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“El escorpión y la rana”[1].Primera parte: “Sound the trumpet" en el Banqueting House

“El escorpión y la rana”[1].Primera parte: “Sound the trumpet" en el Banqueting House

Tarde expléndida y soleada la de aquel sábado 11 de octubre de 1687. El tiempo se unía a la festividad que estaba a punto de tener lugar. Faltaban apenas unas horas para que el hermano del rey Carlos II volviera del exilio y se convirtiera en Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia. El y su esposa, María de Módena, llegan esa misma tarde en barca, a través del Támesis, al Whitehall Palace (el más grande de la Europa de la época, con más de 1.500 habitaciones) donde hacía unos años, el 2 de febrero de 1685, había muerto su hermano el rey Carlos II.

Todos esperaban a la pareja en el “Banqueting House”, pabellón para grandes solemnidades del Whitehall Palace. En 1623 el rey Carlos I, cuando todavía era Príncipe de Gales, viajó a Madrid para pedir la mano de la infanta María (hija de Felipe IV e Isabel de Borbón). Volvió frustrado en su empeño, pero inspirado por la gran colección de pintura de los Austrias españoles. Decidió emularlos para lo cual contrató al pintor más famoso de la época, Rubens, para que glosara el reinado de su padre Jacobo I[2], y por extensión, la dinastía de los Estuardo. El pintor, durante una estancia en Londres, recibió el encargo de pintar una serie de telas para el techo de la Banqueting House de Whitehall, que sería una de sus realizaciones más renombradas.

El grandioso techo consta de nueve paneles integrados en molduras doradas. Rubens equipara en su obra el reinado de Jacobo I con el prudente Salomón, quien había otorgado a su pueblo el don de la paz. El panel central está dedicado a la Apoteosis de Jacobo I y dos largos frisos simbolizan la felicidad. La Unión de Escocia e Inglaterra está flanqueada por las alegorías de Hércules derrotando a la Discordia y Minerva venciendo a la sedición mientras que el panel del rey Jacobo está acompañado de la Generosidad triunfando sobre la avaricia y la Razón dominando a la intemperancia.

La puesta en escena era, por lo tanto, una inmensa alegoría que también le servía a Jacobo II. Salomón, que había logrado resolver sabiamente el problema del bebe que se disputaban de dos madres rivales, de los frescos alegóricos de Rubens parecía recibir también a Jacobo II como un monarca sabio y moderno uniendo los reinos de Inglaterra y Escocia.

Suena, a modo de himno, la oda “Sound the trumpet, beat the drum” escrita por Purcell especialmente para la ocasión[3]. En ella se compara a Jacobo como un conquistador romano (Cesar) y a su esposa María con la diosa romana del amor espiritual (Urania).

Los otros movimientos de la obra ensalzan la victoria de Jacobo II, al igual que los murales del techo en relación a su padre, sobre la discordia y la rebelión.

El camino hasta llegar a ese día no fue fácil. En junio de 1985, cuatro meses tras la muerte de su hermano mayor, tuvo lugar una rebelión liderada por Jacobo Scott, duque de Monmouth (uno de los 14 hijos ilegítimos de Carlos II) y el duque de Argyll. Ambos luchaban contra Jacobo para defender las libertades y la constitución parlamentaria de Inglaterra y para oponerse a la religión católica.

Pero las dificultades venían todavía de más atrás. En 1649, cuando Jacobo era aún adolescente, los parlamentarios puritanos liderados por Cromwell, ejecutaron a su padre Carlos I de Inglaterra[4], instaurándose un gobierno republicano. Jacobo fue hecho prisionero, pero posteriomente consiguió huir al extranjero.

A la muerte de Oliver Cromwell en 1658, la monarquía británica es restaurada en 1660 en la persona de Carlos II, hermano mayor de Jacobo. En ese momento nuestro protagonista es nombrado Gran Lord Almirante y realizó una brillante carrera en las guerras navales contra Holanda.

El 24 de noviembre de 1659, Jacobo se casó en secreto, en la ciudad de Breda (Holanda) con Ana Hyde que, a pesar de la oposición de su familia, se había convertido al catolicismo y poco después Jacobo hizo lo mismo. El rey Carlos II toleró esa decisión pero exigió que las dos hijas vivas del matrimonio, María y Ana, fueran educadas como protestantes.

El 31 de marzo de 1671 muere Ana Hyde e inmediatamente el rey francés Luis XIV, empieza los preparativos para lograr el casamiento entre Jacobo y María de Módena, una ferviente católica, de cuya unión aspiraba que naciera un descendiente católico para la corona inglesa.

Ante esta situación, el Parlamento inglés aprueba las “Test Acts” (1673) por las que los no anglicanos (y especialmente los católicos) quedaban inhabilitados para el desempeño de cargos públicos. A Jacobo no le queda otro remedio que dimitir como Gran Lord Almirante.

Finalmente, el 21 de noviembre de 1673 se casaron Jacobo y María de Módena en la ciudad de Dover en el Condado de Kent. Los ingleses desconfiaron de esta nueva esposa de Jacobo, y hasta la consideraron una espía del Papa Clemente X. No les faltaba razón. Cinco años más tarde, en 1678, Jacobo tiene que huir de Inglaterra tras el descubrimiento de una conspiración católica, supuestamente liderada por él mismo.

A pesar de todo lo acontecido en estos años, el rey Carlos I logró que el Parlamento no apartara a Jacobo de la línea sucesoria, por lo que al morir, sin hijos legítimos, el primero le sucedió como Jacobo VII de Escocia, y Jacobo II, de Inglaterra e Irlanda.

La alegría y los parabienes que anunciaba la Oda de Purcell duraron muy poco.

En 1687, nada más acceder al trono de Inglaterra, Jacobo eliminó las discriminaciones legales contra los católicos, implantando una amplia tolerancia religiosa. Jacobo realizó una intensa política de restauración católica, enviando una embajada a Roma, realizando diversos honores al nuncio apostólico o elaborando las "Declaraciones de Indulgencias" de los años 1687 y 1688.

Todo ello le enfrentó con la Iglesia anglicana y con el parlamento. En 1688 el Parlamento británico invita a Guillermo III de Orange, a disputarle el Trono a Jacobo (alegando los derechos que le pudieran corresponder por estar casado con la hija primogénita de éste, María II) poniendo en marcha la revolución “Gloriosa” en defensa de la monarquía parlamentaria y de la preeminencia de la religión protestante.

Guillermo II de Orange desembarcó en Inglaterra y, apoyado por las fuerzas parlamentarias, arrebató el Trono a Jacobo. Este intentó recuperarlo pero fue derrotado en la batalla de Boyne (1690).

Con el derrocamiento de Jacobo II comenzó la democracia parlamentaria moderna inglesa, en la que el monarca nunca volvería a tener el poder absoluto y la Declaración de Derechos se convertiría en uno de los documentos más importantes del país. La deposición del monarca católico Jacobo II acabó con cualquier oportunidad de reinstauración del catolicismo en Inglaterra.

No se puede cambiar el espíritu de un pueblo, por mucho que te sientas poderoso en tu “puesto de mando”.

(continuará)

[1] El escorpión y la rana es una fábula de origen desconocido, aunque atribuida a Esopo. En ella un escorpión le pide a una rana que le ayude a cruzar el río prometiéndole no hacerle ningún daño. La rana accede subiéndole a sus espaldas pero cuando están a mitad del trayecto el escorpión pica a la rana. Ésta le pregunta incrédula "¿cómo has podido hacer algo así?, ahora moriremos los dos" ante lo que el escorpión se disculpa "no he tenido elección, es mi naturaleza". Moraleja: No trates de engañarte con los demás al creer que son o pueden ser de manera distinta a como realmente son. Tampoco te engañes a ti mismo acerca de quién eres realmente.

[2] Padre de Carlos I y abuelo de Carlos II y, de nuestro protagonista, Jacobo.

[3] “Sound the trumpet, beat the drum” - Welcome Ode for James II, for 2 altos, tenors, basses, chorus, strings & continuo (Z. 335)

[4] La colección pictórica de Carlos I se vendió tras su ejecución el 19 de enero de 1649 por los parlamentarios, para liquidar las deudas de la Corona. La llamada Almoneda de la Commonwealth, que empezó en el otoño de ese mismo año y acabó en enero de 1654, sacó al mercado más de mil quinientas pinturas de la colección real, así como importantes tapices, esculturas y objetos de adorno. De las pinturas más famosas, muchas fueron adquiridas por el embajador español Alonso de Cárdenas para don Luis de Haro, marqués de Carpio y ministro principal de Felipe IV. Haro a su vez obsequió al rey con las mejores, que acabaron pasando al Museo del Prado. Entre ellas se cuentan “El tránsito de la Virgen”, de Mantegna, “El Lavatorio” de Tintoretto, “Moisés salvado de las aguas del Nilo” de Veronés, “Sagrada Familia” (llamada «la perla») de Rafael y “Autorretrato” de Durero. Otros cuadros importantes fueron comprados para el cardenal Mazarino y el banquero francoalemán Everhard Jabach y se encuentran en el Musée du Louvre de París.

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Esperamos ansiosos la segunda parte...!
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