Editorial

Europa, a los pies de Mario Draghi

Los mercados financieros llevan semanas, si no meses, esperando que el Banco Central Europea desenfunde sus poderosas armas monetarias para dinamizar la actividad económica y desterrar el fantasma de la deflación. Pero a diferencia del pasado, ahora no parece que Francfort tenga otra opción que poner en marcha la máquina de imprimir dinero, a lo que hasta ahora se ha negado con vehemencia. Tras los vastos programas de expansión de liquidez, ligada a la concesión de crédito o no, Mario Draghi podría anunciar ya la compra de deuda pública, y quizás privada, en los mercados secundarios para inyectar recursos en la banca y las empresas y movilizar el crédito. Ha logrado avales políticos y jurídicos, y ha concitado la unanimidad sobre la iniciativa; los bancos centrales de Suiza y Dinamarca han tomado decisiones preventivas que dejan cero dudas acerca sus intenciones.

Pero si otras medidas previas no han funcionado, no debemos dar por bueno que lo harán las de ahora, por mucho que en Estados Unidos si lo hayan hecho. Los políticos de la zona no pueden escurrir su responsabilidad reformadora para que el efecto de todas las iniciativas sea efectiva en la actividad y en los precios, y se logre que la política financiera sea igual para todos los miembros de la zona monetaria.