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La fortaleza del euro, un callejón sin salida

Una vez más, un alto ejecutivo de Airbus se queja por la fortaleza del euro. Fabrice Brégier, actual responsable del fabricante de aviones paneuropeo, dijo al Financial Times que el Banco Central Europeo debería hacer algo con la divisa “loca”, cuya fuerza está perjudicando a sus beneficios. Hace unos años era Louis Gallois, entonces consejero delegado de EADS, quien expresaba regularmente su frustración con el banco central.

Las quejas por el euro no son tanto cosa de Airbus como de Francia. Los comentarios de Brégier se producen apenas una semana después de que Manuel Valls, el primer ministro francés, insistiera al BCE en la necesidad de hacer bajar la divisa. Y el ex presidente galo, Nicolas Sarkozy era un habitual en las peticiones de un euro débil.

El euro se ha apreciado un 13% frente al dólar en el último año, lo que va en contra para los exportadores europeos. Pero empresarios y ministros de Alemania, la mayor máquina de exportación de Europa, nunca se han quejado de este problema. En Francia, por el contrario, una influyente escuela de pensamiento favoreció muchas devaluaciones competitivas para impulsar la economía. La creación del euro hace 15 años dejó sin poder a este grupo, pero no lo ha silenciado.

La moneda única se ha apreciado un 13% frente al dólar en el último año, lo que va en contra de los exportadores europeos

El BCE no tiene por qué preocuparse por los problemas comerciales. La zona euro tiene ahora un superávit por cuenta corriente mucho mayor. Pero la fortaleza del euro –a pesar de que está en la actualidad un 15% por debajo de su máximo de 2008– se suma a la dificultad de aumentar la tasa de inflación anual del actual 0,5% hacia el objetivo del 2%.

El banco central se ha comprometido a mantener los tipos de interés bajos por un largo periodo de tiempo, incluso después de que el banco central de Estados Unidos o el Banco de Inglaterra se hayan movido hacia un incremento de las tasas. Por ahora, el tipo de cambio es una preocupación menor en comparación con aumentar la oferta de crédito y la limpieza del sistema bancario.

El miembro del Consejo de Gobierno, Benoit Coeuré, tenía razón al reiterar el fin de semana que el tipo de cambio no es –ni debe ser– un objetivo prioritario, aunque se esté convirtiendo en una gran preocupación.