Los subidones de adrenalina también se pueden regalar

Experiencias fuertes

La emoción tiene grados: desde la montaña rusa a tirarse en paracaídas

El hogar puede ser un buen escenario para practicar deporte

Experiencias fuertes

El sedentarismo no convence. Los adultos del siglo XXI se han revelado mucho más activos que los de la generación anterior. Pasan tantas o más horas que sus padres o abuelos trabajando, a menudo frente a la pantalla del ordenador. Pero, a diferencia de ellos, tienen hábitos más saludables.

Según un informe del Consejo Superior de Deportes y del Centro de Investigaciones Sociológicas, el 43% de la población española practicaba una o más disciplinas deportivas en 2010. Una proporción que ha crecido un 16% respecto a la anterior edición de la encuesta (2005). Más datos relevantes: el español medio dedica un 30% de su tiempo libre a actividades físicas recreativas y otro 22% a salir de excursión. El sofá pierde atractivo frente al espíritu aventurero y competitivo.

La Navidad se presenta como una excelente ocasión para regalar el equipamiento necesario para practicar estas aficiones. O incluso para promoverlas. Quienes tengan un familiar o conocido amante del deporte, de esos que cuando no están entrenando piensan cómo mejorar en la próxima sesión, pueden acertar con un obsequio tan sencillo como completo. Se trata del TRX. Para los no iniciados, no son más que dos cintas elásticas unidas por una especie de argolla con asideros en sus extremos. Los deportistas, sin embargo, ven en este artilugio el aparato de entrenamiento definitivo.

Ideado por los Navy SEAL para que sus comandos se mantuvieran en forma donde fuera que estuviesen, el TRX solo necesita una columna o gancho al que sujetar las correas. No requiere demasiado espacio: los marines lo usan incluso en los submarinos. El llamado entrenamiento funcional en suspensión consiste en realizar ejercicios valiéndose del propio peso del cuerpo. Los expertos resaltan su versatilidad. Da igual qué grupo de músculos se quiera trabajar: seguro que hay un ejercicio indicado para ello. Su éxito ha sido tan grande que en muchos gimnasios se ofrecen clases monitorizadas. Se puede encontrar en tiendas de deportes o en Internet.

El infiernillo Bio Lite calienta, ilumina, sirve para cocinar... y aprovecha la energía calorífica para recargar dispositivos electrónicos.
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Otra de las tendencias del año en las salas de musculación tiene un nombre llamativo. Se trata de la electromusculación. Igual que el TRX, también se puede llevar a casa. ¿En qué consiste? En esencia, se trata de enganchar unos electrodos a una serie de músculos para estimularlos con descargas controladas de energía. Lo ideal es hacerlo mientras se practica ejercicio, de forma que se amplifique el esfuerzo realizado. En la mayoría de locales se asegura que, sirviéndose de esta tecnología, una sesión de media hora equivale a cuatro horas de ejercicio. Si quiere comprobarlo, puede hacerlo en su casa. El precio del dispositivo variará en función de la complejidad del mismo, de si es inalámbrico o no y de si incorpora chaleco especial.

La búsqueda de experiencias nuevas al aire libre, decíamos, también forma parte del retrato robot de los ciudadanos del siglo XXI. La aventura es necesaria para romper con la rutina. Algunos la buscan en las excursiones o caminatas; otros apuestan por deportes extremos que pongan a prueba sus agallas. Incluso los hay que pagan dinero por enfrentarse a los problemas que debió encarar el mismísimo Robinson Crusoe. Un regalo que sorprenderá al más intrépido de los aventureros es una estancia en una isla desierta. Hay una empresa española, Docastaway, que organiza este tipo de viajes.

No informan de la ubicación de la ínsula hasta el último momento (para asegurarse de que sigan siendo desiertas) y dejan a la voluntad del cliente el nivel de comodidades de las que disfrutará. Tienen en catálogo localizaciones en el Pacífico, el Mar Caribe y en aguas cercanas a África. “Vendemos vacaciones en un completo aislamiento. Aunque quien quiera puede convertirlas en estancias de supervivencia”, explica Álvaro Cerezo, fundador y director general de la peculiar agencia de viajes. El precio mínimo, para una estancia de 15 días, ronda los 2.000 euros, desplazamientos no incluidos. A partir de ahí, el interesado añade a su paquete los extras que desee. Puede elegir dormir en el suelo, en una tienda de campaña, en una cabaña de madera o incluso en una mansión de lujo. Lo mismo sucede con el nivel de desarrollo: se le puede facilitar un kit básico de supervivencia (navaja y mechero) o hasta una lancha motora.

Como novedad, la agencia acaba de incorporar a su portafolio dos islas (una en Indonesia y otra “en algún lugar del Pacífico”) que, en palabras de Cerezo, son aptas para náufragos. “La primera de ellas tiene vigilancia durante las 24 horas del día, de manera que ningún pescador se pueda colar sin ser visto. Y la otra está situada en un lugar tan remoto que es casi imposible que alguien aterrice allí”, explica el responsable de Docastaway.

Quienes quieran regalar emociones fuertes pueden obsequiar al afortunado/a con un salto en paracaídas. Es recomendable que la primera vez sea en tándem (atado a un monitor) y, si la vivencia resulta satisfactoria, ya se puede pensar en cursos para acabar haciéndolo uno mismo. Solo hace falta cumplir dos requisitos: pesar menos de 100 kilos y, para los mayores de 65 años, una autorización del médico (huelga decir que no se puede padecer del corazón). Al precio base (no suele costar menos de 200 euros) se le puede añadir si se desea un vídeo o reportaje fotográfico de la experiencia. Hay aeródromos especializados en esta actividad a menos de dos horas de las grandes ciudades (por ejemplo, Ocaña en el caso de Madrid, o Empúria Brava, en el de Barcelona).

Si se prefiere optar por experiencias intensas, aunque un poco menos extremas, hay un regalo con el que es difícil errar. Apto en este caso, además, para ir acompañado de niños. ¿A quién no le gusta pasar un día en el parque de atracciones? Ya están a la venta los pases anuales para 2015 que habilita el Parque de Atracciones de Madrid y que se pueden combinar, si se desea, con el zoo, Faunia o Parque Warner. Los abonos de temporada, disponibles en la mayoría de parques de este tipo, pueden servir para quitarse el gusanillo aventurero.