siete Lagos, una posibilidad paisajística de primera, que se puede acompañar de extraordinarias jornadas de senderismo y trekking, visitas a cuevas volcánicas, travesías en kayak o descensos en balsas por caudalosos ríos en aguas bravas o calmadas, excursiones en barco o bote de vela por los numerosos lagos o, simplemente, paseos tranquilos por una selva húmeda que recuerda en la primavera austral al norte de España.

Es en Pucón donde, sorpresivamente y si sabe negociar, el viajero podrá obtener sin problemas, en la calle principal, la avenida O’Higgins, un cambio de moneda al peso chileno más favorable que en el aeropuerto o en los hoteles de Santiago.

Con cierto aire finisecular, muy a juego con la poderosa naturaleza que la rodea, el ambiente joven que le confiere ser destino de excursiones de universitarios y con la cumbre del Villarrica siempre vigilante, Pucón se ofrece como base ideal para sacar todo el provecho a la Araucanía.

Un hotel como el Villarrica Park Lake, con aspecto de mansión alpina y habitaciones que parecen construidas dentro del lago, entre Villarica y Pucón, es la mejor forma de disfrutar un desayuno continental con pan recién horneado. Pero si el viajero quiere conocer un hospedaje especial es aconsejable que se llegue hasta el Antumalal (corral del sol, en mapudungun, la lengua mapuche), un verdadero precursor de los hoteles con encanto que fundó una pareja checoslovaca, los Pollak, a mediados de los cincuenta del pasado siglo a partir de un... salón de té al que los clientes lugareños accedían en barca.

El Antumalal, regentado por Rony Pollak, hija de los fundadores, es un complejo modernista integrado en la naturaleza de manera asombrosa. En su lista de clientes de honor, además de las inevitables estrellas del cine, figura una joven Isabel II de Inglaterra, que aterrizó en el avión real en una pista de tierra, atraída por la enorme afición de su marido, Felipe de Edimburgo, a la pesca a mosca. Porque Pucón y sus ríos son el paraíso para esta modalidad de pesca a caña, sin duda la más deportiva. Y también una fuente de ingresos, por la que llevan luchando años pioneros como Mario Alarcón, con tienda de pesca en la avenida O’Higgings y probablemente el mejor guía de la región.

Rosa, campesina mapuche, muestra un tarro de miel de ulmo que produce y vende gracias a un programa de capital semilla para el emprendimiento de mujeres.
Rosa, campesina mapuche, muestra un tarro de miel de ulmo que produce y vende gracias a un programa de capital semilla para el emprendimiento de mujeres.

Así lo entiende el nuevo hotel Vira Vira, a cuyo edificio principal se llega tras atravesar una pradera inglesa y cuyas habitaciones se alinean en la ribera del truchero río Liucura. Un lugar mágico, basado en el sueño de otro matrimonio, en este caso suizo, los Paravicini, y su concepto de “la elegancia de la aventura”, una sugerente comprensión del entorno natural con todas las comodidades (cuenta con wifi gratis en toda el área, algo no muy común en Chile). Llegar con unas truchas recién pescadas en el río y que el chef, José Torres Carrillo, formado en Perú y en Australia, las convierta en un manjar en el plato es una experiencia como pocas.

Y es que, si de agua se trata, la Araucanía lo es en estado puro. A sus ríos y lagos hay que sumarles las decenas de manantiales de aguas termales, entre los más notables de los 270 que salpican el sur de Chile, y que suponen un escondido atractivo con los turistas japoneses como clientes destacados.

Al otro lado del volcán están las Termas Geométricas. Aunque su nombre parezca contener una errata, se comprende al momento de llegar a sus pozones, construidos de piedra a escuadra, en una integración de cascadas de agua fría, caliente y vapor, y ambiente de cuento, con pasarelas de madera roja y feraz vegetación presidida por gigantescas hojas de nalga. El feliz capricho de un ingeniero. En invierno, en plena nevada, o bajo una fría lluvia de la primavera, bañarse casi desnudo en las termas al aire libre es el compendio de placer con que la naturaleza ha dotado a esta tierra.

Guía para el viajero

Sopa de zapallo (calabaza).
Sopa de zapallo (calabaza).

Cómo ir. La compañía LAN, del grupo chileno-brasileño Latam Airlines, ofrece vuelos diarios en los dos sentidos entre Madrid y Santiago de Chile. Tanto en business, como en economy, la atención del personal de cabina es excelente. En ambas clases se puede degustar vino español o chileno con la comida. Latam prepara novedades en su entretenimiento a bordo. La misma compañía realiza vuelos diarios de Santiago a Temuco (una hora).

Dónde dormir. Hotel Villarrica Park Lake (camino Villarrica-Pucón, km 13), www.villarricaparklake.com. Hotel Antumalal (Pucón), www.antumalal.com. Hacienda Hotel Vira Vira (Quetroleufu, Pucón), www.hotelviravira.com.

Dónde comer. En Villarrica, Mesa del Mar, carnes, pescados y mariscos (reservas@mesadelmar.cl). En Pucón, Sabores de Chile, cazuelas de ave y de vacuno, parrilladas, empanadas, pastel de choclo (contacto@saboresdechilepucon.cl). Parque Antumalal, tradición e innovación culinaria (info@antumalan.com). Para conocer la gastronomía originaria de Araucanía, que tiene en los piñones su base fundamental, el centro mapuche de Curarrehue, con la experta Anita Epiulef.

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