Tribuna

Recuperación y empleo

El paro registrado en el mes de abril ha disminuido en 111.565 personas tras conocerse una semana antes los de la encuesta de población activa (EPA), correspondiente al primer trimestre de 2014, que refleja que los datos sobre el mercado laboral son preocupantes y mucho peores de lo esperado: 184.000 empleos destruidos, aunque el paro, paradójicamente, haya disminuido solo en 2.300 personas.

Pero más preocupantes me parecen las palabras del presidente del Gobierno sobre la EPA: “Estoy muy contento. Creo que las cosas van bien y que van a ir a mejor. Falta mucho pero van a ir a mejor”. Es posible, como así ha sucedido, que intentase ganar tiempo esperando que las cifras de paro registrado del mes de abril sean mejores y demostrar con este dato que la recuperación es un hecho que alcanza al mercado laboral y demostrar de esta forma que los sacrificios de austeridad impuestos –como asimismo la reforma laboral– a la sociedad española han valido la pena por sus resultados. Con ello, se intentará, una vez más, demostrar que las cifras del paro registrado del SEPE son más serias y mejores que las de la EPA cuando, en realidad, es todo lo contrario. Existe un consenso académico en cuanto a que los datos sobre el mercado de trabajo pertenecientes a la EPA son más serios, fiables y rigurosos, y que además permiten realizar comparaciones internacionales.

Es necesario resaltar que el descenso del desempleo es debido en su totalidad a la fuerte disminución de la población activa (personas dispuestas a trabajar). Lo habitual es que cuando el paro disminuya, el empleo aumente, y viceversa, que cuando suba el paro, descienda el empleo. Pero en esta ocasión no ha existido un claro paralelismo entre disminución del paro y aumento del empleo. Sino más bien todo lo contrario.

Los datos de la EPA nos indican que el paro desciende como consecuencia de dos factores fundamentales. El primero se debe a que muchos de los que buscan trabajo no lo encuentran y se desaniman (efecto desánimo). Así, 187.000 personas, en el primer trimestre, que constituye la mayor caída en un solo trimestre, han dejado de pertenecer a la población activa por lo que pasan a aumentar la población inactiva. De ellos, 104.000 corresponden a jóvenes que han dejado de buscar trabajo y han pasado a la inactividad.

El segundo factor tiene que ver con que ante la falta de expectativas laborales pierden toda esperanza de encontrar un puesto de trabajo y muchas personas, tanto españolas como extranjeras (flujos migratorios), optan a buscar trabajo lejos de nuestras fronteras. Muchos inmigrantes llegaron a España al calor de la bonanza y ahora, con la crisis, regresan a su lugar de origen (efecto retorno). En concreto, en el último trimestre la población extranjera ha disminuido en más de 87.000 personas y más de 388.000 en los últimos 12 meses.

El débil crecimiento económico, 0,4% del PIB del primer trimestre de 2014, no ha sido suficiente para impedir que se destruya más empleo y más teniendo en cuenta que toda la disminución del paro no es debida al aumento del empleo, sino más bien, como hemos comentado, a la disminución de la población activa.

En definitiva, a pesar de la lectura del Gobierno, las cifras no pueden ser más contundentes al demostrarnos que hablar de recuperación es todavía prematuro y que aún no hemos superado completamente la recesión. En todo caso, la recuperación es débil y lenta, como así acaban de pronosticar desde la Comisión Europea y la Organización para el Comercio y el Desarrollo Económico (OCDE) y manifestar, además, que la tasa de desempleo será aproximadamente del 25%.

En este sentido, es interesante indicar las manifestaciones expresadas recientemente, en una visita a la Facultad de Economía de Valencia, por el comisario de Empleo de la UE, Lázlo Andór, y que contrastan con las del Gobierno, que sobreestiman la fuerza de la recuperación, al manifestar: “No se puede hablar del fin de la crisis con niveles tan altos de tasa de desempleo”.

Por otra parte, es preciso considerar que las personas que han pasado a inactivas, cuando crezca el empleo intentarán salir de la inactividad para dirigirse a la población activa y podría suceder lo contrario de lo que ahora sucede: que aumente el empleo pero también el paro, por ello urge avanzar, de una vez por todas, con la reforma de las políticas activas de empleo. Aunque toda la sociedad desea ver un fuerte descenso del paro, lamentablemente todavía es pronto para ello.

Vicente Castelló Roselló es profesor de la Universidad Jaume I de Castellón.