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El riesgo soberano depende de Bruselas

Solo Bruselas puede resolver la confusión de la ponderación del riesgo soberano europeo. El Comité de Supervisión Bancaria de Basilea ha estado reflexionando desde comienzos de año sobre cómo obligar a los bancos a mantener el capital suficiente frente a sus carteras de deuda pública. Pero incluso aunque el organismo que establece las normas de la banca a nivel mundial endurezca su edicto, eso no resolverá necesariamente el problema.

Al ponderar el riesgo de su deuda soberana, los bancos no sistémicos pueden elegir la plantilla propia de ponderación de riesgo estandarizado de Basilea, según la cual los bonos soberanos calificados como AA- o por encima no tienen riesgo. Pero los bancos más grandes suelen utilizar sus propios modelos, y mantener el capital de acuerdo con las calificaciones independientes pertinentes.

Para disgusto de Basilea, las directivas europeas permiten que los bancos consideren la deuda soberana como libre de riesgo, independientemente de si utilizan la plantilla o no. Al tratar de forma similar la deuda griega y la alemana, la norma ha ayudado a impulsar el círculo vicioso de la crisis de deuda de la zona euro entre los bancos y sus gobiernos.

Las directivas europeas permiten a los bancos considerar la deuda pública como libre de riesgo

Eso no quiere decir que algunas de las reglas globales de Basilea no podrían haber sido endurecidas mediante la aplicación de niveles mínimos de capital que habría que mantener. Pero sí significa que el impulso para el cambio real debe provenir de las autoridades europeas.

En teoría, el defectuoso tratamiento europeo de la deuda soberana debería comenzar a ser eliminado a partir de 2017. Con la eliminación gradual de los filtros que impiden, el ejercicio del BCE de este año no será tan duro en este sentido como podría haber sido.

Le corresponde a la Comisión Europea iniciar un cambio en las reglas. Eso podría significar que los bancos en algunos países podrían tener que mantener más capital ahora, una proposición difícil. Pero pasar página en lo relativo a las concesiones turbias del pasado, daría a las nuevas instituciones europeas un buen comienzo.