El Foco

La innovación mejora el rendimiento de la empresa

Desde el mundo de la consultoría se recomienda apostar por la innovación para obtener unos crecimientos del negocio más rápidos y exitosos. Desde el mundo de las escuelas de negocios el mensaje es similar: la innovación mejora el rendimiento de la empresa al elevar su competitividad y el proceso de la innovación transforma las capacidades internas permitiendo una mejor adaptación al cambio. La evidencia empírica sugiere que existe una relación entre el rendimiento de la empresa y la estrategia de innovación. El crecimiento y rendimiento es mayor en empresas con esfuerzos persistentes en I+D+i. Asimismo, las regiones económicas innovadoras muestran mejores resultados en términos de empleo y estándares de vida.

Existen diversas fórmulas de comportamiento organizacional de la innovación. Hay empresas que han optado por crear una función de innovación similar a la de marketing o finanzas y han designado un responsable, un chief innovation officer (CIO), un director de innovación o un gestor de innovación. Otras compañías han trabajado en el desarrollo de una cultura innovadora y por ello su mensaje al mercado es que no tienen una función y un responsable de innovación específicos, sino que toda la empresa es innovadora, desde el director general hasta el último empleado. Algunas otras han apostado por crear un centro de innovación alejado de la empresa con la intención de que este no se contagie de aquellos elementos idiosincrásicos de la empresa que pueden frenar la innovación.

Y en este punto es donde nos encontramos con un dilema. Las consultoras y las escuelas de negocios recomiendan a las organizaciones de todo tipo que apuesten decididamente por la innovación. No solo para crecer más rápido y con mayor éxito, sino para sobrevivir a las sacudidas del mercado. Pero son muchos los líderes y gestores que no tienen claro por dónde empezar a innovar, qué modelo seguir y cómo garantizar que los recursos que van a ser invertidos en esta actividad sean fructíferos.

La innovación es una disciplina en toda regla y no un término ‘marketiniano’

La respuesta a este dilema es compleja pero posible. En primer lugar, se tiene que aceptar que la innovación es una disciplina en toda regla y no un término marketiniano. Hace 15 años, los principales programas de MBA del mundo no incluían de forma seria la innovación como disciplina fundamental del management. De hecho, hoy en día en muchas escuelas de negocios la innovación sigue teniendo un papel secundario. Y es curioso, ya que la innovación es una actividad fundamental de la empresa que busca llevar con éxito novedades al mercado.

La raíz del problema se encuentra en el hecho de que las organizaciones y escuelas de negocios han puesto más énfasis en el ciclo operacional de la empresa que se ocupa de trabajar en las rutinas, procedimientos, procesos, reglas y soluciones ya conocidas. Para este tipo de actividades se necesitan personas con perfiles adaptadores, que son esenciales para tratar de hacer las cosas mejor, trabajando en los marcos existentes, prefiriendo situaciones bien establecidas y en torno a soluciones ya aceptadas. Sin embargo, estos tiempos requieren también de personas con perfiles llamados innovadores, que son esenciales en tiempos de cambio. Estas personas son capaces de hacer cosas de manera diferente, desafiando el statu quo, replanteamiento y ofreciendo nuevas soluciones, estableciendo nuevas políticas y estructuras.

Pero no basta con tener una predisposición para la innovación versus la adaptación. También es necesario dominar la disciplina de la innovación en sus diferentes tipos, intensidades, dimensiones y fuentes.

Las áreas en las que las empresas pueden innovar incluyen principalmente productos, servicios, procesos, modelos de negocio, innovaciones organizativas e innovaciones sociales. Ocurre que cada vez es más complicado categorizar las innovaciones ya que las fronteras se diluyen. ¿El iPad es una innovación de producto o de organización cuando los empleados las utilizan dentro de un proceso interno de la empresa y dejan de utilizar montañas de papel? Las intensidades de estas innovaciones en relación al impacto que pueden tener se suelen categorizar en innovaciones incrementales, radicales o discontinuas. Las incrementales tienen un impacto bajo en el negocio y en el mercado mientras que las discontinuas pueden no solo cambiar una industria, sino influir en variables macroeconómicas.

Las dimensiones que se tienen que abordar son estrategia, visión, liderazgo, proceso, cultura y entorno

Las dimensiones fundamentales que se tienen que abordar a la hora de conseguir una organización innovadora son la estrategia y la visión, el estilo de liderazgo, los procesos, la cultura de la empresa y un entorno del trabajo que las facilite. Por ejemplo, empresas como 3M o Google fomentan con su estilo de liderazgo, cultura y entorno del trabajo intraemprendedores a quienes apoyan con recursos de tiempo, económicos y de conocimiento y se acepta abiertamente la posibilidad de un fracaso. Frente a estas culturas empresariales, otras que tienen más en cuenta aspectos como la aversión al riesgo o el cortoplacismo pueden frenar el desarrollo de la innovación y el intraemprendimiento.

Las empresas pueden nutrir la innovación desde invenciones nacidas en el laboratorio, lo que supone después encontrar a estas usos y aplicaciones concretos. La segunda fuente de innovación se denomina en inglés grass-root innovation y supone liberar el potencial de cada empleado. En tercer lugar se encuentra el design thinking, una disciplina de la innovación basada en la persona y centrada en el usuario. La cuarta es la llamada innovación por deconstrucción, hibridación o ingeniería inversa. La quinta fuente es la subcontratación o compra de la innovación a un tercero. Y existe una última fuente que es la de la innovación abierta.

Liderar la innovación supone gestionar y encontrar la mejor mezcla de tipos, intensidades, dimensiones y fuentes en el corto, medio y largo plazo. Esto, evidentemente, requiere de una formación en competencias para la profesionalización de la actividad, independientemente del enfoque organizativo que se escoja. Es importante insistir en el hecho de que la innovación mejora el rendimiento de la empresa, mejora la competitividad y transforma las capacidades internas permitiendo que cualquier organización se adapte mejor al cambio.

Francisco González Bree es director académico del Máster in Business Innovation de Deusto Business School.