OUI Innov reunió en Madrid a emprendedores franceses y españoles

Francia y España desafían la hegemonía de Silicon Valley

Los ecosistemas emprendedores de los dos países europeos se aproximan en busca de 'start-ups' capaces de competir con Estados Unidos, aunque ambos tienen todavía mucho que mejorar

El emprendedor español Javier Berlana presenta su aplicación Meets en OUI Innov.
El emprendedor español Javier Berlana presenta su aplicación Meets en OUI Innov.

Hace pocos días, emprendedores españoles y franceses del sector tecnológico se reunieron en Madrid para conocerse e intercambiar información y contactos que puedan desembocar en proyectos conjuntos.

OUI Innov, como se denominó el evento, contó con el apoyo de la Embajada de Francia, la Agencia Francesa para las Inversiones Internacionales (AFII) y la comunidad de start-ups La French Tech.

La idea que subyace detrás del evento, que los organizadores esperan repetir, es impulsar el surgimiento de start-ups europeas que sean capaces de hacer contrapeso al creciente dominio de Estados Unidos en el mercado de las aplicaciones móviles.

Abrir una empresa en Madrid tarda una media de 23 días, mientras que en París toma entre seis y siete

Pero, ¿qué pueden aprender los unos de los otros –españoles y franceses– en materia de emprendimiento?

Según el Doing Business del Banco Mundial, abrir una empresa en París cuesta 375 euros –solo en trámites; el capital mínimo es 1 euro– y tarda entre seis y siete días, mientras que en Madrid, si bien se ha hecho un esfuerzo por reducir el papeleo, el proceso se demora todavía 23 días y cuesta una media de 1.100 euros en trámites, a los que deben añadirse los 3.000 euros de capital mínimo que se deben depositar en un banco o registrar ante notario.

Pero si se trata de una start-up, el capital mínimo exigido en ambos países es 10 veces el PIB per cápita, lo que supone unos 237.000 euros en el caso de España y 329.000 en el de Francia.

Como referencia, en Nueva York, abrir una empresa toma cinco días, el papeleo cuesta 594 euros y no se pide inversión mínima, excepto para start-ups, que también deben constituirse con el equivalente a 10 veces el PIB per cápita (unos 396.000 euros).

Sin embargo, la experiencia del emprendedor francés Jerome Castaing ha sido muy diferente. “Conseguir los permisos es mucho más fácil en España que en Francia, menos en algunos puntos. El acceso a la financiación, en cambio, es más complicado debido a la recesión y a que los bancos se muestran reacios a dar crédito”, comenta Castaing, cofundador de Sushi Daily, una cadena de quioscos de sushi que opera dentro de los hipermercados de Carrefour.

Castaing no participó en OUI Innov, pero casi coincidiendo con el evento pasó unos días en Madrid viendo la marcha de su negocio en España, donde tiene 34 quioscos. “Hemos creado la estructura española después de la francesa, así que resulta complicado para nosotros decir si es más fácil montar una start-up allá que aquí. Lo cierto es que no es fácil iniciar una empresa en Francia. Es costoso y complejo”, dice.

Castaing sostiene que las Administraciones galas pueden aprender de las españolas poniendo menos barreras y reduciendo el papeleo. “Lo único que encontramos como algo más complicado en España es el hecho de que cualquier trámite tiene que pasar por un notario, lo cual resulta muy costoso y a veces conlleva cierta pérdida de tiempo. El trámite del NIE (número de identificación de extranjero) representa también un freno importante para los emprendedores extranjeros”, añade.

Caroline Leboucher, directora general adjunta de AFII.
Caroline Leboucher, directora general adjunta de AFII.

Caroline Leboucher, directora general adjunta de AFII, presente en OUI Innov, reconoció que la complejidad de los procedimientos administrativos es una queja habitual en Francia desde hace muchos años, pero que simplificarlos está en la mesa del Gobierno.

Así, por ejemplo, destacó que se ha creado la Guichet Unique (ventanilla única) para que a través de una sola página web, el empresario pueda realizar varios trámites. Esta agrupa los sistemas de las Cámaras de comercio, agricultura, artesanía; organismos de la Seguridad Social, el registro mercantil y el Instituto Nacional de Propiedad Intelectual.

Lejos de esta problemática, el ambiente que se respiró en OUI Innov fue de entusiasmo. “Hay muchas ganas de hacer cosas y de invertir”, afirmaba Juan Ignacio García, gerente de Cabify, una app para reservar coches con chofer. “Hay mucha gente del ecosistema francés que está fijándose en proyectos españoles”, asegura.

Eso sí, admite que en cuanto a burocracia, “somos muy parecidos: estamos un paso por detrás de Estados Unidos”.

Ayudas a la inversión en I+D

En cuanto a subvenciones, Leboucher señaló que el Gobierno francés ha establecido incentivos fiscales para la inversión en I+D de jóvenes empresas innovadoras. Estos consisten en una reducción del impuesto de sociedades y de las cargas sociales que se derivan de la contratación de ingenieros e investigadores.

Para acceder a las ayudas, la empresa debe tener menos de ocho años de operaciones y ser realmente nueva, es decir, no el resultado de una concentración, reestructuración, ampliación o reanudación de actividades.

Además, debe tener menos de 250 empleados y no facturar más de 50 millones de euros o disponer de un balance total inferior a 43 millones. Asimismo, debe tener gastos en I+D que representen al menos el 15% de las cargas fiscalmente deducibles, entre otros requisitos.

El chico de Rennes que se fabricó su propio brazo

Nicolas Huchet presenta en OUI Innov el prototipo del brazo biónico que está desarrollando.
Nicolas Huchet presenta en OUI Innov el prototipo del brazo biónico que está desarrollando. OUI Innov

Entre los emprendedores franceses que presentaron sus experiencias de emprendimiento en OUI Innov destacó Nicolas Huchet, un ingeniero de sonido de 30 años que en 2002 perdió el antebrazo en un accidente laboral y desde entonces trabaja en el desarrollo de una mano robot de bajo coste fabricada por él mismo con ayuda de la impresión 3D y softwares de código abierto.

El propósito de Huchet, que trabaja en un fab lab de Rennes (un pequeño taller de producción de objetos a escala personal) es crear una prótesis microeléctrica de última generación, pero de precio asequible. “Estamos todavía en el prototipo. Necesitamos inversores que quieran participar en un proyecto técnico, humano y social”, explica.

Las prótesis microeléctricas permiten a los pacientes realizar casi los mismos movimientos que una mano normal, como flexionar todos los dedos, lo que no es posible con un implante ortopédico.

Huchet precisa que un brazo biónico como el que está desarrollando cuesta en el mercado entre 15.000 y 80.000 euros, pero que trabaja para bajar ese coste a unos 1.000 euros.